Reseña: GLOW SEASON II

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Si la primera temporada de GLOW es sobre las representaciones de las mujeres (y de las mujeres de color) en los medios, la segunda temporada es sobre qué hacer con esas representaciones. En la primera temporada se habla mucho y muy claramente sobre el tema troncal de la serie, los estereotipos, haciendo un paralelismo entre el wrestling y la forma de la serie, haciendo guiños constantes hacia lo meta, hacia los personajes en la serie misma. El contraste entre los roles en el ring y los roles en la vida genera esa tensión constante entre las representaciones y las personas humanas e individuales que se encarnan, siendo las cosas doblemente graves cuando empezamos a ver las intersecciones del racismo con el machismo, como es el caso de Arthie, cuyo personaje, Beirut, es presentado como una terrorista violenta que odia EE. UU. y recibe ataques violentos por parte de la audiencia. Arthie trata de cambiar su personaje, trata de convertirse en Phoenix y renacer de las cenizas de una representación racista y horrible.

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La idea de Ruth de hacer title cards para GLOW la muestra como una mujer con talento, iniciativa, y que puede ocupar perfectamente un rol de directora, mientras que Sam queda relegado por su propio desgano. Debbie, aferrándose a cualquier gramo de poder que pueda encontrar, consigue un rol de productora, y se lo toma mucho más en serio que Sam y Bash, que constantemente buscan relegarla al lugar de actriz bonita (hasta el momento en que ella y Bash efectivamente trabajan juntos para tratar de buscar canales interesados en el show). Carmen, viniendo de una familia de luchadores, coordina las peleas, arma las coreografías, básicamente se encarga de todo lo que pasa en el ring, junto con Cherry, que entrena día a día a las chicas. Carmen incluso iba a terminar ganando la corona, pero termina obteniéndola Ruth. Carmen trabajó toda la temporada entrenando, estudiando, ganándose la corona, pero la capacidad de Ruth es aparentemente más importante. Todas ellas pelean por su lugar con una seriedad, un profesionalismo, y trabajando de una manera que no es requerida en sus contrapartes masculinos y esto es doble para las mujeres de color. Buscan ocupar lugares que son tradicionalmente masculinos (desde ya el punto de partida, el wrestling, es un claro ejemplo de esto) donde se les exige más que a los hombres y se les reconoce mucho menos.

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Qué somos si no somos madres

Debbie constantemente trata de separarse de otras mujeres. Trata de separarse, así, de su rol de madre y más importante de sólo madre. Uno de los vínculos más importantes que desarrolla en la temporada es con Tammé, su previa enemiga en el ring. Las dos reinas son, también, dos madres. Tammé tiene un hijo adulto que va a la universidad, mientras que Debbie tiene un bebé. Pero a ninguna de las dos las define su rol de madres en la vida. Las encuentra, ayuda a que se conecten, pero son personajes con muchas más facetas. Hasta el momento que, dentro de la historia de las luchadoras, secuestran a la hija de su personaje Liberty Belle. Dentro de ese universo, todo lo que ella es se reduce a ser madre. Bash, incluso, lo dice mientras anuncia en una pelea: “Parece que nada puede meterse entre una mujer y lo único que le da sentido a su vida, su hija”. Y eso la lleva a enloquecer (eso y bastante cocaína y haber visto a su ex con otra mujer) y terminar por romperle la pierna a Ruth. La única manera que encuentra de redirigir su ira es hacia otras mujeres. La serie juega con la hermandad y el caos varias veces, mostrando a todas ellas peleando y apoyándose constantemente. Es un poco la formación de una manada, y eso es lo que termina por faltar en GLOW, centrarse más en los vínculos entre ese grupo de mujeres tan diferentes pero que pueden conectarse en la experiencia.

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Las mujeres de color pelean contra los estereotipos.

Las mujeres blancas también están atadas a estereotipos, pero no de la misma manera que las mujeres de color. Las mujeres blancas tienen un abanico de opciones (aunque por supuesto, horrible y limitado) pero las mujeres de color están completamente determinadas por el color de su piel, por “lo que todo el mundo ve”, como dice Bash en la primera temporada.

GLOW sigue un poco la tendencia de series como Orange is the New Black y tal vez peca un poco de aquello que critica. Porque definitivamente nos muestran las formas de racismo que sufren las mujeres de color en los 80 en California (formas que son perfectamente vigentes hoy, y eso es otro de los aciertos de la serie). Pero al mismo tiempo se le da muchísimo protagonismo a Ruth, cuyo rol activo está limitado al primer capítulo.

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Toda la temporada vemos la evolución de la extraña relación entre Sam y Ruth, que no termina de estar definida, que intenta construir una tensión que no llega a ser. Y también la relación de Ruth con el camarógrafo, que también es un ir y venir constante propio de sitcoms de los 90. En cambio la relación (casi relación, porque al no estar desarrollada no llega a serlo) entre Arthie y Yolanda está limitada a un beso y una escena donde se dicen cosas lindas y deciden seguir viviendo juntas. Arthie (de quien jamás se habló de su sexualidad pero todo apuntaba a que era heterosexual) de repente se encuentra confundida por sus sentimientos hacia Yolanda y termina por besarla en el medio del ring! Pero eso está relegado a un segundo plano, apenas unos minutos al final de la serie, mientras que tenemos que mirar diálogos cliché entre Ruth y Sam, entre Ruth y Russell, repetidos casi hasta el cansancio.

Debbie le dice a Ruth en el primer capítulo: “No eres el centro de la historia”. Aparentemente esto no era cierto. Pero el problema de la centralidad de Ruth es que ella pierde cualquier tipo de motivación o de construcción de personaje. No tiene deseos, ni miedos, ni nada más allá de un triángulo amoroso que tampoco se desarrolla del todo.

Tal vez el error de GLOW es tener demasiados personajes y no enfocarse mucho en uno u otro. Tal vez es pensar que decir las cosas en diálogo es lo mismo que trabajar en la forma del producto. De cualquier manera, la serie sigue siendo una de las mejores cosas que salió en el último tiempo, en mi opinión, con actuaciones increíbles, personajes tridimensionales, y más allá de las críticas, representativa.

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