COROLARIO “For Kodachrome Fans…”

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Dirigida por Mark Raso, la película Kodachrome cuenta una historia familiar en la que Matt Ryder (Jason Sudeikis) tiene que acompañar a Ben (Ed Harris), su padre enfermo, con quien no tiene una buena relación desde hace tiempo, en un largo viaje en auto, entre Nueva York y Arkansas. Se dirigen rumbo al último laboratorio que queda en pie, con capacidad para procesar carretes Kodachrome, un tipo de película para diapositivas en color, fabricadas por Eastman Kodak entre los años 1935 y 2009.

“Para muchos fotógrafos profesionales y aficionados, Kodachrome reinó durante varias décadas como “la película” de diapositivas de color definitivo, y esta circunstancia la terminó asociando al reconocimiento por su valiosa contribución al logro de impresiones fotográficas y portadas de revistas que han quedado registradas como hitos de época de la cultura estadounidense”.

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Volviendo al filme, conviene remarcar el hecho de que el objetivo del viaje en la ficción es poder revelar los cuatro carretes de película Kodachrome que Ben conserva en su poder.

Como suele suceder en toda película de ruta, el largo recorrido sirve como excusa para que padre e hijo tengan la oportunidad de ordenar su complicada y malherida relación personal.

Por si hiciera falta algún elemento más que funcione en el tópico dramático en el que puede inscribirse el relato, Ben, el padre de Matt, se encuentra enfermo de un cáncer terminal, lo cual le imprime a la situación narrada un componente emocional adicional, de peso específico y efecto inmediato. Esto hace que en la ocasión, uno de los polos del conflicto familiar que caracteriza la relación entre padre e hijo, Ben tenga que ser asistido durante el viaje, por una bella enfermera llamada Zooey (Elizabeth Olsen), quien, además y sin solución de continuidad, ejercerá cierta influencia sobre Matt para que termine aflojando y acepte llevarlos hasta el laboratorio.

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Matt, un ex ejecutivo de A&R, se encuentra afectado en lo personal, y repentinamente es puesto ante una encrucijada cuando su padre, un famoso fotógrafo en declive, reaparece en su vida a través de su enfermera personal, quien se presenta ante él, de manera inesperada, para suplicarle que se reúna con su padre.

Así es que Matt se entera de que su distanciado progenitor ha estado reteniendo algunos rollos de película bastante antiguos y que quiere revelarlos antes de que el último laboratorio certificado de Kodachrome cierre de forma definitiva.

En estas circunstancias, que tienen el agregado de la enfermedad terminal que sufre Ben, el destino conclusivo para las situaciones planteadas, con relación a sus protagonistas, será el más predecible de los imaginables; tanto en lo que concierne al revelado de los rollos fotográficos, como respecto de la suerte final del padre enfermo, y también, en lo que se refiere a la difícil relación paterno-filial entre los protagonistas y a aquella de tipo personal que se terminará dando entre Matt y la linda enfermera Zooey.

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No obstante lo previsible que puedan resultar las resoluciones del guion a esas situaciones planteadas en la diégesis, hay que aclarar que la película, que funciona como una especie de tributo a una época aparentemente pasada, termina resultando interesante gracias a las excelentes actuaciones de los actores a cargo de los papeles principales, en especial la de Mr. Harris, y también, por qué no decirlo, debido al protagonismo que la fotografía y los rollos de la valorada película Kodachrome tienen dentro del relato, agregándole valor a su contenido.

“La llegada de la fotografía digital redujo progresivamente la demanda de película a lo largo primera década del siglo XXI, disminuyendo también el volumen de ventas de Kodachrome. El 22 de junio de 2009, la empresa Eastman Kodak anunció el fin de la producción de película Kodachrome, haciendo referencia a la reducción de la demanda. Aunque existían varios laboratorios independientes que todavía revelaban esta película, sólo permanecía abierto uno certificado oficialmente para todo el mundo, el Dwayne’s Photo en Parsons, Kansas”.

Con este marco de referencia y confiándose en un estilo discreto que, como se ha señalado, hace énfasis en un ramillete de actuaciones seductoras y apreciables, el director, Raso, toma a Kodachrome como un punto de partida para deconstruir con profundidad los lazos que sirven para mantener unida a la familia sin dejar de lado las traiciones que pueden separarla, en un intento de afirmación de cierta resistencia para que los vínculos profundos entre padres e hijos permanezcan, a pesar de todo, tendiendo un puente imprescindible para la articulación entre un pasado de tradición y un futuro de cambios de resultado incierto e impronta movilizadora, muchas veces asociado con el progreso.

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