Thelma: Sé vos nomás y al mundo salvarás

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Una de las cuestiones fundamentales de la realización cinematográfica y la puesta en escena es el trabajo sobre los reveladores de información. Esto es básicamente cómo presentar cierta información fundamental para la trama del filme que debe ser comunicada al espectador de un modo eficiente pero a la vez armónico y natural.

Esto no es menor, muchas películas son fallidas porque articulan de un modo errático estos elementos. La forma de comunicarle al espectador ciertos detalles de forma clara pero que a la vez no sean burdos ni adelanten todo el desarrollo de la historia requiere de mucha habilidad para la escritura del guion como para su implementación en la puesta en escena.

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La narración cinematográfica siempre es acotada por una serie de tiempos o espacios. Esto hace necesario que haya información que debe ser comunicada al espectador sobre acontecimientos pasados, presentes o futuros que no son retratados en su totalidad. Se trata entonces de mostrar las piezas correctas para que el público pueda completar en su cabeza el rompecabezas. En Thelma, la última película de Joachim Trier, esta cuestión es fundamental.

Thelma (Eili Harboe) es una joven de unos veintipocos que va a la universidad en lo que pareciera ser Oslo, la capital de Noruega. El primer plano de la película, un homenaje hermoso a La Conversación de Coppola, nos presenta al personaje perdido entre la multitud. Ella intenta pasar desapercibida, no llamar mucho la atención, solo “estar” por ahí y que nadie la note demasiado.

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Desde el comienzo sabemos que hay algo raro con ella. No queda muy claro qué es pero el clima que se construye desde la puesta en escena nos hace sentir que algo no encaja donde debería. Al cabo de unos minutos comprendemos un poco mejor qué sucede. Thelma comienza a sufrir unos ataques de epilepsia, esto consterna un poco a sus padres, quienes adoptan una actitud más sobreprotectora que de costumbre.

De nuevo, sabemos que algo no anda bien. Desde la interpretación, el trabajo con el sonido, los encuadres y el montaje, Joachim Trier enciende una serie de alertas sobre la protagonista. Todos los carteles nos dicen “ojo, esta chica no es normal”. Los ataques de epilepsia continúan al tiempo que Thelma comienza a relacionarse y a enamorarse de una Anja (Kaya Wilkins), una compañera de facultad. Cada episodio que sufre la protagonista nos va develando algunas cosas de su pasado a modo de flashback, lo que aumenta un poco más esta idea de enrarecimiento. Definitivamente: Thelma no es normal.

Lo que podría ser una película de una adolescente con superpoderes se transforma aquí en una analogía del despertar sexual y el autoconocimiento. En la medida en que Thelma se acepta cómo es, logra superar sus traumas y asentarse como persona. La película se apoya en su punto de vista todo el tiempo para tratar de transmitir esa sensación del personaje.

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Trier se escuda en varios aspectos de la narración moderna. Por un lado, hay un fuerte trabajo sobre el extrañamiento y la construcción de un clima que se impone al simple relato de los acontecimientos. Algo de esto hablamos en el artículo sobre Super Dark Times, se trata de poner la puesta en escena al servicio de una idea que traspasa lo que acontece en los encuadres. Vemos que ocurre algo, pero la forma en la que ocurre sugiere y, en consecuencia, narra algo más.

En Thelma esta construcción climática, sumada al trabajo sobre los reveladores de información (principalmente flashbacks y detalles de interpretación en los personajes), es fundamental para generar una experiencia en la que el espectador va elaborando la historia junto con la protagonista, entendiendo con ella, a medida que avanzan los minutos de la película, qué es lo que ocurre y por qué.

En este sentido, retomando un poco una idea que esbozaba antes, lo interesante del trabajo de Joachim Trier es animarse a jugar con el género y utilizarlo al servicio de un drama intimista de autor sobre el despertar sexual de una joven y la aceptación de uno mismo como sujeto.

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Sobre el final de la película el director abraza el género al 100% y la película da un vuelco narrativo que es sorpresivo pero inevitable. La secuencia previa al final, el climax de Thelma con sus padres, recuerda las más célebres escenas de Let the Right One In o Goodnight Mommy.

En resumen, Thelma es una bocanada de aire fresco para las películas de personajes con habilidades extraordinarias y una muestra más de cómo el cine nórdico puede muchas veces entender mejor que nadie la utilización de los géneros y renovarlos al servicio de un cine de autor. Una lección de cine y narrativa audiovisual.

Disponible en Netflix desde hace unos días.

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