Reseña: Luke Cage II

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Al vasto universo Marvel en Netflix podemos englobarlo en un solo calificativo: desparejo. Así como tenemos una fabulosa primera temporada de Jessica Jones o de Daredevil, tenemos una flojísima presentación en sociedad de Iron Fist o… la segunda temporada de Luke Cage. Sí, voy adelantando que los trece capítulos que se estrenaron en junio de este año no me gustaron demasiado; aunque voy a intentar rescatar lo bueno de haberlos visto, no sin algún esfuerzo.

Es que, lo primero que hay que decir, los capítulos son muy largos, promedian la hora y se les ve el relleno argumental de manera obvia. Si es una serie de acción, si Luke (Mike Colter) es un personaje que básicamente pega y no siente dolor cuando le devuelven el golpe, ¿por qué no contar eso y listo? Hay un esfuerzo por crear una psicología compleja de la que carecen la mayoría de los personajes o exige la trama. Muchos momentos de tensión real son desaprovechados con diálogos sosos y demasiado literales que cuentan en vez de mostrar. Que un personaje diga “soy malo” no muestra ninguna maldad, y varios personajes, durante la primera parte de la temporada, sobre todo, e incluyendo al protagonista, se la pasan diciendo “soy esto”, “soy aquello” y nosotros pensamos “son un embole”. Ese tal vez es el principal problema de Luke Cage: la mayoría de las veces dice en vez de dejar ver, sobreexplica y, vamos, que tampoco hay mucho qué explicar.

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La historia de la segunda temporada se inserta, en la línea cronológica, después de The Defenders, serie que reúne a los cuatro protagonistas de este universo Marvel en Netflix y tiene sus momentos. Porque, como ya dije, lo desparejo de este universo nos da personajes con profundidad como Jessica Jones o Daredevil y personajes más superficiales como Iron Fist o el bueno de Luke; pero cuando están juntos estos últimos sacan cierta ventaja de la interacción. Con decir que uno de los momentos más entretenidos de esta segunda temporada es cuando Luke recibe una mano de Danny Rand. La unión hace la fuerza, o al menos aporta algo que nos saque del círculo eterno de la serie “debo proteger Harlem”, donde a simple vista no hallamos demasiado conflicto. Luego de la aventura que vivieron los cuatro héroes en The Defenders, nos reencontramos con los personajes de la primera temporada de Luke Cage que han sufrido cambios: Misty Knight (Simone Missick) ha perdido un brazo, Claire Temple (Rosario Dawson, completamente desaprovechada) siente que Luke se está poniendo un poco oscuro y decide alejarse, la políticamente correcta Mariah Dillard (Alfre Woodard) ya es una consolidada jefa de la mafia y Luke se ha convertido en un influencer gracias a la viralización de sus hazañas.

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Los primeros capítulos avanzan penosamente y tratan de presentarnos, de manera bastante torpe, a los nuevos personajes, las novedades de la temporada. Tenemos a John Bushmaster McIver (Mustafa Shakir) y a Tilda Johnson (Gabrielle Dennis), el primero aparece como un antagonista a la altura de Luke –parece poder recibir cualquier golpe sin salir herido–, la segunda es la hija de Mariah y va colaborar con la construcción de su pasado, oscurísimo, que hará interesante su presente. Regresa Hernán Shades Álvarez (Theo Rossi), acompañado por su fiel amigo y también ex presidiario Comanche (Thomas Q. Jones), en una de las subtramas que más se agradecen. En la primera temporada hemos sufrido dos pérdidas que vamos a lamentar varias veces, el corrupto Scarfe (Frank Whaley) y el genial Cottonmouth (encarnado por el impecable Mahershala Ali).

