THE AMERICANS: TEMPORADA 6 (SEASON FINALE)

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Este artículo está repleto de spoilers.

El matrimonio

La serie empezaba con Philip (Matthew Rhys) y Elizabeth (Keri Russell) muy distanciados. Ella tenía un amante e incluso estuvieron viviendo separados un tiempo. Por suerte lograron superar sus problemas y, a pesar de no estar siempre de acuerdo, se tenían el uno al otro. Pero el final de la quinta temporada supuso un gran cambio y en la sexta vemos como ya no trabajan juntos, él se encarga de la agencia de viajes a tiempo completo y ella sigue con su trabajo como espía. El problema es que ese distanciamiento laboral también ha supuesto un distanciamiento personal y el matrimonio vuelve a estar en crisis.

Uno de los grandes problemas son las claras diferencias ideológicas. Philip está feliz de vivir el sueño americano y tener una casa, los mejores electrodomésticos, un bonito coche… Eso se ve acentuado con los flashbacks en los que vemos las miserias que tuvo que pasar de pequeño en Rusia. En cambio Elizabeth añora la URSS y sigue pensando que el sistema de allí es mucho mejor. Ama su comida (cocina platos regionales con Claudia y Paige), su música (El Cascanueces, de Tchaikovsky) o su historia.

Una de las mejores escenas que ejemplifica esto es cuando ella llega a casa y le trae un plato de zharkoye a su marido, pero él le dice que no tiene hambre, que ha pedido comida china. La situación se tensa y ella se indigna ante las noticias de que quieren abrir un Pizza Hut en Moscú. Philip le recuerda que “no ha hablado con nadie de allí en más de 20 años”, a lo que ella le responde “¡ni tú tampoco!”. Él no responde, porque en verdad sí ha hablado con Oleg.

El distanciamiento se debe además por la carga de trabajo que debe llevar ahora la protagonista. Está tan estresada que ha empezado a fumar sin parar y apenas duerme. Pero sobre todo vemos la tensión cuando trata con su marido o con su hija, a la cual no perdona un mínimo error en las misiones.

Por otra parte, tampoco debemos olvidar que Philip tiene un amigo americano, Stan, que encima es un agente del FBI y una de las mayores representaciones de lo americano. En cambio Elizabeth no tiene amigas, su hija o su jefa son sus aliadas pero no tienen una amistad verdadera. Lo más cercano que ha tenido a una amiga fue en la temporada 4 con la coreana que trabajaba para Mary Kay, y en verdad era una amistad llena de mentiras pues Elizabeth debía ir disfrazada como “Patty” y al final tuvo que traicionarla, hecho que entristeció mucho a la protagonista.

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Los hijos

Henry (Keidrich Sellati) siempre ha vivido ajeno de la situación familiar y ese distanciamiento se vuelve también físico pues ya no vive en casa porque está estudiando en un colegio privado en otra ciudad. Sus preocupaciones son el hockey y las chicas. En cambio Paige (Holly Taylor) está estudiando en el College y el plan a largo plazo es que trabaje en la CIA, en el Departamento de Estado o el de Defensa (aunque viendo el final de la serie, lo veo difícil). Al mismo tiempo está entrenando para ser una espía rusa y tiene reuniones periódicas con su madre y con Claudia (Margo Martindale) para aprender sobre su música, historia, cocina o, incluso, ver telenovelas.

La separación matrimonial también ha supuesto la separación de los hijos. Él se encarga de Henry, quien es la representación de lo americano, y ella de Paige, la cual siempre ha tenido un sentido crítico y simpatiza con parte de lo que hace la URSS. O al menos con las maravillas que le cuenta su madre, aunque por suerte irá descubriendo que todo no es lo que parece.

Aunque hasta cierto punto se puede entender que cada padre tenga un mayor vínculo con uno de los hijos, me choca que Elizabeth ni siquiera llame a su hijo para saber dónde está, no se preocupa por él. Una muestra más de que ella está focalizada en su misión y en entrenar a Paige.

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La misión

Los showrunners Joe Weisberg y Joel Fields decidieron terminar la serie en un punto clave de la guerra fría: unas semanas antes de la Cumbre, el acuerdo entre la URSS y Estados Unidos, Gorbachov y Reagan, para acabar con las armas nucleares. El fin de la URSS está cerca aunque evidentemente nuestros protagonistas no lo saben.

Además la cosa se complica cuando Elizabeth se reúne en México con un alto cargo quien le manda una misión secreta, para finalmente descubrir que hay varias personas dentro de la URSS que están planeando deshacerse de Gorbachov y están dispuestos a hacer lo que sea, incluso, falsificar pruebas. Además, en forma paralela Oleg, bajo las órdenes de Arkady, debe regresar a los Estados Unidos e intentar impedir que se traicione al líder soviético, básicamente pidiendo a Philip que espíe a Elizabeth, algo que evidentemente no le gusta nada a ella cuando descubre lo sucedido.

Vemos entonces en esta temporada que no se trata solo de una lucha entre Estados Unidos y la URSS sino que también estamos ante una batalla interna entre los que quieren establecer mejores relaciones internacionales y los que piensan que abrirse y ofrecer más libertades supondrá el fin del comunismo.

