I Am Bolt: hacerse querer en 9,19 segundos

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Es muy curioso que un atleta inspire y capture a toda una audiencia en un deporte cuya performance dura tan solo unos segundos. Para él, 9,19 exactamente. Más curioso aún es que esto le suceda incluso a una espectadora, como yo, que no practica ni practicó jamás ningún tipo de deporte.

Su agente explica que en los deportes unx ama a su equipo pero odia al contrario, sin embargo, en carreras de 100 y 200 m llanos, todxs aman a Usain Bolt. Y eso es cierto.

Bolt le habla a la cámara en un video casero, en el que plancha su remera dentro del cuarto de un hotel. Está a pocos días de correr para el campeonato mundial de atletismo de Beijing 2015, después de una pre-temporada signada por lesiones que lo colocaron fuera de la lista de los favoritos, detrás de Gatlin. “Mientras esté listo cuando llegue al carril de salida, no habrá quien me detenga”.

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El estilo honesto y descontracturado de esta primera escena se repetirá a lo largo de todo el documental, en el que Usain Bolt, el hombre más rápido del mundo en la actualidad, portador de tres medallas de oro en tres categorías de carreras de los Juegos Olímpicos, nos deja asomar a su mundo deportivo.

Vale destacar esto último, ya que a diferencia de otros documentales biográficos similares, I Am Bolt, se centra exclusivamente en el deporte. Si bien hay una retrospectiva a su infancia, menciones al disfrute de sus momentos de ocio, a los efectos de su carisma, todo está en función de hacernos llegar la forma en la que esta persona vivió el entrenamiento y la competición de carreras (al momento de la edición de la película ya había anunciado su retiro).

Nacido en un pueblo rural de Jamaica, Usain destaca que su padre fue quien le transmitió el valor del sacrificio y el esfuerzo. La cámara documental y sus videos personales lo muestran en duros entrenamientos que lleva adelante con el convencimiento de la utilidad que hoy le transmite su “segundo padre”, el entrenador Mills, para alcanzar las metas que se propuso temporada tras temporada.

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Bolt empezó a demostrar su destreza y talento extraordinario en la velocidad desde chico y fue a sus quince años cuando ganó el Mundial Sub-20 y se dio cuenta de que era especial. La sensación que transmite hacia este lado de la pantalla es que el fenómeno de su carrera es una mezcla de don natural, destino marcado por un poder fuera de este mundo, combinados con una determinación clara de su parte. Él quería ser el mejor del mundo e hizo todo para lograrlo. La diferencia con otros atletas que seguramente tengan esa meta en sus cabezas y su corazón es que este lo logró.

Su determinación fue clave en esta fórmula, ya que naturalmente Usain tiende a disfrutar de los placeres de la vida, de las fiestas y ese tipo de actividades que no suelen ser compatibles con los entrenamientos de alto rendimiento. Es así que, por más que al verlo correr nos haga parecer que es tan fácil (tal como se decía de Fred Astaire cuando bailaba), no siempre lo es, en especial cuando las ganas de salir superan las de ganar.

La película muestra que detrás de cada medalla hubo trabajo duro, buenos médicos, un poco de aburrimiento durante las horas de encierro en las habitaciones de los hoteles. Pero también hubo una magia especial que, evidentemente, nació con él. Porque en su trayectoria no solo hay medallas, sino récords olímpicos y mundiales, superación de esos récords por sí mismo, diferencias abismales en cada carrera con sus oponentes y, como si esto fuera poco, una sonrisa gigante, un estilo payasesco y un carisma que no perdió nunca aunque perdiera una carrera. Y eso lo hace único.

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Este carisma del que tanto se habla es parte de lo que hace que nosotrxs como espectadores, podamos disfrutar de este deporte aunque esté tan lejos de nuestras vidas cotidianas. Bolt corre, gana, disfruta, se ríe, baila, hace disfrutar a su público, señala al cielo con su pose característica y repite esa rutina en cada carrera. ¿Qué más se le puede pedir?

I Am Bolt demuestra que esta es su verdadera personalidad, que tenía una relación cercana con su pequeño equipo conformado por NJ, su manager y mejor amigo, su entrenador y su agente. El documental también lo muestra en sus momentos de duda y desinflado, sabiendo que este es su último tramo porque se da cuenta de que ya no lo está disfrutando tanto. Ya logró todo lo que quería pero ahora le cuesta motivarse a sí mismo y está dispuesto a bajarse antes de lo que lo harían otrxs deportistas. Esto suma a sus características irrepetibles y lo hace aún más querible. Lo hace humano aunque parezca de otro planeta.

Así como durante sus años de competición, Bolt se manejó con un equipo pequeño pero en el que abundaba, según se muestra, la buena energía, el documental replica ese estilo austero, transmitiendo a su vez, buena vibra a través de una edición ágil y un soundtrack excelente que podría haber sido elegido por el protagonista.

Un espectáculo que se disfruta no solo por el hecho de repasar las carreras más memorables del mejor corredor del mundo, en especial en un deporte cuyos momentos clave duran tan poco tiempo, sino también porque demuestra, una vez más, que el carisma de Bolt es genuino y que su convencimiento de que es el mejor atleta no opaca la buena energía que traspasa la pantalla.

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