Peaky Blinders

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Ya confirmada para una quinta temporada, Peaky Blinders ha sabido ganarse una buena legión de fanáticos. Y es que dicen que los ojazos de Cillian Murphy están hechizados para hipnotizar y que el espectador no se despegue de la pantalla en ningún momento. Lo cierto es que tanto no sé; pero he aquí una pequeña reseña sobre una serie que, si bien ha tenido tropezones, nunca ha caído.

Estamos en Birmingham, en 1920. La Primera Guerra Mundial terminó y el mundo de los Peaky Blinders es un lugar de muchos matices: comunistas, terroristas del IRA, y una fuerza policial que cambia con la llegada del aparentemente incorruptible inspector jefe Chester Campbell (Sam Neill). La familia dirige un negocio de apuestas hípicas y la cabeza de todo es Thomas Shelby (Cillian Murphy). A su lado estarán sus hermanos Arthur (Paul Anderson) y John (Joe Cole), su hermana Ada Shelby (Sophie Rundle), su tía Polly (Helen McCrory), y su tío Charlie Strong (Ned Dennehy).

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La premisa vital, lo que hace mover los engranajes, será el poder. El poder controlar, el poder matar, el poder tener todo aquello que a Thomas Shelby se le ha negado por su condición de gitano y pobre. El personaje de Murphy guiará la serie con una trama conocida pero no por ello repetida. Sus intenciones siempre serán claras: llegar a lo más alto de la escala social, y en concordancia, política. Y si con eso debe morir gente, serán bajas aceptables.

Lo primero que impacta de esta serie es la producción. Hay un trabajo de arte que se empeña en recrear una Inglaterra de los años 20 con sumo detalle. Y si bien nunca he visto la Inglaterra de los años 20, puedo decir que apoyada con una fotografía sobresaliente (vemos su mejor versión en la primera temporada al mando de George Steel), una paleta de colores que se divide entre un gris industrial sucio y un naranja tan fuerte como la voluntad de los peaky, logra una ambientación más que saludable para apoyar la trama.

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Otra pata de la mesa es la música. Nick Cave & the Bad Seeds, Tom Waits, los Arctic Monkeys, The White Stripes, Johnny Cash, PJ Harvey. Voces oscuras y tonos rasposos acompañados de guitarras eléctricas fuertes. La música del siglo XX no desentona nunca con el clima de época, porque Steven Knight sabe que los Shelby son cool, y vamos a verlos hasta el paroxismo con ralentis rockeros para mostrar lo malos y pesados que son. Particularmente, me parece que llega un punto en la tercera y mucho más en la cuarta temporada, en que este recurso es el pase seguro a un 10 que tal vez está para el retiro.

Como en toda serie de esta magnitud haremos un viaje y viviremos un camino junto a muchos personajes. Los más irregulares serán las mujeres, siendo el caso más destacable el de la hermosa Grace Burgess/Shelby, que pasará sin escalas de agente y espía a ama de casa perdida y somnolienta. En el caso de Polly, su conflicto de madre es mucho más interesante que el de líder de una banda criminal. Y para Ada Shelby no queda más que ser una comunista arrepentida, símbolo del cambio estructural y político de su familia a lo largo de las distintas temporadas.

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Thomas Shelby, incluso en su desdicha más miserable, no tiene otra cosa que el poder y la ambición de ser alguien. En la cuarta temporada veremos que no hay un claro porqué en sus actitudes. Todo lo que sabemos ya lo vimos antes; y ahora, a pesar de que no tiene más que un título nobiliario y un hijo al que no le da mucha bola, tenemos que creer que en su pasividad e inexpresión hay una búsqueda más profunda. Al menos, creo que eso nos quiere entregar la última temporada, que no le llega ni cerca a lo que fueron la primera y la segunda.

Sin embargo, los Shelby siguen encandilando, porque no hacen más que ganar adeptos y fanáticos en su camino. Esa Inglaterra lodosa y sucia llama, encanta, y por suerte los peaky nunca abandonan los bajos fondos, nunca dejan de ensuciarse las manos por más champagne caro que puedan pagarse. Debo recomendarla, es mi deber, porque son apenas seis capítulos por temporada y el elenco es tan irreverente e intenso como la banda sonora y la estética que lo acompañan.

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