O incluso una batalla entre Elizabeth y Philip, el cual está retirado pero debe hacer una última tarea para su país, forzado por la insistencia de su mujer: tener sexo con la adolescente Kimberly para manipularla y tener acceso a su influyente padre.

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El FBI

Stan se ha casado con Renee y, a pesar de que el espectador e incluso los Jennings tienen la sensación de que ella puede ser una espía, el agente Beeman en ningún momento ha dudado de la lealtad de su mujer. Y cuando ella le pide entrar a trabajar en el FBI, él la ayuda.

De quien sí empieza a desconfiar es de sus vecinos. En la primera temporada entra en casa de los Jennings en busca de pruebas, no encuentra nada y durante temporadas se olvida del asunto. Es evidente que en temporadas siguientes se ha seguido manteniendo el juego del gato y el ratón, e incluso, consigue un boceto de sus vecinos, pero gracias a sus disfraces no logra reconocerlos. Ahora que Stan trabaja en otra división, esta persecución había quedado temporalmente parada pero, como era de esperar, en los últimos episodios vuelve a sospechar de sus vecinos.

En esta ocasión todo ocurre porque, durante Acción de Gracias, Elizabeth debe viajar repentinamente por “negocios” y poco después su marido la acompaña. Ese imprevisto justo coincide con una misión en Chicago que sale mal. La verdad es que la forma en la que vuelve a sospechar me habría gustado que estuviera mejor hilada. Pero sobre todo, no me ha gustado como una de las mayores pistas es que descubre que Elizabeth fuma. ¿Cuánta gente debía fumar en esa época? Seguro que mucha y conectarla con una de las sospechosas por eso no tiene mucho sentido. Aun así, ese ha sido solo un pequeño detalle para una trama que en general se ha cerrado bien.

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La escena

Y por fin, en el último capítulo, llega el momento que todos esperábamos ver: Beeman tiene claro quiénes son los espías rusos y decide seguirlos y enfrentarse a ellos. La escena en el parking con Elizabeth, Philip y Page es sin duda uno de los puntos álgidos de la serie.

Vemos a cada segundo como la cabeza de Stan va pensando y poco a poco va siendo persuadido por los argumentos del que él creía que era su mejor amigo. Está claro que él siempre ha sentido un especial cariño por su vecino y su hijo, y eso al final ha pesado más que su trabajo y sus ideales. Parecía que no había escapatoria posible pero por suerte finalmente los deja escapar y todos huyen en coche hacia Canadá para después poder volver a su país natal.

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El sorprendente final

The Americans siempre ha sido una serie que se ha querido desmarcar de las típicas producciones sobre espías y lo demuestra una vez más con el último capítulo. En una película hollywoodense arquetípica lo que veríamos es un final lleno de acción, persecuciones y disparos. Aquí, sin embargo, se crea la tensión sin necesidad de secuencias a todo gas. El foco principal está en la emotividad y las preocupaciones sobre los protagonistas: el debate de tener que dejar a tu hijo, la llamada de despedida con una Paige incapaz de decirle unas últimas palabras a su hermano, el que Paige decida bajarse del tren a medio trayecto…

La última temporada ha sido muy triste, ya desde el primer capítulo se notaba que esto estaba acabando. Pero la verdad es que no me esperé que los guionistas decidieran dejarnos con este final tan agridulce. Pensé que iban a poder escapar todos o que alguno moriría pero que los padres volvieran a la URSS y que los hijos se quedaran en Estados Unidos es algo que no contemplaba para nada.

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Y al final el espectador se queda con algunas dudas. ¿Qué será de Henry? ¿Y de Paige? Sentimos como Philip y Elizabeth, esa incerteza de qué pasará en el futuro y qué será de su familia. El pequeño de la familia seguramente estará bien cuidado por Stan y está claro que él no sabía nada así que se librará de cualquier problema. Pero lo que hará Paige es más difícil de saber.

Por otra parte, ¿lograrán los dos protagonistas superar todo y seguir juntos? ¿O vivirán vidas separadas ahora que no tienen que pretender estar casados? Han vivido momentos muy difíciles con múltiples asesinatos, diferencias ideológicas y sobre todo la separación con sus hijos. Pero no olvidemos que en la temporada anterior tuvieron una boda simbólica en la que un sacerdote soviético los casó con sus identidades reales, no con sus nombres falsos. Habrán tenido sus más y sus menos pero lo que está claro es que hay un auténtico vínculo amoroso entre ellos.

En cuanto a Renee, queda también un final muy abierto. ¿Qué creen ustedes? La verdad es que siempre he sospechado que ella era una espía rusa y ahora Stan también parece dudoso, pero probablemente el matrimonio vivirá feliz y no deberá afrontar esa situación.

En resumen, puedo decir que la temporada final ha sido muy buena, no la mejor, pero ha sabido remontar la anterior. La verdad es que se echará de menos a los Jennings el año que viene. Durante seis años hemos podido disfrutar de guiones originales, personajes con una gran profundidad y evolución, actuaciones magníficas de unos actores con un gran futuro por delante, una ambientación cuidada y, cómo no, muchas pelucas.

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