Jessi From The Block 2

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Déjenme sacarme algo del sistema: todo lo bien que se está haciendo en el MCU de la mano de Feige y otros ilustrados se deshace de a poco en su supuestamente compartido universo de series. En particular, las series de Netflix, sacando The Punisher, están sufriendo un retroceso cualitativo que sorprende, y se lamenta. Nuestras primeras reseñas al respecto, la de Daredevil, del Negro Acevedo, y las propias, fueron altamente elogiosas. Había una conjunción de oscuridad, buenos guiones, villanos a la altura, actuaciones superiores que hoy cuesta encontrar. Si a eso le sumamos que a todas las series les sobran alrededor de cuatro episodios, el resultado no va a ser agradable.

La serie

Sin embargo, por el enfoque “serie de detectives” que tiene Jessica Jones, se las arregla para ser medianamente entretenida por momentos, aunque quizá le falte alguna secuencia de trabajo detectivesco al cual el espectador está más acostumbrado. Los creadores no se deciden a hacer de Jessica Jones una serie del todo alejada del espectro superheróico (quizá por miedo a perder esa porción de público) y hacerla por completo Sherlock Holmes en Nueva York. Será por Elementary. En cualquier caso, a esta segunda temporada de la serie le sobra espesor dramático pero le falta un villano de peso. Y la respuesta al por qué es simple: sacando a Kilgrave, Jessica no los tiene. Su cómic Alias –que Brian Bendis terminó recientemente para irse a escribir Superman a DC– está enfocado en el trabajo detectivesco. Usa sus recursos sobrehumanos para resolver situaciones en las cuales no alcanza con solo su mente brillante. Su primera temporada es excelente porque conjuga esa necesidad, con quiebres dramáticos muy logrados, y un villano que le disputaba el protagonismo de manera decente. Había una correlatividad con la primera temporada de Daredevil. Esa correlatividad pareció continuarse en la primera mitad de la temporada de Luke Cage y el hermoso mafioso que compuso Ali Mahershala, y la primera mitad de la segunda temporada de Daredevil. Y después se fue todo al garete.

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En este regreso, Jessica (Krysten Ritter), ya con Malcolm (Eka Darville) como ayudante full time, se ve arrastrada a una investigación que no desea llevar a cabo por culpa de Trish (Rachael Taylor) que está empecinada en descubrir qué fue lo que le pasó a Jessica tras sufrir el accidente que la dejó sola en el mundo y con poderes que no puede explicar. La corporación IGH es responsable, pero su existencia es fantasmal. Esta línea argumental principal se nutre de subplots poco interesantes por cada personaje. Trish Walker y sus adicciones. Jeri Hogarth (Carrie-Anne Moss de lo mejorcito) y sus problemas tanto en el estudio de abogados como personales por una enfermedad terminal que le diagnostican. El conserje latino (Oscar Arocho) inventado para cumplir la cuota y los mambos con su ex esposa. La Agencia de detectives de Pryce Cheng (Terry Chen), que quiere robarle casos a Jessica. A lo largo de los eternos trece capítulos, estas subtramas se van contando y desarrollando para aportar absolutamente nada al argumento principal que, encima, tiene su gran explosión en la mitad de la serie, dejándonos otra vez un largo trecho por delante que se supone que tiene que ser de desarrollo de los personajes, pero termina repitiendo el mismo patrón que en la primera temporada. Allí, sorpresivo y agradable. Aquí, repetido y medianamente soporífero.

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Los dramas

A Jessica Jones, si lo que contó Krysten Ritter es cierto y ya no hay más Defenders (un enorme error de Marvel sería), le convendría convertirse en una serie de fórmula. Un caso a resolver por capítulo y un gran caso a resolver por detrás. Lucifer es exactamente esto y sin estar a la altura en ciertos aspectos, termina siendo mucho más entretenida. La segunda temporada de Jessica Jones sufre de dos cuestiones fundamentales. Le sobran casi media docena de capítulos y la trama principal, que es la única trama que en realidad interesa, está contada de manera extraña con un clímax que se alcanza en los capítulos seis y siete. El resto termina siendo lo mismo que en la primera temporada, que por las inseguridades y problemas personales de la protagonista, cae en indecisiones y fallas que terminan generando complicaciones a todo el universo de personajes, que a su vez también yerran frecuentemente. Eso no es un plot. Eso es un juego de rol.

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Los personajes terminan desarrollándose y construyéndose (o reconstruyéndose) más por una serie de impericias que por descubrimientos o crecimientos personales. Jessica parece estar armada para hacer siempre el mismo pathos ridículo de piba insufrible pero súper inteligente a mujer llena de inseguridades que no sabe para dónde disparar. Y ninguna de esas personalidades es atractiva en la pantalla. En esta segunda temporada en particular, su enojo, su ira, es tan inentendible que de forma constante nos encontramos parados en el lugar de sus contrapartes. No es que esté mal el enfoque si fuera algo buscado desde el guion. Pero no lo es. Porque la mayoría de los personajes que acompañan a Jessica también son bastante detestables la mayoría del tiempo que llevan el peso de la puesta. Aparte de que les falta algún tipo de consistencia en su forma de ser. En este punto es donde Carrie-Anne Moss se destaca bastante sobre el resto con su Jeri Hogarth que merece pender de una caverna. Que no se malentienda, no se habla de las interpretaciones, dado que todos los intérpretes de Jessica Jones hacen un muy buen trabajo con lo que les dan. Krysten Ritter y Rachael Taylor tienen contrapuntos muy interesantes desde lo ideológico y desde lo emocional. Es el guion que no da las respuestas a ciertas reacciones muy puntuales que tienen los personajes en secuencias distintivas y relevantes.

Conclusión

Quiero retomar lo que escribí en el párrafo introductorio: las series de Marvel en Netflix están en una situación actual decadente. Iron Fist, Defenders, esta segunda temporada de Jessica Jones más las segundas mitades de Luke Cage y la segunda de Daredevil son un número muy importante de desvíos de un universo que prometía ser fabuloso. Creo que la propuesta comenzó muy arriba y se deshilachó cuando no hubo una idea en conjunto. Por eso mismo, Defenders es una catástrofe.

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Esta segunda temporada de Jessica Jones está a años luz de su primera. Se hace eterna hasta el capítulo seis, y aunque después levanta, ya queda la sensación de asunto terminado. Da un poco de pena porque esta serie era una propuesta distinta. La que no se resumía en repartir roscazos. La que podía invitar al espectador a contemplar una serie basada en un cómic mainstream desde otro lado. A años luz de esto está Lucifer que, marginalmente, lo hace mejor. Tiene crédito para repensarse.

En el saldo positivo, mucha presencia femenina en la dirección de capítulos que a la vez, resultan muy bien filmados. Es una nota que no hay que dejar de resaltar.

 

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