El enemigo interior: Una cuestión sin resolver

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En los últimos tiempos los distribuidores se han animado a apostar por el cine de países “periféricos o secundarios”, respecto de la industria cinematográfica. Así hemos podido apreciar películas originadas en el este de Europa, muchas veces en co-producción con Francia o Alemania. En este sentido, si bien no se trata de cine europeo pero que comparte cierta estética con este, el cine israelí viene marcando su presencia en las pantallas de Buenos Aires. Así se pudieron apreciar films de calidad tales como El testamento, de Amichai Greenberg; Entre dos mundos, de Miya Hatav; Mis hijos, de Eran Riklis; la excelente película de Shlomi Elkabetz y Ronit Elkabetz, Gett: el divorcio de Viviane Amsalem, y hasta una comedia ligera como Un novio para mi boda, de Rama Burshtein.

El cine israelí que hemos podido ver se caracteriza por poner en primer plano alguno o varios de los conflictos sociales y políticos que atraviesa el país, ya se trate de la tensa relación de judíos o árabes palestinos, o bien de la vida de judíos religiosos practicantes, sus reglas o sus reservas sobre personas no religiosas.

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En esta oportunidad es el turno del El enemigo interior (Me’ever Laharim Vehagvaot o Me’ever Laharim Vehagvaot), con guión y dirección de Eran Kolirin. La película construye la historia a partir de una familia de judíos israelíes de clase media. David se ha retirado del Ejército con el grado de teniente coronel luego de más de 25 años de servicio. Su mujer es profesora en un colegio secundario y tiene dos hijos adolecentes. David no sabe qué hacer de su vida luego del retiro, no encuentra su camino en la sociedad civil. Su mujer, profesora en un colegio secundario, está confundida y disconforme. Un hijo adolescente iracundo y una hija que va dejando la adolescencia, curiosa y arriesgada. Así la vida fluye sin mayores contratiempos pero en el interior de cada personaje sus culpas y sus propias dudas continúan pujando por salir a la superficie. Un accidente (?) y un desliz quiebran la inercia.

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El enemigo interior es una película que pretende poner sobre la mesa de discusión cuestiones morales, la tolerancia, la aceptación del otro como distinto. El planteo del tema comienza correctamente. Los personajes son presentados sin ambigüedades, pero al promediar el film el director pierde el gobierno de los conflictos que planteó y no los desarrolla. Se enreda con la propia trama, crea situaciones inverosímiles y plantea resoluciones difíciles de aceptar como resultados lógicos de la historia. En definitiva, un planteo inicial interesante de la situación laboral de un ex oficial militar y su inserción en la vida civil, pero que se pierde a poco de comenzar con su desarrollo. Tal vez el afán de relatar varias situaciones al mismo tiempo haya contribuido al naufragio final.

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Desde el punto de vista técnico (fotografía, sonido, música) el film es prolijo. El guion requirió mejor decisión acerca del rumbo por tomar y el mensaje que se quiso trasmitir.

El enemigo interior fue presentada en la sección Un Certain Regard del Festival de Cannes 2016.

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