Ata tu arado a una estrella: el lugar de las utopías

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Fernando Birri, el padre del cine documental, recorre una casa grande y vacía. Cierra puertas y ventanas. Traba todo y cierra la última puerta, la de entrada (o salida) arrastrando una valija.

Este documental de Carmen Guarini empieza en un lugar para salir enseguida de viaje. No sabemos adónde.

El lugar, el no-lugar, los viajes y la puesta en duda de la propia existencia más allá de lo físico son tratados a lo largo de toda la película; en especial, a través de las preguntas constantes de Birri sobre la utopía. Esa palabra que etimológicamente nos remite a un no-lugar o un lugar inexistente, así como también a los sueños o lo imaginado como perfecto o ideal. Desde que Tomás Moro que redactó su “Utopía” allá por el siglo XVI, hasta ahora, las utopías han sido excusa para debates maravillosos. Y este no es la excepción.

Guarini comienza haciendo “el documental del documental”. Sigue a Birri en 1999 a lo largo de su recorrido mientras filma Che: ¿muerte de la utopía? El documentalista recorre diferentes sitios haciendo preguntas acerca de la idea de utopía que cada unx tiene, así como sobre los sueños y su sentido en la realidad postcaída del muro de Berlín.

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Birri hace sus preguntas y Guarini las suyas, aunque al principio lo hagan en silencio. A medida que avanza la película, también lo hará el diálogo entre ambxs, ganando espacio la segunda sobre el primero. Sin embargo, Birri seguirá siendo el protagonista siempre. No puede evitarlo… está en todas partes. Ata tu arado… es un viaje que se transita por diferentes lugares, a pesar de hablar constantemente de ese no-lugar, esa utopía inasible pero presente de mil maneras. Las presencias también son dinámicas y contradictorias. Birri está detrás de su cámara y frente a la de Guarini. Luego está solo delante, más tarde no está… hablan de él como si ya no estuviera en este mundo… ¿o acaso está?

Birri habla sobre su muerte, planifica su funeral con corso y comparsas, con vino y asado. Años más tarde dirá que él ya no está presente. Está, pero no existe… “Hace cinco años que ya no existo más. No estoy acá. Cuando me voy a mi pieza, desaparezco y vuelvo a aparecer cuando Carmen golpea mi puerta”, explica en momentos en los que la existencia física pende de un hilo.

Hay un soliloquio permanente sobre la gran pregunta de la vida: la permanencia a pesar del paso del tiempo.

Los diálogos de lxs protagonistas nos invitan a pensar que, si existe una forma de persistir a pesar del tiempo y la presencia física en el mundo, es a través del cine. Este modo de reproducción fotomecánica, como él mismo dice, nos da la sensación de eternidad que queremos buscar cuando la muerte se acerca.

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Así todo, la directora no se cansa de seguirlo por todos lados o, al menos, seguir sus huellas por los infinitos lugares que habitó y que, en muchos casos, fundó. Él mismo se encargó de dejar su huella, enviando cajas con recuerdos, cintas de video, fotos y guiones sin terminar a modo de pequeños museos para que permanezcan no solo Birri, sino también los sueños que no pudo concretar… sus utopías.

El largo viaje de este documental construido durante muchos años es un juego de escondidas en diferentes lugares y entre distintas personas que se suman.

A pesar de hablar de las utopías y cuestionar las existencias, Birri viaja a Santos Lugares a encontrarse con su amigo Sábato. Ambos hablan de ese lugar en particular, del origen (inventado o no) de su nombre. Asimismo, Birri hará alusión a su propio lugar de origen, Rincón, en varias ocasiones. Al parecer, se puede vivir hablando de la inexistencia física y mudarse de lugar, pero no se puede borrar el lugar de procedencia.

Birri, por su parte, llena de vida una casa en la que se comparte asado y vino. La llena de recuerdos y de planes para un futuro en el que no estará. También llena aquellos espacios en los que no está más. Su trayectoria es tan prolífica que no puede evitar estar presente en muchos lugares a pesar de que su físico ya no lo acompañe.

El recorrido de Guarini deja en claro que el legado de Fernando Birri es inevitable y que, a pesar de la paradoja, las utopías viven en algún lugar… o en varios.

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