Amores frágiles: Una comedia alla New York

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A principios de la década del 50 directores de la talla de Luigi Comencini, Mario Monicelli o Pietro Germi, en colaboración con actores que luego fueron emblemáticos en el género, tales como Marcello Mastroianni, Ugo Tognazzi,, Nino Manfredi, Sofia Loren o Alberto Sordi, crearon un producto cinematográfico tan italiano como la pasta asciutta: la Commedia all’italiana, un estilo y una estética sumamente crítica, una sátira de costumbres de la actualidad que exaltaba el fracaso a través de distintos aspectos de la realidad. Eran comedias desopilantes que echaban mano a la exageración y a veces al grotesco. El cine italiano prosiguió produciendo comedias pero abandonó la mirada crítica y el enfoque sobre la realidad social. Tal vez porque la sociedad italiana cambió al salir de la posguerra, tal vez por la influencia del cine norteamericano dominante en el mundo.

Amores frágiles (Amori che non sanno stare al mondo) es un ejemplo de la comedia italiana actual, un “género” que más bien parece “commedia alla Hollywood”, con secuencias y final previsibles. Es una comedia sentimental que intenta poner en primer plano la cuestión de género.

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Ella (Claudia) es una profesora universitaria que convivió con su pareja durante muchos años y que de repente se encuentra abandonada. No acepta ni soporta dicha situación, insiste hasta la exasperación. Afirma: “antes de volver contigo, me suicido. Esta es una declaración de amor”. El amor o tal vez su contrapartida, la soledad, se convierte en una obsesión que la lleva a encarar acciones impensadas.

Él (Flavio) también pertenece al mundo universitario. Es un hombre maduro que está apurado por terminar con esa relación y comenzar con otra vida. Por supuesto la posibilidad de reinventar el mundo con alguna jovencita agraciada se le presenta a la vuelta de la esquina. El ambiente de la intelectualidad universitaria, la puesta en primer plano del papel de la femineidad y la relación hombre maduro-niña jovencita parece un guiño al Woody Allen de Manhattan, pero solo lo parece.

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Como de costumbre el título no es una traducción del original sino otro rótulo que alguien que no es el creador del film le adjudica. El título original es Amori che non sanno stare al mondo que bien puede traducirse como “Amores que no saben (o tal vez no pueden) estar en el mundo” y aluden claramente a la imposibilidad de sostener una relación madura. Mal podrán ser frágiles aquellos amores que ya no lo son.

El guion hace que la historia se sostenga en cuanto a la tensión entre los integrantes de la pareja pero resulta poco creíble en las relaciones de ambos con otras personas. Seguramente, necesidades de tipo comercial llevaron a la producción a la inclusión de escenas de sexo casi explícito que no resultan coherentes con el tono del film, por lo que sobran.

Francesca Comencini es una directora experimentada, con más de una docena de realizaciones en su haber. Su película Le parole di mio padre fue presentada en el Festival de Cine de Cannes de 2001. En 2012, su película Un giorno speciale fue seleccionada para competir por el León de Oro en el Festival Internacional de Cine de Venecia. Francesca es hija de Luigi Comencini, casualmente director de Pane amore e fantasia (1953), unos de los “padres” de la Commedia all’italiana, claro, hace más de 70 años…

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