Isla de perros: Wes Anderson en estado puro

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Hay directores que tienen un estilo único y uno de ellos es sin duda Wes Anderson. Seguramente habrás visto alguna vez vídeos en Internet que imitan el estilo tan particular del americano. Y es que a lo largo de su filmografía hay varios elementos que se han ido repitiendo una y otra vez. Es por eso que a la hora de analizar en profundidad su última película, Isle of Dogs, me parece interesante repasar también estos apartados.

Isle of Dogs se estrenó este año en el Festival de Berlín y, a pesar de no haber tenido una gran repercusión, me parece de las mejores películas de su filmografía.

La historia transcurre 20 años en el futuro en la ciudad ficticia de Megasaki. Después del brote de gripe canina que ha afectado a los perros de la población, el alcalde toma la decisión de mandarlos a todos a una isla inhabitada y el primero en acudir será su propio perro. Un tiempo después, un joven de 12 años visita la isla con la misión de encontrar y rescatar a su mascota.

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Un elemento que llama la atención es el inicio, en el que se especifica que toda la parte de humanos que hablan en japonés no se doblará y que solamente se escucharán algunas partes en inglés cuando hablen personajes que sean traductores/estudiantes americanos o cuando aparezca el telenoticias en inglés. En cambio, los ladridos de perros sí que se han traducido al inglés. Esta decisión, además de darle realismo (siempre me ha parecido absurdo que personas de países de habla no inglesa hablen en inglés entre ellos), lo que hace es que nos metamos en el punto de vista de los animales. Nosotros somos los perros, los “extraños” son los humanos. Y de igual manera, refleja esa falta de comunicación real que hay muchas veces entre personas y canes por no hablar la misma lengua.

Este uso del lenguaje me parece de lo más interesante e innovador por parte de Wes Anderson, pues es uno de los puntos diferenciales respecto a Fantastic Mr. Fox. Sin embargo, si hay que ponerle un pero a la cinta, es que esa decisión, junto a las múltiples subtramas y detalles que aparecen en pantalla, hace que en ocasiones sea un poco difícil de seguir del todo. Pero, en verdad, lo que hace es que tengas ganas de verla una segunda vez para poder captar todo lo que puedes perderte en el primer visionado.

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La cultura japonesa está presente en todo momento. Estéticamente me parece una maravilla y, según palabras del propio director, se inspiró principalmente en Akira Kurosawa y Hayao Miyazaki. Pero además, a nivel de guion está bastante cuidado y seguramente el trabajo de Kunichi Nomura, uno de los co-guionistas de esta película que ya trabajó con Sofia Coppola en Lost in Translation, ha hecho que Anderson esté más tranquilo a la hora de intentar no ofender a los japoneses.

Acerca del guion me parece también destacable mencionar que se trata de una de las obras más maduras del director. Él siempre ha tenido capas de drama y oscuridad, escondidas dentro de su particular humor, pero en esta ocasión ha ido más allá tratando temas muy político-sociales como el nazismo, el racismo, la corrupción o las fake news. Incluso algunos se han atrevido a apuntar que se trata de una película que refleja la América actual pero eso es algo que prefiero dejar a opinión de cada espectador.

Nuevamente me gustaría resaltar algo que he ido viendo en la filmografía del realizador, y es lo bien definida que están la personalidades de los personajes. En este caso hay muchos, por lo tanto es solo en los principales en los que vemos claramente esa elaboración. Pero eso no quita que sea sorprendente cómo ha sabido aportarles gran personalidad y desarrollo a pesar de los minutos de metraje que posee para ello.

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Al director siempre le ha gustado estructurar sus películas por capítulos, como si de un cuento o una fábula se tratara, y aquí no es una excepción. Además, narrativamente es muy rica ya que incluye flashbacks, explicaciones a través de telenoticias, a través de comentaristas, etc. Todo ello acompañado con diferentes planos/encuadres cinematográficos que no solemos ver mucho en el cine de animación como es pantalla partida, picado-contrapicado, dentro de un casco de piloto, plano detalle, muchísima simetría, etc.

En cuanto a la animación, hay que mencionar que la película, al igual que Fantastic Mr. Fox, está realizada con un elaboradísimo stop motion que, ya de por sí lleva muchos años, pero que teniendo en cuenta la cantidad de detalles que le gusta añadir al director, hace de esta técnica un trabajo todavía más difícil. Es impresionante ver por ejemplo el pelaje de los animales moverse con el viento.

Sin duda, otro de los elementos más característicos de su estilo es el uso del color. En sus películas pocas veces utiliza colores básicos (azul, rojo…), sino que opta por tonalidades muy concretas (celeste, ocre, salmón…). Especialmente trabaja con paletas de pastel. Pero es que además cada film tiene su propia gama: en The Royal Tenenbaums la gama de marrones, en Fantastic Mr. Fox de naranjas, en Moonrise Kingdom de amarillo, en The Grand Budapest Hotel de rosado y en Isla de perros de grises.

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Evidentemente, también es importante destacar el trabajo vocal de los actores. Los perros tienen las voces de Bryan Cranston, Edward Norton, Bill Murray, Jeff Goldblum, Scarlett Johansson y Bob Balaban, entre otros. Y para los humanos se ha optado por Frances McDormand, Yoko Ono, Akira Ito, Koyu Rankin o Kunichi Nomura.

También hay otros elementos que vimos ya en anteriores trabajos, como las bandas sonoras con canciones famosas de los años 60 y 70. En el caso de la película que nos ocupa, el tema principal es ‘I Won’t Hurt You’, de The West Coast Pop Art Experimental Band (1966). Pero en esta ocasión Alexandre Desplat ha incluido también temas originales con una clara influencia japonesa.

Podría escribir varias páginas sobre su estilo personal pero eso sería mejor para otro post. En resumen, Isla de perros es una de las mejores películas de Wes Anderson y sin duda me gustaría ver más cintas suyas en stop motion. Visualmente, es tan espectacular que cada fotograma te sorprende y la elección de ambientar todo en Japón ha sido una gran idea. Una vez más el diseño de producción, junto a la dirección de arte, la fotografía y la banda sonora, hace que se cree un micro mundo de lo más especial. Pero no solo brilla en el exterior pues a nivel de contenido es también muy destacable y el guion es de los más maduros que ha co-escrito. Y si no se trata de una película de 10 es porque es difícil de seguir en algún momento debido a todos los elementos que tiene y porque le falta un punto de emoción al final. Pequeños detalles que no estropean una grandísima película que tenés que ver.

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