LA RAGE DU DÉMON: HUMO Y ESPEJOS. EL MOCKUMENTARY COMO REIVINDICADOR DEL CINE DE GÉNERO

¡Señoras y señores, lo que van a ver es todo humo y espejos!
Palabras pronunciadas por Georges Méliès
antes de sus proyecciones cinematográficas.

 

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En La broma infinita (1989), la pantagruélica novela del escritor suicida David Foster Wallace (1962-2008), se habla de una película experimental, que se titula igual que el libro, dirigida por el personaje James Incandenza –suicidado, al igual que el autor de esta novela– que es capaz de enloquecer a sus espectadores, obligándolos a verla una, y otra y otra vez, perdiéndolos en una espiral obsesiva que los hace olvidar de los aspectos más básicos de la vida y los lleva a una muerte inevitable. Se trata de una supuesta arma psicológica extravagante del gobierno unificado de Canadá, México y los Estados Unidos (ONAN).

La casa de hojas es una novela experimental escrita por Mark Z. Danielewski, una historia metaficcional, que cuenta la historia de otro libro que a su vez habla de otro libro que analiza un supuesto documental –una película oscura, extraña e imposible titulada El expediente Navidson– filmado por al artista Will Navidson, que trata sobre una casa con una anomalía arquitectónica sobrenatural, y la obsesión que causa esa historia en quienes la leen.

Hay también una película maldita y experimental que causa efectos irreversibles en sus espectadores en esa obra maestra de la ciencia ficción dirigida por David Cronenberg en 1983. Ambas películas –la ficticia y la real– se llaman Videodrome.

Ringu (1998), de Hideo Nakata, es una de las películas emblemas del J-Horror y su trama incluye una cinta de video maldita que contiene una película, o para ser más exacto, un cortometraje experimental finihario –recomiendo a cualquier alma cinéfila, amante del horror, investigar sobre los videos finiharios– que hará que cualquier espectador que la haya visto muera al cabo de una semana.

Los objetos malditos son una constante en los relatos de horror. Cuando la maldición no provenía de una mano de mono lo hacía desde las páginas de un libro, y con el paso del tiempo, el avance de la tecnología y el nacimiento el cinematógrafo, también se agregaron a la lista las películas y los videos malditos, que se volvieron una constante en el cine y la literatura de género.

Todo amante del terror sueña con que alguna vez aunque sea uno de de estos objetos se vuelva real.

¿Qué lector de Lovecraft no querría que el Necronomicon fuera de verdad un libro maligno escrito por el árabe loco Abdul Alhazred?1 ¿A qué cinéfilo curioso no le gustaría que existiese realmente una película maldita que vuelva loco a sus espectadores y que se supone que fue filmada por el mismísimo Georges Méliès a inicios del 1900?

Bien, de eso trata justamente La rage du Démon, un documental dirigido por el francés Fabien Delage, que intenta develar los secretos de una película maldita y perdida que lleva un título homónimo.

“El 9 de julio de 2012 en el noveno distrito de París, el icónico Museo de cera Grévin tuvo una proyección privada de una película muy rara, organizada por el coleccionista americano Edgar Aaron Wallace. Varias celebridades asistieron a la premier, aun cuando Wallace no había revelado el nombre de la cinta. Aun así, argumentó haber encontrado una legendaria pieza silente codiciada por muchos”, nos dice una voice-over en los primeros minutos de la película como para empezar a ponernos en clima. Se trataba de una película que nadie había visto aún en el siglo XXI, un cortometraje extraño, controvertido, y sobre todo peligroso.

Vincent Thépaut, empleado del museo, encargado de las reservaciones, cuenta: “Si recuerdo bien, vi un demonio en la pantalla. Un esqueleto con cuernos de demonio que desaparecía y reaparecía a las personas. Estaba hipnotizado por la película. Se había desatado la locura. Sentí como si las imágenes me impregnaran”.

