Requiem, tenías todo para salir campeón.

imagen destacada

El thriller sobrenatural es un género popularísimo. Siempre engancha. Si mezclamos una pesquisa cuasi policial con eventos inexplicables, tenemos una receta simple y satisfactoria que ha entretenido durante décadas. En la TV fueron Kolchak y X-Files, Millenium y Fringe, Constantine en los cómics y la serie de novelas de Charlie Parker en la literatura. En cine, miles: The Ninth Gate, de Roman Polanski y The Mothman Prophecies, de Mark Pellington, por nombrar algunas.

Por supuesto, el truco está en la construcción del misterio. Cuanto más crezca ese globo, más expectativa se crea de lo que va a provocar su resolución. Y es ahí, en el juego de expectativas, y en su manejo, en que se debe prestar especial atención. Si se crea un momentum demasiado largo, el espectador perderá su interés. Si se resuelve demasiado pronto, la trama resultará larga. Si, en cambio, se manejaron bien los tiempos, pero la respuesta no está a la altura del interés generado, será una decepción, proporcional al tiempo invertido en la llegada a ese punto. Es un trabajo con complicaciones el de escribir misterios sobrenaturales.

Requiem, con sus seis capítulos, su paisaje galés bucólico y su misterio creciente, tenía todo, pero todo para salir campeón. Pero no solo no campeonó: ni siquiera jugó bien.

1278732_004_262121

Un triste devenir

Matilda Grey (Lydia Wilson) es una prestigiosa chelista que, luego del suicidio de su madre, Janice, descubre que las cosas no son como ella creía: su madre no es su madre. A partir de aquí empieza su pesquisa, junto a Harlan, su pianista –enamorado de ella– para descubrir sus orígenes. De acuerdo con los indicios encontrados, su verdadero nombre es Carys Howell, una niña que desapareció de un pueblito llamado Penllynith hace 24 años.

Todo pueblo del interior de cualquier país, se sabe, esconde un horror profundo. Y Pennynith no es la excepción. Justo antes del suicidio de la madre de Matilda, se quitó la vida el hacendado local, Ewan Dean, propietario de la consabida mansión macabra en las afueras del pueblo, lugar que parece el epicentro de los acontecimientos de hace 24 años.

A partir de aquí empieza la torpe pesquisa de Matilda, que no deja error por cometer, acompañada por el pavotón de Harlan. En el pueblo tendremos todos los personajes sospechosos, de lo que se les ocurra: la anticuaria, el abogado, el jardinero, la policía, el dueño de la hostería, el ex policía y la médium loca. Hago un aparte aquí para destacar la actuación de Claire Rushbrook como Rose Morgan, la madre de Carys, la niña desaparecida allá lejos y hace tiempo. Un bastión de calidad.

6d45364e40ffbeb563ffe54932c5d2a5

Requiem está filmada como una película de terror. Con esto quiero decir que cada plano y su duración, sumado a los efectos de sonido, están calculados para causar un efecto, un susto que nunca llega, porque no se remata con el jump scare, una técnica utilizada para sobresaltar a la audiencia mediante un cambio abrupto en la imagen que usualmente es acompañada por un estruendo sonoro o un golpe de orquesta. El jump scare puede ser el remate del suspenso o directamente una sorpresa. Sirven ambos como corolario de las definiciones hitchcockianas. En el caso de Requiem, la construcción parece apuntar allí, pero el jump scare no llega jamás, por causas que les diré luego de la advertencia.

Aviso: Leves spoilers

Requiem

El horror de Requiem está planteado desde el guion. No es una sensación que se quiere dar desde la dirección. Hay un culto al demonio (y a los ángeles) de por medio. Pero no se materializa. No se ve. No hay satisfacción en este misterio. Solo una ceremonia sacada de una película de los setenta, unas togas medio ridículas y un viento. Mucho más efectivo es el tema con la música. La decodificación que hace Harlan de las viejas cintas AMPEX encontradas en el sótano, y como ellas tienen una historia en el folclore local. La justificación para la elección de la profesión de Matilda y Harlan.

No es realmente buena Requiem ni original. Pero nos deja pidiendo la segunda temporada. Aunque más no sea para justificar las seis horas invertidas en la primera temporada, que se las arregla para prometer sin fascinar y abusar del misterio para crear la necesidad de obtener resolución. Un viejo truco, para un viejo guion. En esta sobrepoblación de series, no es la mejor decisión hacer lo mismo que ya se hizo, y peor. Pero por supuesto, nadie jamás quiso que las cosas resulten así. No son delincuentes los creadores de Requiem, de hecho, hicieron la excelente The Missing, pero el tono sobrenatural, les decía al inicio, genera satisfacción bien manejado, y profunda frustración cuando no tiene carnadura.

Anuncios