Mercury 13

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Este documental narra la historia de 13 (y más) mujeres pilotos norteamericanas, que formaron parte de un programa de pruebas para ser astronautas, en los años 60, en el marco de un programa privado, por fuera de la NASA.

Mercury 13 es dirigido por Heather Walsh, quien ya tiene en su haber otro documental relacionado con el tema espacial (Mission Control: The Unsung Heroes of Apollo, 2017) y el británico David Sington, cuyo recorrido más conocido es el de producciones de la BBC, algunas relacionadas también con la temática, como In the Shadow of the Moon (2007). Ambos se unen en este documental que fue estrenado hace pocas semanas en Netflix en un contexto oportuno, en el cual se encuentran más vigentes que nunca los reclamos por la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, en distintos ámbitos.

Las protagonistas del programa Mercury 13 relatan, en primera persona o a través de registros grabados o escritos en el caso de las que ya murieron, el proceso de ruptura de los cánones sociales establecidos que sobrellevaron, en particular, para convertirse en pilotos. Eran mujeres jóvenes en los 50 que deseaban no solo volar, sino pilotear, con todo el simbolismo que eso conlleva. Ver el mundo desde arriba no es lo mismo que estar al mando del vuelo. Y ellas lo sabían.

El documental expone registros de informes de TV en los cuales se ven a periodistas hablar acerca de cómo se verá el peinado de la piloto una vez que aterrice, así como repetidas imágenes de mujeres pilotos maquillándose y mirándose al espejo en sus cabinas. Al parecer, al menos en los medios, la lucha por la igualdad de derechos aún no se combinaba con la noción de la femineidad y lo femenino como una construcción social que también podía ponerse en cuestión.

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Sin embargo, estas mujeres fueron por más, cuando el gobierno de EE. UU. decidió formar parte de la carrera al espacio. En esta parte, el documental muestra cómo la URSS se adelantaba en cada paso a su rival occidental, incluso en llevar a la primera mujer al espacio, como fue el caso de Valentina Tereshkova.

Hacia 1960, William Randolph Lovelace, el mismo médico que había formado parte de las pruebas para reclutar astronautas (hombres) en la NASA (bajo el programa “Mercury”), fue quien pergeñó la idea de reclutar a mujeres que tuviesen más de 1000 horas de vuelo para realizar las mismas pruebas, en un programa extra oficial. De esta manera, aquellas mujeres que habían conquistado el aire hacía unos años, ahora buscaban conquistar el espacio exterior.

Debido a la falta de conocimiento profundo sobre el impacto del espacio en el cuerpo humano, los hombres y las mujeres eran sometidos a pruebas estrafalarias y en el que no solo el cuerpo sino también la mente eran llevados a extremos. Uno de los relatos más asombrosos es aquel en el que se describe la sensación tras estar flotando durante horas en un tanque de agua tibia. Según algunas de las protagonistas, al emparejarse la temperatura del agua con la del cuerpo, se eliminaba todo tipo de sensación del tacto y algunxs comenzaban a alucinar. Una gran diferencia entre los hombres y las mujeres sometidos a esta prueba era la mayor resistencia de las últimas por sobre los primeros.

En suma, fueron 13 mujeres las que superaron las primeras fases de pruebas, de ahí el nombre de Mercury 13.

Antes de llegar a la tercera fase planificada de las pruebas, el programa fue cancelado por órdenes de la NASA, debido a que la última fase debía realizarse con su equipamiento.

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El documental recorre las instancias de lucha de muchas de las mujeres que habían participado e incluso su lucha en general por la igualdad de derechos entre hombres y mujeres que ya se estaba gestando en las calles de EE. UU. También menciona la actitud de una de ellas, la piloto Jacqueline Cochran, quien, a la hora de participar de una audiencia en el Congreso en relación con el caso, habló en detrimento del programa, diciendo que sería un desperdicio de dinero para la NASA reclutar a mujeres astronautas, debido a que “las perderían en el camino, debido al matrimonio”.

Para ese entonces, los requisitos para ser un astronauta, incluía haberse graduado del programa de pilotos militares de aviones de propulsión a chorro. Sin embargo, ninguna mujer era aceptada en la escuela de la Fuerza Aérea, por lo que ese requerimiento era imposible de cubrir para ellas.

A lo largo del documental me acordaba de alguna pelea en clase, en las que un compañerito varón discutía acerca de la mayor trascendencia de los varones por sobre las mujeres en la ciencia y los reproches de algunas de nosotras, argumentando que habían sido mayoría de varones quienes habían escrito los libros de historia oficial, así como las normas para entrar a las universidades y los laboratorios, por lo que la historia por completo era sesgada.

Hoy siguen resonando las frases de Simone de Beauvoir, que también habla de la trascendencia, como aquel proyecto que le da sentido a la vida y el sistema patriarcal dispuesto a oprimir (esa trascendencia) en las mujeres.

Si bien no puede decirse que, tanto el proyecto como el documental Mercury 13 sean “trascendentes” en el sentido que le damos a nuestra memoria visual y en los medios, es un aporte más a este despertar que nos muestra que, la lucha por la igualdad de derechos entre hombres y mujeres se da desde hace mucho tiempo y en los más diversos lugares. También nos recuerda que, a pesar de los avances, todavía queda mucho por luchar, si tenemos en cuenta que al hablar del patriarcado no nos referimos a “uno o varios hombres” que nos ponen piedras en el camino, sino a todo un sistema que tiene que caer.

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