Con ayuda de material de archivo y entrevistas a expertos, periodistas y realizadores de renombre, el director intenta reconstruir lo que sucedió en esa función de la que quizá sea la película más controvertida y poderosa de la historia del cine. Entre los entrevistados destacados aparecen Alexandre Aja, director de la imprescindible Haute Tension (2003) y la remake de The Hills Have Eyes (2006) y Christophe Gans, quien además de Pacto de lobos (2001), Silent Hill (2006) y Crying Freeman (1995), dirigió uno de los segmentos que componen la película H. P Lovecraft’s: Necronomicon (1993).

Todos los asistentes a esa función tienen recuerdos confusos, caóticos, fragmentos desesperantes de un puzzle a medio camino entre el miedo y la repulsión. Pero todos coinciden en un recuerdo en particular que no pudieron borrar de sus retinas y su memoria: la aparición en pantalla de un hombre disfrazado de demonio que coincidió con la explosión de una especie de histeria colectiva que comenzó a transmitirse como un virus, una especie de fiebre de odio inexplicable que desbordó a los espectadores, quienes comenzaron a destruir el lugar y golpearse entre ellos en un frenesí de violencia.

Pero apenas se detuvo la proyección, todos recobraron la cordura. Nadie entendía qué había pasado, la sala quedó destroza e incluso hubo una persona fallecida por infarto. La copia de la película desapareció, sin dejar rastros, y aunque Edgar Wallace juraba no haber escondido la copia, fue detenido por ser considerado el causante de los disturbios.

Es una historia –y perdón por el oxímoron necesario– perturbadoramente hermosa, demasiado increíble para ser real. Lo cierto es que La rage du Démon es un falso documental.

Mockumentary/Falso documental. El arte de engañar

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Llamamos mockumentary al subgénero del cine de ficción que utiliza las herramientas y los recursos técnico-narrativos del cine documental para crear una obra de ficción disfrazada de documento audiovisual real, a través de películas críticas, satíricas y paródicas en su gran mayoría.

Mockumentary es un acrónimo que unifica dos lexemas (mock = burla, mentary = documental) para formar una palabra única y con significado propio. El término fue acuñado por el director Rob Reiner (Stand by Me, When Harry Met Sally, Misery) al referirse a su película This is Spinal Tap (1984).

Los falsos documentales en general son películas lúdicas que involucran al espectador y lo obligan a tomar un rol activo para entender hasta dónde se han corrido los límites de la realidad. ¿Qué es falso? ¿Qué es real? ¿El material de archivo es ficticio o solo fue sacado de contexto? ¿Hasta qué punto no es cierto lo que estoy viendo? Son algunas de las preguntas que suele hacerse el espectador.

Los mockumentaries se caracterizan por reciclar y alterar de manera parcial, y en muchos casos total, la imagen, pero sobre todo por la manipulación del discurso que expone ante el espectador. Construyen un simulacro de representación, utilizan o imitan los recursos del documental –material de archivo, entrevistas, puestas sobrias en entrevistas controladas y cámara en mano en lo que se supone que es improvisado o “de guerrilla”–, pero también utilizan herramientas de la ficción: guiones cerrados, incluso en algunos casos guiones de hierro, actores, archivos falsos, situaciones recreadas, falsa intertextualidad (inventar referencias, citas, autores y obras que no existen), recreación de tonos, colores texturas y material fílmico alterado para la ocasión.

La rage du Démon esconde tras su fachada de mockumentary al uso unas intenciones más bien históricas, didácticas e incluso reivindicativas, con herramientas del lenguaje cinematográfico que constantemente interpelan al espectador con su juego de humo y espejos, de verdades mezcladas con mentiras y ficción yuxtapuestas para crear una verdadera carta de amor al cine que con el correr de los minutos se convierte en apología de la figura de Georges Méliès, una original manera de reconocer su importancia capital para el cine de género –filmó películas de terror, comedia, fantasía y ciencia ficción– y para el séptimo arte en general.

