Reseña: 13 Reasons Why Segunda Temporada

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En la 24 Cuadros, el conjunto de redactores, que no somos tantos pero no somos pocos, nos consideramos genuinos antes que muchas otras cosas. Redactamos, analizamos y reseñamos con respecto a lo que dicta el corazón, incluso, muchas veces por sobre encima del entendimiento y la comprensión técnica. Por eso el año pasado fuimos varios los que tras ver la primera temporada de 13 Reasons Why salimos en patota a reseñarla. Nos sorprendió gratamente. Nos emocionó hasta las lágrimas. Nos sacudió. Nos generó cosas.

Me genera bronca tener que escribir sobre esta segunda temporada que, en varios sentidos, me disgustó tanto.

Hechos

En mi reseña del año pasado, opinaba que una segunda temporada era innecesaria, me cito:

“Si hay una crítica que hacerle, como a Stranger Things es que el final demasiado abierto, con varias puntas por resolver, determina la existencia de una innecesaria segunda temporada.

Como con el éxito de los Duffer, no tiene sentido. La potencia del alegato va a terminar aguada”.

Y tras el visionado, no solo lo sostengo, sino que esa opinión, es casi una sentencia.

El juicio sobre la muerte de Hannah está comenzando y muchos se preparan para declarar. Como en la primera temporada, prácticamente cada capítulo se enfoca en el alegato de un personaje, en el cual vemos momentos del pasado que desconocemos porque en la primera temporada, los recuerdos que teníamos eran en particular los de Clay (Dylan Minnette). Es así que los trece capítulos son una mezcla de escenas del juicio con todos los protagonistas de las cintas, lo que va sucediendo en la vida de cada uno de los personajes, y un par de misterios que son los que le dan algo de jugo a la trama que, como en el 90% de las series de Netflix, se resiente de tener varios capítulos de más.

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La primera gran falla es como los relatos de cada imputado tienen un sentido doble que solo podemos ver si vivimos en el mundo real donde las víctimas terminan siendo culpabilizadas por lo que les pasó. Y ni siquiera tenemos que referirnos a casos específicos de violación o abuso. No es algo raro sufrir un robo y que lo primero que nos pregunten es “por dónde estábamos caminando”, como si de alguna manera, es culpa nuestra porque no evitamos un lugar donde evidentemente había chances de que nos robaran. Si la culpabilización de la víctima existe incluso en eventos tan superficiales, por supuesto que se evidencia con más fuerza en aquellos en los cuales “creer” es más importante. Yo puedo probar que me robaron el celular. ¿Cómo hace una chica para probar una violación? La mayoría de las veces ni se denuncia por vergüenza o miedo. Esto si está medianamente bien retratado, aunque como espectadores nos haga algo de ruido porque, en la serie, solo sirve para estirar la trama.

Es así que la segunda temporada de 13 Reasons Why intenta darle un final a la historia de Hannah, errando gran parte de las notas, abusando de los golpes bajos (el del capítulo final es simplemente innecesario y espantoso) y buscando amparo en la vida real que, es cierto, existe, pero no de esa manera.

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Deshechos

El ensamble prodigioso que fue la primera temporada de la serie podría haberse repetido en la segunda. Incluso se intenta, cambiando los muy vintage cassettes por unas vintage polaroids, pero es una tendencia que no logran sostener en el paso de los capítulos y aunque las fotos juegan un rol importante, no terminan siendo lo relevantes que parecen y no son un hilo conductor, hecho que se hace muy presente cuando presenciamos una ausencia de cohesión fortalecida por lo significativos que se tornan los personajes secundarios y sus trasfondos. Era sabido que este era de alguna manera el camino para seguir. La vida de los otros después del suicidio de Hannah. Sus problemas. Incluso los del apuntado como el mayor culpable. Sucede que estas líneas argumentales no están manejadas con el respeto que merecen. Una de ellas (spoilers adelante) involucra las armas y los tiroteos escolares que me retrotrae a señalarles algo muy acertado que leí una vez: no es raro que los jóvenes que incurren en hechos así sean del mismo tipo. Pibes que se consideran con derecho a algo. Si algo muestra con cierta corrección 13 Reasons Why es que no hay chica que no haya pasado por una situación de violencia masculina de alguna clase. Acoso, violencia física o verbal, abuso psicológico y por supuesto violación. Sin embargo, ninguna de ellas entra en una escuela a los tiros jamás. En fin. El caso es que en orden de generar argumentos, esta segunda temporada genera demasiadas tramas que no funcionan, funcionan mal o están mal planteadas o desarrolladas. Tendrían que haberse enfocado en una sola trama y hacer que el resto circulara alrededor. Una sola. Había buenas historias ahí en las cuales enfocarse.

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Conclusión

13 Reasons Why no era una serie que nos cautivó por su prodigio técnico o visual. Nos sensibilizó por su narrativa cruda y certera. Lo normal es que los adultos no sepamos escribir sobre adolescentes. No sabemos. Nos olvidamos cómo es serlo minutos después de conseguir trabajo, y todas las actitudes que tienen, sus dramas, sus problemas, nos resultan ridículos con respecto a los nuestros, que por ser nosotros adultos, son más importantes (aviso: no, no lo son). De alguna manera, creemos que la primera temporada sí detalla bien lo que es ser un adolescente. Capaz nos equivocamos porque no lo somos. Sabemos por otros jóvenes que sí, que hay algo real ahí. Que ayer no fallaron. Que puede que hablen raro, que tengan demasiada libertad y que sea un tanto muy irreal lo ausentes que están los padres o lo poco que les interesa que sus hijos vuelvan a casa llorando o cagados a palos. Esta segunda temporada, con todos sus fallos, nos hace esas minucias mucho más claras y es una total y absoluta decepción.

 

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