Reseña: La trêve (La tregua)

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Sin Spoilers

Nada más lindo que autocitarse. En mi artículo sobre El bosque (La forêt), recientemente publicado, esbocé una nueva y revolucionaria (?) teoría sobre los policiales, que todavía no tuvo la repercusión a la que está destinada, que es a dinamitar los conceptos que tenemos sobre el género y fundar unos nuevos. “El policial según Castaño”, una suerte de nuevo evangelio de sangre y balas.

En ese texto, expuse que los policiales, usualmente, siguen uno o varios de los siguientes lineamientos:

  • De jefe nuevo (La forêt / Hinterland)
  • De genio incomprendido y trasladado (Sorjonen / Broadchurch / True Detective 1 / Trapped / The Fall).
  • Del retorno al pueblo (La trêve / Sharp Objects / Top of The Lake / Justified).
  • De asesino que retorna (Happy Valley / Glacé).
  • De bardo en la taquería (Luther / Line of Duty / Prime Suspect 1).
  • De mal condenado (La Mantis / The killing / The Night Of).
  • De mente engañosa (River / Marcella / Hannibal)

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La trêve, policial de diez capítulos que puede verse por Netflix, pertenece simultáneamente a las categorías “Retorno al pueblo” y “Mente engañosa”. Tenemos aquí al inspector de la policía belga Yoann Peeters (Yoann Blanc), que luego de la muerte de su mujer, vuelve Heiderfeld, el pueblo de Bégica junto al bosque de la región de Ardennes (tal como en La forêt, que sucede en la parte francesa), en el cual vivió de adolescente, junto a su hija también adolescente Camille (Sophie Breyer).

Ni bien se está mudando, un apacible domingo, va a buscarlo a su casa el inspector junior del pueblo, Sebastian Drummer (Guillaume Kerbush). En la costa del río apareció el cuerpo de Driss Assani (Jéremy Zagba), inmigrante africano y jugador de fútbol del club local, que pertenece a la liga de ascenso.

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Todo esto es contado a través de un racconto, un relato que el propio Yoann le brinda en un hospital a una suerte de psiquiatra e investigadora sin nombre, interpretada por Jasmina Douieb. Algo pasó en esa investigación, ya que en una suerte de flashforward podemos ver a Yoann que vaga por el bosque, ensangrentado. Y para más profundidad, algo pasó en el pasado de este investigador, que es reiterado hasta el hartazgo. Carga con un procedimiento desastroso, llamado “Operación Berger”, en el cual perdieron la vida varios compañeros y que podría ser una motivación para su exilio en el pueblo.

Empezada la pesquiza, Yoann tendrá que vérselas con el jefe de la Policía del pueblo, Rudy Geeraerts (Jean-Henri Compére), quien está decidido a desestimar el asunto, en base a la investigación preliminar, que rápidamente apunta al desquiciado del pueblo, apodado “el indio”, quien vive en un tráiler en el bosque. Y, por supuesto, Yoann desestima al principal sospechoso.

Hasta aquí un policial normal. Pero no lo es. La trêve construye capítulo tras capítulo una suerte de fresco social de la Europa interior. Tenemos a la alcaldesa del pueblo, embarcada en la construcción de una represa para lo que debe expropiar a varios vecinos. Tenemos al DT y al ayudante de campo del club de fútbol, con negocios turbios y actitudes aún más turbias. Hace su aparición el casero sospechoso, el hijo del diplomático descarriado, la profesora intrigante, unos símbolos cuasi satánicos, la mafia yugoslava y la “pata china” del asunto. Esto, estimados lectorxs, es un asunto enrevesado.

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La razón del auténtico revuelto gramajo de este policial es que, como usualmente pasa en el género, se usa el marco para hablar de otra cosa. El policial, como la ciencia ficción, son vehículos eficaces para abordar otros asuntos. Y el tema aquí es el destino de los jóvenes inmigrantes africanos que parten a la Europa rica en busca de un futuro promisorio, y se encuentran con una sociedad solo ordenada en apariencia, pero corrupta, resentida, decadente y, para peor, con un mundo joven que vive en lo que Pink Floyd describió hace más de 45 años como “hanging on in quiet desperation”, (suspendido, esperando, en una desesperación silenciosa).

La sociedad europea, lo cuentan casi todos sus autores policiales, está infectada por el virus del nacional socialismo. Es decir, son lisa y llanamente nazis, adoradores del Führer. Viejos añorando un pasado (horroroso) y jóvenes con la energía para recrearlo. Lo escribieron Mankell y Stieg Larsson. Hicieron uso de las instalaciones John Connolly y Jo Nesbo. Prácticamente, todos los escritores de policiales europeos de los últimos 25 años tocaron el tema de la inmigración en Europa y el nazismo de la sociedad, como un virus que se mantuvo latente por décadas. Esto no necesariamente quiere decir que el crimen cometido sea efectivamente un crimen de odio, pero es un ingrediente en el contexto que no es soslayado jamás.

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La trêve, les decía, no está motivada por el gusto al género mismo, sino más bien por contarnos un cuento moral, aunque no aleccionador. En ese ímpetu es que pierde su norte. Los giros en la trama están motivados por la moraleja y no por la lógica interna del policial. A tal punto que no quedan del todo claras las circunstancias de su resolución.

No obstante esto, el viaje, su segundo acto digamos, desde el capítulo 3 hasta el 9, son disfrutables sobremanera.

Los policiales europeos son cómodos y clásicos, como unas pantuflas gastadas y esa manta que ayuda en este invierno, plagados de bosques siniestros, quince culpables y un asesino.

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