Delage repasa a través de este falso documental parte de la biografía de uno de los más grandes cineastas de la historia, analiza sus técnicas, su forma de narrar y de trabajar la puesta en escena, y lo cuenta todo desde un punto de vista atrevido que elige el espectáculo, los secretos y la ilusión antes que la solemnidad de las biografías clásicas.

Al igual que la propia filmografía de Méliès, este mockumentary rebosa de fantasía, misterio y terror. Méliès amaba los géneros, y si hubiese tenido que filmar esta misma película, posiblemente hubiese recurrido a los mismos elementos fantásticos, lúdicos y misteriosos que utilizó Delage.

La rage du Démon es la reivindicación de un director que amaba contar historias, un prestidigitador al que le interesaba más la magia y el cine antes que el dinero.

Una de las cuestiones que busca develar la película es el motivo por el cual la película de Méliès genera ese efecto en los espectadores. ¿Se trata de una maldición? ¿Es algún tipo de proceso químico, un polvo o virus que se libera al abrir las latas de rollos fílmicos? ¿O quizá fue Méliès el primer director en utilizar mensajes subliminales en forma de imágenes fulminantes?

Delage aprovecha el misterio para abordar cuestiones técnicas sobre el montaje y los equipos utilizados por Méliès y así sumar una capa más de interés que enriquece su relato.

Las imágenes subliminales eran algo técnicamente imposibles en aquella época. Georges Méliès filmaba sus películas con la primitiva William Paul´s Theatrograph Projector N° 2 Mark 1, una cámara rústica que capturaba entre 16 y 30 cuadros por segundo, siempre y cuando la manivela fuera girada de forma continua. Para que las imágenes subliminales funcionen y queden grabadas en la mente del espectador sin que este lo note, deben durar cuanto mucho una fracción de segundo, un efecto que solo se puede lograr durante el montaje. En 1897 el montaje era mucho más rudimentario de lo que es en la actualidad, y era imposible hasta para un prodigio del arte cinematográfico como Méliès incluir ese tipo de imágenes tan breves. “Estaba adelantado a su tiempo, pero no tanto”, asegura el supuesto teórico de cine y autor de un libro inexistente André Puiseux.

Film maudit

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Méliès realizó varias películas divertidas pero de temática oscura, cargadas de elementos esotéricos. Entre 1896 y 1897 dirigió Le manoir du diable, Faust et Marguerite, L’hallucination de l’alchimiste y L’auberge ensorcelée, historias de terror, misterio y fantasía inspiradas en el ocultismo.

Se supone que las conexiones de Méliès con el ocultismo vienen de la mano del pedagogo, médium y escritor francés Allan Kardec, autor del libro ¿Qué es el espiritismo? (1859). Según Suzanne Simonet, una supuesta especialista en literatura espiritista, en el texto Réminiscence de vie future, de Gabriel Delanne, espiritista francés y amigo de Kardec, se develan los lazos de Méliès con esta extraña doctrina, de donde sacó varias ideas para sus películas más oscuras.

Pero a pesar de estos antecedentes, en el mockumentary se plantean serias dudas sobre la autoría de La rage du Démon. En los primeros años del cine no existían los derechos de autor, por lo que las películas eran copiadas sin pudor. Un gran ejemplo lo encontramos en la obra del pionero español Segundo de Chomón y su Excursion dans la lune (1909), casi una remake del famoso Voyage dans la lune (1902), de Méliès. Se sopesa la posibilidad de que La rage du Démon haya sido obra de un imitador, y es aquí cuando ingresa a la trama la figura de Victor Sicarius, colega y amigo de Méliès, un fotógrafo espiritista con una vida trágica y oscura, quien tuvo acceso a los equipos y escenografías del director francés y aprendió sus técnicas cinematográficas, por lo que algunos aseguran que es el candidato ideal detrás del oscuro cortometraje.

