Reseña: The Vietnam War

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Es fácil pasar por alto The Vietnam War. En principio, hay mucha oferta, y un documental histórico, de 10 capítulos y casi 17 horas de duración, no parece la propuesta más atractiva, salvo para apasionados por el género. Pero sería un error. The Vietnam War es la última y excepcional obra de Ken Burns, uno de los más grandes documentalistas de Estados Unidos, codirigido con Lynn Novick, con quien trabaja desde el épico The Civil War de 1990. Veamos de qué estamos hablando.

Considerado el maestro moderno en el uso de material de archivo, Burns desarrolló una prolífica carrera con su compañía productora Florentine Films. Sus documentales son usualmente emitidos por PBS, la TV pública de Estados Unidos. Los títulos más notables son el mencionado The Civil War (1990), Baseball (1994), Jazz (2001), The War (2007) y The Dust Bowl (2012), entre muchas otras. Sus films y miniseries atraviesan lo que temáticamente se denomina “the american experience”, es decir, sobre el devenir en el planeta Tierra de los amigos del Norte, su huella cultural e historia viva.

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Su estilo visual se favorece, en parte, por técnicas que tienen décadas, pero que en el contexto actual parecen incluso frescas. A partir de una foto, y mediante la utilización de un lento zoom in o el movimiento lateral de un lado a otro, las imágenes cobran vida. Estas técnicas están tan asociadas con su obra que en el software de edición Final Cut, el plug in para efectuarlas fácilmente se llama “The Ken Burns Effect”. Antiguamente, cuando las fotos se filmaban, la técnica se llevaba a cabo con un aparato llamado Cámara Rostrum, que consistía en una plataforma móvil, donde se posaba el dibujo o la foto, y una columna vertical para montar la cámara. El aparato podía sincronizarse para filmar cuadro a cuadro con correspondencia en el movimiento de la plataforma, lo que permitía múltiples exposiciones.

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The Vietnam War es monumental. Lejos de quedarse en la simplificación histórica, el relato comienza en 1868, con la ocupación francesa y se desarrolla a través de 5 presidencias de Estados Unidos, dos regímenes de Vietnam del Norte y los incontables cambios de mando de Vietnam del Sur.

Aunque cada capítulo puede tomarse como un film sobre un período histórico específico (ej. capítulo 3 “The Styx River”, enero del 64 a diciembre del 65), la miniserie está atravesada por las experiencias de los combatientes de todos los bandos. Es así como tenemos los testimonios de primera mano no solo de marines y soldados de Estados Unidos, sino también de veteranos del Ejército de Vietnam del Norte, combatientes del Vietcong y soldados de Vietnam del Sur, así como de sus familiares. Algunos combatientes coincidieron en batallas particulares en bandos opuestos. Un hallazgo sin lugar a dudas.

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Notablemente, los testimonios van del necesario y esperable aporte sobre la dimensión humana de la guerra, pasando por la vida en los túneles del Vietcong, hasta el análisis político de algunos veteranos norteamericanos que llegaron a posiciones jerárquicas en años subsiguientes y siguen preguntándose qué diablos fueron a hacer a Vietnam. No solo reafirman que fue un error desde todo punto de vista: dan dimensión a la estupidez y la locura de pelear esa guerra.

The Vietnam War se mete de lleno en la interna de las decisiones estratégicas que llevaron a una guerra sangrienta de más de diez mil días, matizada por una línea temática en particular que es la influencia de la guerra en la política americana, y una línea secundaria que son las relaciones del régimen norvietnamita con la Unión Soviética y China en la época, aunque de estos participantes no se nos muestra demasiado, como es usual.

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La serie cuenta con una banda de sonido soberbia, que va desde The Beatles y Led Zeppelin, pasando por Wilson Pickett y Howlinʹ Wolf. La música original no se queda atrás, ya que fue compuesta por Trent Reznor y Atticus Ross.

El presupuesto de la serie es histórico también, ya que ascendió a 30 millones de dólares, cifra sin precedentes para un documental y mucho menos para uno a emitirse en una cadena pública. El resultado es inmejorable: estamos ante la obra de un maestro en el pináculo de su carrera.

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