27: Gone Too Soon: un episodio sin gracia de Peter Capusotto y sus videos

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27: Gone Too Soon es un documental recientemente estrenado en Netflix, escrito y dirigido por Simon Napier-Bell, personaje multifacético, cuyo currículum incluye haberse desempeñado como manager de Sinead O’Connor y de George Michael, además de haber compuesto alguna pieza suelta para series como Mr. Robot o Mad Men. IMDB señala que sus tareas como director arrancan en 2015 con Sinatra Being Frank (2015) –dedicado a la vida de Frank Sinatra– y continúa con 50 Years Legal (2017) –una indagación de los cambios en la sociedad británica desde que en 1967 la homosexualidad dejó de ser considerada ilegal en el Reino Unido–. En 27: Gone Too Soon, Simon Napier-Bell explora la historia de los personajes que integran el tristemente célebre Club de los 27, un conjunto de estrellas de rock que comparten no solo una carrera meteórica y plagada de excentricidades sino también el hecho de haber fallecido a los 27 años de edad. Los miembros a los que el documental se remite son Brian Jones, Jimi Hendrix, Janis Joplin, Jim Morrison, Kurt Cobain y Amy Winehouse. En poco más de setenta minutos –mediante la intercalación de entrevistas a un puñado de personajes desconocidos, de material visual en el que abunda más el relleno que el archivo y de una banda sonora que recuerda a la música de las salas de espera–, el documental procura bucear en la biografía de aquellas seis celebridades y exponer las motivaciones que pudieron impulsarlos a una muerte tan temprana. Si lo que buscan es un resumen apurado y superficial, algo así como un recuento de detalles consabidos como para salir al paso, este es el documental que estaban necesitando. Pero si su curiosidad busca roer algo más que un hueso mascado, mejor pasen de largo: 27: Gone Too Soon no habrá de añadir casi nada a lo que seguramente ya saben sobre el tema.

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El documental arranca con una introducción donde se desarrolla la cuestión del rock como una forma de industria asociada a la naciente manifestación de la juventud de Occidente a mediados del siglo XX. De acuerdo con lo que la investigación propone, el rock viene a dar voz a aquellos adolescentes que necesitaban expresar su descontento mientras que, casi al mismo tiempo, el mercado halla en ese espacio un nicho comercial. Resultado de esta confluencia es la estrella de rock en tanto artista y en tanto producto de mercado. El rockstar vive esta experiencia como un tironeo en el que le resulta difícil hallar equilibrio. De allí su impulso hacia los excesos y al desenfreno con las drogas. Así, 27: Gone Too Soon sitúa en las drogas el eje del problema. Toda la discusión que pueda surgir acerca del sistema de mercado al que se somete a los artistas, acerca de la contención que pueden ofrecerles las personas que los rodean, acerca del rock como un hecho cultural específico o acerca de lo que pueda consistir la fama y sus innumerables malentendidos, todo queda supeditado al problema de las drogas, su consumo y su circulación ilegal. En consecuencia, los hechos que habrán de analizarse con posterioridad –es decir, las seis biografías– pasarán a la fuerza por ese tamiz tan estrecho. En gran medida, el documental cumple en reducir el fenómeno musical y cultural al cliché el rock es exceso.

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Las biografías se ordenan en fila como las compras del supermercado en la cinta de la caja: pegadas las unas a las otras por puro azar. Apenas se ajustan a la fecha de deceso. Carecen de un mínimo contexto que las sitúe en espacio geográfico o histórico. Cada figura recibe más o menos diez minutos de atención. Brian Jones es quien más sale ganando: consigue un desarrollo relativamente organizado de sus circunstancias. De Jim Morrison (quiero suponer que por alguna cuestión legal y no por pereza) solo se llega a ver la barba y la panza famosas de sus últimos días: lo demás se limita a comentarios. Janis Joplin y Jimi Hendrix pasan casi de largo como anécdotas. Luego viene el salto de un par de décadas, que menos mal que uno conoce de antemano. Me apenan aquellos a los que les toque ver este ensayo conociendo poco y nada de Kurt Cobain y de Amy Winehouse. Dado el hecho de que el documental se ahorra cinta omitiendo el contexto, tranquilamente se podría inferir que estos seis artistas se juntaban los domingos a almorzar y tomar cerveza juntos.

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27: Gone Too Soon me sabe a oportunidad desperdiciada. Aunque pobre, el material permite ciertas líneas de discusión interesantes que lamentablemente se desechan para favorecer el cliché. Se cita por ejemplo el momento en que Mick Jagger leyó el poema Adonais, de Shelley, en homenaje a Brian Jones. ¿Por qué elegir un poeta romántico tan representativo? ¿No será que los artistas de rock (pensemos también en la faceta poética de Jim Morrison) se sienten afines a esa corriente espiritual? También se habla de las ironías de Kurt Cobain acerca de su intención de unirse al Club de los 27. ¿Cuánto hay de genuino en ese deseo? ¿Cuánto hay de parodia en relación con los artistas que le precedieron en la misma pulsión? Ese grado de autoconciencia se intuye aún más en las vicisitudes que rodean la muerte de Amy Winehouse: las señales de su derrumbe estaban a la vista de todos hasta el punto de que semejante descalabro era trending topic en las redes. Así y todo, aunque contaban con múltiples líneas de análisis como las que acabo de citar, la mayoría de los argumentos que se exponen en 27: Gone Too Soon prefiere conformarse con apuntalar aquella premisa conformista de que el rock es exceso. En tal sentido, 27: Gone Too Soon parece un episodio de Peter Capusotto y sus videos pero al que le han quitado toda su gracia y su agudeza. Hace rato, con mucha más cintura y mejor olfato crítico, Diego Capusotto ha sabido demoler este lugar común con la caricatura de Pomelo: el rock es exceso, nena, el exceso es rock.

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