Spinal Tap: El absurdo del rock

Uno de los aspectos más ricos que tiene el humor es su posibilidad de hacer una crítica social, y cuanto mejor se desarrolla esta crítica, mejor suele ser el producto final. Un gran ejemplo es el de Esto es Spinal Tap, un mockumentary o falso documental dirigido y coescrito por Rob Reiner (quien luego haría Misery, Stand by Me y Cuando Harry conoció a Sally). La película critica el mundo del rock de los 70 y 80, donde muchas de sus observaciones continúan siendo tan vigentes al día de hoy como lo eran cuando la cinta fue estrenada hace más de 30 años.

La historia presenta en clave humorística el lanzamiento del nuevo disco y la gira de una banda semi-ficticia llamada “Spinal Tap”. Este conjunto musical no existe como tal en la vida real, o al menos no existía antes de esta película, sino que de hecho fue formalizado para este film, partiendo de una idea salida de un sketch. Y no es casualidad que el estilo musical elegido para la banda haya sido el del rock pesado y el metal, ya que estos géneros se asociaban en esa época con excesos y costumbres que muchos consideraban extremos e insanos.

No solo es una buena comedia porque está repleta de grandes chistes y guiños, sino porque a través de ellos y su exageración, hace una deconstrucción de varios elementos que recurrentemente forman parte del rock y del metal en la vida real, a la vez que deja en evidencia lo ridículos que a veces pueden verse estos mundos tras bambalinas.

Más allá de pequeños gags que al pasar rozan temas como la impuntualidad de las bandas para salir al escenario o la particular estética que los músicos adoptan a veces en sus shows (bigotes de Lemmy incluidos), hay varios pequeños detalles a los que se les da más lugar en la película, como la falta de creatividad al elegir los nombres para una banda (cosa que varias agrupaciones han tenido que cambiar por cuestiones legales), presentando una clara ironía en la poca originalidad de que más de un grupo decida llamarse “Los originales”.

La película también parodia la estética de los videoclips característicos de los 60 y 70, con tarimas, el look hippie de la época y efectos ópticos que se ven más curiosos que bellos. Así como también las letras de las canciones, que por aquellos tiempos comúnmente hablaban de forma cursi sobre el amor. Pero en Spinal Tap, cuando deciden parodiar esa época, aprovechan para que la letra juegue con la ambigüedad y la costumbre de hablar sobre el amor, para hacerle creer al espectador que sabe de lo que la letra comienza hablando y luego invierte esto en el estribillo, dando un remate que va en contra de lo que uno suponía que trataba la canción.

Contrario a lo que podría parecer, el metal tiene influencia de la música clásica, y Spinal Tap no tiene miedo de evidenciar esto cuando uno de los guitarristas, en el solo de una canción propia, toca el tercer movimiento del quinteto de cuerdas Opus 11 Nº 5 de Boccherini.

La necesidad de exacerbar la sexualidad fue otra característica de la música de este periodo y algo sumamente presente en esta película. Para ese momento era moneda común encontrar canciones que hicieran alusión al sexo, más las que continuarían apareciendo incluso luego del estreno de este falso documental.

Por eso, Spinal Tap llevó esta sexualización a un nivel grosero, tanto fuera como dentro de sus canciones. En una de las cuales, la letra refleja la habitual costumbre de aquella época de utilizar diversas expresiones (como la palabra “rock”) para referirse a tener sexo. Además, alude a las relaciones de una noche y el deseo de algunos músicos por estar con mujeres que tuvieran una edad menor a la suya.

La sexualización en aquella época, también estaba presente en algunos discos cuyas portadas resultaban polémicas. Y la película lleva esto, como siempre, al ridículo, con sus pretensiones para la portada de Smell the Glove. La exacerbación de lo sexual está tan naturalizada por la banda que ni se da cuenta de las implicaciones sexistas de lo que pretenden, solo piensan en que quieren una tapa provocativa meramente por un vulgar intento de trasgredir.

Algo que ha sucedido incontables veces, es que con el tiempo, las bandas llegan a rotar varios integrantes y que los músicos de rock pueden morir de maneras muy variadas, como el conocido ahogamiento en vómito que sufrieron personas como Bon Scott, Jimmy Hendrix o John Bonham, y para abordar eso están los bateristas en Spinal Tap, muriendo regularmente y de maneras ridículas.

Es conocida la anécdota de que Van Halen, para saber si se cumplían con todas las condiciones que pedía para tocar, en cada show exigía por contrato un tazón con M&M´s de todos los colores, excepto el marrón. Parodiando estas pretensiones que varias estrellas suelen tener en camarines, es que existe esta escena, con Nigel que se queja en demasía por las cosas más mínimas que puede encontrar. Estas exigencias o pretensiones ridículas se muestran como caprichos en varios momentos a lo largo de la película, haciendo que ni los mismos músicos sepan por qué quieren lo que quieren.

