Reseña: Logan Lucky

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Carrera extraña, dispareja, la de Steven Soderbergh. A fines de los 90, este realizador, surgido del cine independiente, con una Palma de Oro bajo el brazo, se encaminaba a tener inviernos (americanos) cargados de alfombras rojas y nominaciones. Puede que algo apresuradas. Pero estaba ahí, en ese trecho. Una pareja de filmes oscarizables como Erin Brockovich y Traffic, que se detuvieron abruptamente cuando Soderbergh decidió sumarse a la, en ese momento incipiente, ola de las remakes. La primera jugada era poco arriesgada, Ocean’s Eleven con un cast enorme, lleno de estrellas. Le salió decente. La segunda en cambio fue una movida casi imposible de que le saliera. Un clásico del cine como Solaris. No fue una catástrofe. Pero casi. Desde ese momento Soderbergh alterna buenas, malas e inentendibles. Logan Lucky es un poco de todas.

Los once de Jimmy

Jimmy Logan (Channing Tatum, también productor) es un originario de Carolina del Norte que por una herida en la pierna que le ocasiona renguera tiene problemas para conseguir trabajo. Su ex mujer (Katie Holmes) le exige lo que corresponde para la manutención de su hija (Farrah Mackenzie). Es así que Jimmy, con ayuda de su manco hermano y hermana (Adam Driver y Riley Keough), un experto en explosivos (Daniel Craig), los hermanos de este y varios más, diseñan un plan para robar toda la recaudación de dinero en efectivo del popular evento “600 millas de Coca Cola”, una carrera de NASCAR, donde en dos papelitos participan Sebastian Stan (el Winter Soldier de Avengers) y Seth MacFarlane.

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En una dinámica que ya habíamos visto en las películas de Ocean, el desarrollo se desarma en reclutamiento / preparación / golpe / plot twist / final. Su forma es tan similar que el guion se permite joder con eso, señalándolo como “el ocean’s eleven campirano”.

La onda

Con el paisaje campestre, llano y verde de esa zona del este de Estados Unidos, Soderbergh pone otra vez a un cast ensamblado que maneja bien la tensión que propone el relato, que juega entre la comedia deadpan y la película clásica de atracos. El mayor problema es que Soderbergh ya hizo esto, y tres veces. Y podríamos argumentar que lo hizo en su mejor momento personal, rodeado de un cast mucho más atractivo e importante, y con un resultado final más satisfactorio. Donde Ocean’s Eleven es hilarante, Logan Lucky es apenas entretenida. Le falta humor, le sobran personajes. Channing Tatum, un favorito personal, no es George Clooney, y Adam Driver –al que considero un buen actor algo encasillado– no es Brad Pitt. Siento que Daniel Craig está en la película porque estaba filmando otra cosa por la zona. No entiendo por qué decide llamar a Hilary Swank para hacerla aparecer diez minutos al final de la película. Tampoco es clara la participación de MacFarlane como dueño de una escudería, ricachón engreído, con acento británico. Son decisiones que generan inquietudes.

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Conclusión

Discutir la capacidad o calidad de Steven Soderbergh como realizador no tiene sentido. Es un muy buen director, no convencional, que no ha sido coherente en su ruta como creador y que desde Sexo, mentiras y video ha alternado películas de autor, semi tanques, pelis oscarizables y remakes. Es probable que haya una decisión sumamente personal en el devenir de su carrera y es aceptable. Logan Lucky es una muestra cabal de eso. Una película medianamente entretenida a la que le sobra media hora, un par de actores y le falta un mensaje claro.

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