La expresión film maudit –“película maldita”, en idioma francés– fue acuñada originalmente por Jean Cocteau, en 1949 en el festival de cine de Biarritz, dedicado a la recuperación de películas incomprendidas, marginadas y perdidas en el olvido. En el caso de La rage du Démon, se trata de una película maldita literalmente hablando, una obra escurridiza que solo fue vista en 3 ocasiones:

  • El funesto estreno parisino en 1897, que dejó un saldo de varios muertos y una sala destruida.
  • En 1939 en Estados Unidos, antes de la premier de Miracles for Sale2, la última película del director Tod Browning (Freaks, Mark of the Vampire, West of Zanzibar), con consecuencias trágicas.
  • La proyección especial en el Museo de Cera parisino en 2012, con un desenlace idéntico a los de 1897 y 1939.

¿Es coincidencia que La rage du Démon reaparezca siempre donde y cuando afloran las crisis? ¿Es casual que solo se haya proyectado una vez en cada siglo desde su creación, siempre con resultados fatales? “Es como si la película decidiera aparecer cada vez que hay alguna crisis, o tal vez la maldición fue invocada por Victor Sicarius, para que la película trajera una crisis”, dice extasiada Suzanne Simonet para reforzar la idea de la maldición que impregna sus imágenes.

El arte que podía romper la continuidad del espacio-tiempo

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Méliès realizó alrededor de 520 películas, de las cuales al menos 200 fueron recuperadas, razón por la que se sabe que existe un gran porcentaje de títulos perdidos. El periodista y crítico de cine Jean-Jacques Bernard dice una frase que tal vez resuma el espíritu del falso documental de Delage: “Perder una película es muy triste, es algo terrible para cualquier cinéfilo la desaparición física de una película. Me rompe el corazón saber que una película exista pero no puedes verla porque está perdida”. De esto se trata, finalmente, La rage du Démon: es un alegato de amor por el cine, por el fílmico, por los formatos clásicos, un homenaje a Georges Méliès, a la magia y a la tremenda influencia que ejerce el séptimo arte en el ser humano.

El director francés Alexandre Aja expresa cerca del final del mockumentary: “Creo que las imágenes y el cine pueden romper la continuidad del espacio-tiempo. Nuestras conciencias que desarrollamos sobre el espacio-tiempo pueden ser un poco reducidas. Quizá el cine pueda expandirse a otra dimensión. Y una película que podría ir más allá del mero elemento visual tendría un profundo impacto en el alma de la gente. Ese es el gran secreto. La persona que lo logre tendrá un poder más grande que el cine mismo”.

Si tengo que ser honesto, no sé si Aja realmente fue sincero o solo dijo esa frase para sumarle misticismo a este falso documental.

Yo elijo creer en sus palabras y adoptarlas como lema, porque creo con sinceridad que el cine es una de las artes más poderosas y mágicas creadas por el ser humano.

 

  1. Hasta qué punto será así que, a pesar de que el propio H. P. Lovecraft en más de una ocasión explicó que el Necronomicon era un invento de su febril imaginación, pura ficción para alimentar sus mitos de horror cósmico, aún hoy hay quienes aseguran que este grimorio es real y supuestos cazadores de libros ocultistas andan tras sus huellas alrededor del mundo. Incluso existe una secta mágico-esotérica llamada Typhonian Orod Templi Orientis, que se dedica a invocar entidades extraterrestres de otras dimensiones en actos de magia ritual, utilizando los conjuros del Libro de los muertos escritos por un personaje ficticio.
  2. La rage du Démon está plagada de easter eggs, como por ejemplo que la película de Tod Browning, Miracles for sale, está protagonizada por un ilusionista profesional que, al mejor estilo James Randi, se dedica a desenmascarar a los médiums y espiritistas, o que el nombre del ficticio coleccionista que encontró y proyectó la copia en 2012 (Edgar Wallace) es el mismo que el de un prolífico escritor de novelas de misterio y thriller.

 

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