Reseña: Goon 2, Last of the Enforcers

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La comedia no es un género fácil. Stephen King, maestro de otro en particular muy alejado de las risas nos dice, palabras más palabras menos, que cualquier tonto puede crear un castillo de naipes y después tirarlo abajo, pero que se necesita a un verdadero genio para hacer reír. El tema es que no a todos nos hace gracia lo mismo. Me encuentro todo el tiempo rodeado de amantes de las comedias de Ben Stiller, auténticos fanáticos de Zoolander. Y aunque reconozco que debe ser brillante a su manera, a mí no me produce ni una mísera carcajada.

Sin embargo, cuando hace años vi la primera de Goon, no solo me reí como un esculapio, sino que atiné a pensar que era una de las mejores comedias de los últimos 20 o 30 años, injustamente pasada por alto. Esta secuela, como suelen ser muchas secuelas, no es mejor. Pero tampoco es peor.

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El paso al costado

Jay Baruchel, de la banda de amigos de Seth Rogen, no solo se encarga de guionar, sino que también debuta como director, y sale muy bien parado con una historia que es de esperar. El héroe de nuestra película, Doug “The Thug” Glatt (Seann William Scott), es nombrado nuevo capitán del equipo de hockey sobre hielo de los Halifax Highlanders antes del partido en que es seriamente lesionado por Anders Cain (Wyatt Russell), la estrella del equipo rival que, casualmente, es hijo del presidente de los Highlanders. Doug tiene una seria rehabilitación en la cual se entera que Eva (Alison Pill) está embarazada. Las discusiones por el riesgo de volver a su rol de “goon” en el equipo logran que Doug se retire del hockey y tome un trabajo en una compañía de seguros.

En el ínterin, los Halifax Highlanders contratan a Anders, a quien su padre le otorga inmediatamente la capitanía del equipo a pesar de saber que el jugador tiene serios problemas mentales.

En un subplot hermoso, vemos al ya retirado Ross “The Boss” Rhea (el genial Liev Schreiber), el antagonista de Doug en la primera película, participar de una liga de peleas de hockey. Básicamente, son ex goons de equipos, haciendo eso. Patinar hasta el rival, tirar los guantes y cagarse a piñas durante un rato hasta que uno se rinde, se desmaya o se muere.

Las tres líneas, con mucha agilidad, confluirán en un punto como lo hacen los jugadores a la hora de los golpes.

La película no ahorra sangre ni brutalidad en las peleas, y es curioso lo bien que están filmadas las peleas para ser una comedia. El rigor de los encuadres para sentir la potencia de cada golpe de los personajes. Los baldazos de sangre que contrastan con el hielo frío de las canchas. Todo aderezado con el humor muchas veces excedido que busca enervar al espectador. Los que se avergüencen fácilmente van a desviar los ojos en cada escena en que participen los rusos o el mismo Baruchel, que repite su papel como el mejor amigo de Glatt, aunque con muchísima menos relevancia.

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Conclusión

Seamos francos, Goon 2, así como la original, no va a cambiarle la vida a nadie. No es la idea, incluso, cuando ambas escondan temas importantes por detrás. En la primera, la superación personal. En la segunda, el sacrificio (por el equipo, la familia…). Lo que sí busca la película es que te cagues de la risa, y por lo menos conmigo, lo logró. Si me baso en las honestas (y modestas) palabras de King, podría decir sin ruborizarme que para mí, Baruchel y Chabot (el otro guionista) son dos genios.

Disponible en Netflix.

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