En los primeros capítulos, pasando la mitad incluso, podemos decir que no sucede demasiado. Mariah se vuelve cada vez más mafiosa. Bushmaster desafía en público a Luke y revela su verdadero fin, matar a Mariah por una disputa familiar del pasado mientras ella decide acercarse a su hija para recuperar su imagen pública; el padre de Luke se acerca a él primero enojado, luego conciliador (en un buen ejemplo de idas y vueltas inanes, aunque esta relación gana porque será la última vez que veamos en pantalla a Reg E. Cathey, quien falleció en febrero de este año). Shades y Mariah parecen estar muy enamorados. Claire se aleja porque se da cuenta de que no puede vivir con alguien con las características de Luke (¿no se había dado cuenta con Daredevil ya?). Ah, y Misty tiene un brazo mecánico nuevo, cortesía de Danny Rand (Finn Jones), con el que puede golpear sobrenaturalmente a sus enemigos. Todo eso se cuenta con la liviandad con la que lo acabo de enumerar, pero durante muchas horas. Pocas escenas de peleas memorables, pero, y empezamos a decir lo que sí, momentos excelentemente musicalizados. La perla de que Mariah sea la dueña del club Harlem´s Paradise permite capítulo a capítulo disfrutar de buena música y performances que simulan un “vivo” muy entretenidas. Pero imaginen si quienes van a ver a Luke, el hombre invencible, pueden conformarse con escuchar buena música.

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Por suerte, la trama se termina complejizando y poniendo un poco más picante hacia el final. Si bien la decisión de la temporada 1 de acabar con Cottonmouth, Cornell Stokes, un villano de antología, de esos que queremos ver todo el tiempo en escena, me pareció de lo más desafortunada, con el correr de los capítulos Mariah y Bushmaster se van ganando el corazón de quienes gustamos de los malos. A fuerza de conflictos internos, de pasados familiares turbulentos, de debilidades más que humanas, hasta de cuestiones de género, estos dos villanos entretienen y nos hacen sentir que valió la pena llegar hasta ese momento de la serie. Igual, para mí, la perla total en este aspecto, es el personaje de Shades y la profundidad que cobra no tanto por su pasado sino por su presente conflictuado. Es la gran sorpresa, creo que nadie esperaba de Hernán Álvarez, ese asesino frío que nunca se sacaba los lentes oscuros, la contradicción interna que experimenta al descubrir que su ex amante está traicionando a su actual amante. Lo dejo ahí, no quiero hacer spoiler, pero la decisión de Hernán lo enaltece como personaje y le da una textura inesperada. Las actuaciones de los tres están muy bien (aunque el que más esfuerzo debe hacer, claramente, es Mustafa Shakir con su Bushmaster, que al principio resulta bastante caricaturesco).

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Lo que aportan estos dos villanos, Mariah y Bushmaster, enfrentados con Luke y enfrentados entre sí también me parece de lo más interesante de esta segunda temporada: encarnan la lucha por el poder negro de Harlem, revelando grietas y fisuras hacia dentro de la comunidad que dan valor a la historia. Los jamaiquinos versus los nacidos en Harlem que pelean por lo que creen que es de propio derecho, herencia de sangre, dolor y fuego. Ambos quieren lo mejor para Harlem y su gente, ambos creen ser la mejor opción, ambos están dispuestos a arrasar con la ciudad y su gente para darles lo mejor. Esas contradicciones sí son disfrutables y no son problemas del guion, o contradicciones superficiales, falsas, como los supuestos conflictos morales de Luke o de Misty, personajes que, para mi gusto, se van desdibujando cada vez más. Entonces, con el correr de los capítulos, gracias a los malos que fueron construyéndose con un montón de esfuerzo, comienza una escalada de violencia y acción que entretiene y no decepciona. Escenas muy fuertes, de venganza, traición y confesiones, sangrientas y dolorosas, nos llevan de la mano al final de la temporada y terminamos, incluso, pensando que veremos la tercera si esto sigue así. Aunque, y me esfuerzo de vuelta por no hacer spoiler, no nos deja demasiado de estos personajes que sostienen la temporada y justifican el aburrimiento que sufrimos durante gran parte de la serie. Veremos qué se propone para el mundo de los villanos, porque si vemos Luke Cage está claro que queremos un buen golpe, pero no de esos que duermen, sino de esos que sacuden.

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