La famosa escena del amplificador que llega a 11 lleva a un nivel irracional la idea de que cuanto más fuerte es el volumen, mejor va a ser el resultado, evidenciado la ignorancia del músico de que un mayor o menor volumen es siempre algo relativo.

Spinal Tap también apuesta a un despliegue escénico que busca ser imponente, usual en bandas como Genesis, Iron Maiden, Kiss, Alice Cooper, Van Halen o W.A.S.P. (varias de las cuales entran dentro del llamado shock rock). Pero en el caso de Spinal Tap, su presentación termina siendo penosa, con un capullo que no se abre y deja atrapado adentro al bajista, o un monumento de Stonehenge tan poco imponente que está en peligro de ser aplastado por un duende.

También se tocan las creativas formas de ejecución que elegían adoptar algunos músicos. Mientras que Jimmy Page utilizaba un arco de violín en sus solos, en Spinal Tap deciden utilizar (¿por qué no?) el violín entero.

Por otro lado, se abordan las dinámicas sociales de algunas bandas, con una dupla creativa y el estereotipo de novia que llega a arruinarla, idea popularizada (para muchos injustamente) por Yoko Ono y los Beatles. Así como también está presente la incursión en otros géneros por la que han optado algunas bandas al ver acercarse su posible ocaso (y que a veces resulta poco exitosa), cuando la banda, tras la partida de Nigel, prueba un nuevo rumbo improvisando jazz.

La mayoría de los gags que presenta este falso documental reflejan situaciones que realmente ocurrieron en el mundo del rock, e incluso otras que vendrían o seguirían ocurriendo en el futuro, en algunos casos con una precisión sorprendente. Como por ejemplo la muerte de uno de los bateristas de Toto, en un extraño accidente de jardinería. O cuando poco tiempo después de que se terminara de filmar la película, Black Sabbath quiso hacer una escenografía justamente de Stonehenge, pero también por un error de comunicación respecto a las medidas, terminó siendo demasiado grande como para entrar en el escenario.

Paralelismos como estos entre esta película y hechos reales del rock hay a montones y compilados en varios artículos. Pero a pesar de todas las cuestiones mencionadas, por suerte la película no se queda solo en los chistes y la parodia, sino que trata sobre la lucha de una banda por mantenerse a flote y no ser solo un éxito pasajero que luego cae en el olvido como le ha pasado a tantas bandas, lidiando así con decisiones creativas, comerciales y personales.

Luego del éxito del falso documental, Spinal Tap decidió sacar algunas canciones más y hacer presentaciones en vivo, pero no continuó como un proyecto para prosperar como banda sino como una extensión del sketch inicial que fue la película, haciendo presentaciones ocasionales y regresando cada varios años, aún riéndose de aquellas viejas costumbres.

Con el tiempo la película adquirió un estatus de culto, incluyendo su propio cameo en los Simpson, y su rodaje dejó varias decenas de horas de material filmado de las cuales menos de una y media quedaron en el producto final. La gran cantidad de material filmado fue debido a que la película tuvo una enorme dosis de improvisación, sobre todo en los diálogos por parte de los actores, a quienes únicamente les solían indicar el arco de la escena, dónde esta empezaba y dónde terminaba, más alguna información que cada actor debía saber, pero todos los detalles y lo que pasara en el medio no estaba pausado. Cosa que resulta sorprendente al tener en cuenta el gran resultado de la película. Por esto es que tres de las cuatro personas que figuran como guionistas son los intérpretes de los integrantes principales de Spinal Tap, quienes además de actores son músicos en la vida real. Es así que resulta fácil adjudicarle una parte del éxito de la película al que haya sido hecha por y para gente cercana al mundo que retrata.

Por todos los paralelismos con la realidad que la película establece, uno podría pensar que algunos músicos se molestarían por aspectos en los que pueden sentirse tocados por las parodias de la banda, sin embargo resultó siendo más bien todo lo contrario.

El mundo del rock y del metal se ríe junto a ellos. Porque reconoce lo ficcionado de su propio trabajo, con el sacrificio y la artificialidad que sabe que conlleva el armado de la propia imagen de los músicos y todo lo que se encuentra detrás del superficial glamour del rock. Sabe que el detrás de escena puede verse ridículo en algún punto, pero aun así es parte de un espectáculo que tanto artistas como público disfrutan. Porque a pesar de ser una crítica a muchas convenciones del rock y el metal, se nota que detrás de ella hay mucho cariño por ese mundo que la película abraza con una risa.

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