Riverdale: Más que Archie

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En acto de confesión quiero iniciar estos párrafos contándoles que la razón por la cual empecé a ver Riverdale es porque me sumé a la horda de lectores de este clásico del cómic americano cuando me enteré de que su reboot iba a venir de la mano de una dupla artística bestial: Mark Waid en guion y Fiona Staples en lápices. Me sorprendió muchísimo que ese par de nombres se sumara a un producto artístico que siempre consideré muy menor, muy americano, y muy naif. Y entonces leí sus primeros números. Y me parecieron brillantes. Una mezcla genial de humor, sentimiento, personajes entrañables y muchísima pasión en la construcción de los guiones. Pero esta no es una revista donde se reseñen cómics, sino series y películas, y por ende me tengo que enfocar en explicarles cuál es la cuestión con Riverdale, así, sin cursiva.

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Hay una razón central para que la serie se llame como la ciudad que encapsula a sus protagonistas y es porque la gravedad del conflicto no se sostiene en los anchos hombros de Archie Andrews (K. J. Apa), protagonista excluyente de su homónimo cómic. Incluso diría que su primera temporada, subida a Netflix, lo tiene como un personaje un tanto secundario por momentos, siendo mucho más protagonista su mejor amigo, Jughead (un sorprendente Cole Sprouse al que recordarán como el hijo de Ross, en Friends), el cual maneja la voz en off de un relato que arranca de una manera muy particular.

En un plano muy preciosista vemos a una pareja de pelirrojos adolescentes, chico y chica, vestidos de punta en blanco, caminando hacia el río Sweetwater, subiéndose a un bote que el pelirrojo chico remará. Solo la chica volverá. Y la muerte, por supuesto, por ahogamiento del joven desatará una crisis en el pequeño pueblo de clase media de la América profunda donde todos jugarán un papel.

Riverdale

Betty Cooper, la eterna amigovia de Archie (interpretada por Lily Reinhart que, en su look, podría ser una versión adolescente de Edie Falco), también tiene un enorme grado de protagonismo como la hija presente de una familia muy cuidadosa de la apariencia de normalidad y perfección que exigen siempre estos suburbios americanos.

Riverdale toma la plantilla de una plétora de series anteriores donde podríamos poner a Friday Night Lights, Scream, Bates Motel, Wayward Pines, Top of the Lake y cien más que, en mayor o menor calidad y dentro o no del género mismo, tienen de inspiración a Twin Peaks. Muchas de este tipo de series manejan un código común de que, probablemente, estén basadas en la realidad. Suele haber un par de familias ricas, una de apellido noble, otra que “se hizo”. La familia del protagonista, en general, es de clase media trabajadora. Puede haber algún periodista o policía en el círculo principal o que tenga la investigación como parte fundamental de su trabajo. Todas las partes esconden secretos importantes asociados a la historia del pueblo que se remontan a varias generaciones. Riverdale es una conjunción de todos esos tropes o dispositivos argumentales ensamblados de manera más que correcta.

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Archie Andrews es hijo de Fred Andrews (Luke Perry del cual me explayaré en unos párrafos más adelante), dueño de una empresa de construcción, en proceso de divorcio amigable con su esposa (Molly Ringwald). Archie que pasó el verano trabajando con su padre, es ahora un tipo popular, lleno de músculos, a punto de ser capitán del equipo de futbol americano de la secundaria, hecho que entra en conflicto con su deseo de dedicarse a la música.

Betty Cooper es hija de Alice y Hal (Mädchen Amick y Lochlyn Munro, a quienes vieron en dos millones de lados haciendo prácticamente los mismos roles), dueños del periódico local. A su vez, Betty maneja el periódico escolar, entre sus otras mil tareas. Betty es la típica chica diez. En todo aspecto. Pero esconde un lado oscuro.

Veronica Lodge (Camila Mendes) es hija de Hermione y Hiram (Marisol Nichols y Mark Consuelos, ibidem), la familia rica vía sueño americano, que está algo caída en desgracia tras los fraudes de Hiram.

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Jughead Jones es hijo de FP Jones (Skeet Ulrich, magnífico), y son los pobres, siendo FP una suerte de Jax Teller en un Sons of Anarchy venido a menos.

Cheryl Blossom (Madelaine Petsch), la pelirroja del comienzo, es hija de Penelope y Cliff (Nathalie Boltt  y Barclay Hope), los dueños del imperio del Maple de Riverdale.

Tenemos entonces, a todos los representantes de las clases sociales, desde los casi parias de la sociedad hasta la aristocracia local. Todos ellos entremezclados a base de haber pertenecido al mismo pueblo desde el albor de los tiempos y haber ido a la misma secundaria. Esa construcción, el asesinato de Jason Blossom, heredero del imperio y hermano gemelo de Cheryl, es el puntapié para que estallen los dramas históricos entre los apellidos.

Chapter Twenty-Two: Silent Night, Deadly Night

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Poco separa a algunas telenovelas de estos shows. El tratamiento visual, en el cual me quiero detener, es uno de ellos. Riverdale es una serie Instagram. Parece filmada con el HDR prendido. Me gusta pensar que es a propósito. Que todo brilla y contrasta de manera tan pulcra y preciosista como recurso visual. En el brillo extremo se esconden muchas cosas turbias. No es algo que no hayamos visto en la nueva ola del misterio y el noir escandinavo, del cual muchas de estas series también toman inspiración. La profusión de escenarios exteriores también la distingue de las telenovelas típicas, donde todo parece ocurrir en livings y habitaciones. Y por último, las actuaciones. Si bien es cierto que Riverdale tiene su digna parte de personajes exagerados, como Cheryl, también sorprenden las actuaciones de algunos de sus intérpretes. Me quiero detener en lo mucho que me agradó la interesante representación de Luke Perry, otrora rebelde teen, como el centrado y responsable padre de Archie. Y quiero sumar a Skeet Ulrich que como el padre de Jughead la rompe toda con contrapuntos notables tanto con su hijo como con Fred.

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Por supuesto, en orden de estirar la trama, se inventan situaciones ridículas que no escapan para nada al contenido que esperamos de cualquier producto del infame Greg Berlanti y su relación indigna con CW. Sin embargo, estos momentos, que no existirían si no hubiera habido antes un Beverly Hills 90210, un The OC o, incluso, un Gossip Girl, no llegan a lastimar de gravedad a una serie totalmente atrapante por mérito propio.

Hace unos días leí en una web que uno de los géneros que estaba muriendo en el cine era el de “quién lo hizo”. Y es cierto, es difícil recordar más de cinco películas actuales que sean de averiguar quién fue el asesino. Mucho tiene que ver que en el universo televisivo, hoy hay una buena cantidad de series del género haciendo las cosas de manera decente. Riverdale, por ahora, es uno de esos productos.

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