Suburbicon: ¿Clooney coenizado?

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Nos podríamos preguntar si para ser un buen director se necesita tener un sello propio, que cuando veamos una película suya sepamos quién está detrás de las cámaras. O incluso que cuando veamos obras de otros autores, pensemos “está imitando a X director”. Hablo de gente como Quentin Tarantino, Tim Burton, Stanley Kubrick, Wes Anderson, Guy Ritchie… o los hermanos Coen.

En este último caso hemos podido ver como diversos autores han querido, de forma totalmente intencionada, imitar su estilo. Tenemos el ejemplo de la adaptación a la pequeña pantalla de su película Fargo. Todos estábamos de acuerdo con que la serie tenía un estilo inconfundiblemente ‘coeniano’. Noah Hawley –con los Coen de productores– se encarga de manera excelente de añadir personajes estrambóticos, situaciones que van de mal en peor y un humor muy negro.

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Y el año pasado nos encontramos con Suburbicon, una película de George Clooney con libreto de Joel y Ethan Coen (con modificaciones de Clooney y Grant Heslov). El actor tiene una filmografía como director en la que destacan obras muy serias y con cierto aire político-ideológico como son Buenas noches y buena suerte, Los Idus de marzo o The Monuments Men. Es verdad que también ha realizado comedias: Confesiones de una mente peligrosa o Leatherheads, pero esta vez ha querido cambiar ligeramente de registro y ofrecernos algo diferente. Desgraciadamente, sin mucho acierto.

La película empieza muy bien con un pequeño vídeo introductorio, imitando el estilo publicitario de los años 50 en el que se nos presenta Suburbicon, un bello suburbio lleno de paz y tranquilidad, donde nunca pasa nada… o eso creíamos. Todo se empieza a torcer cuando los Mayers, una familia afroamericana, se mudan a la zona. Paralelamente sus vecinos, la familia Lodge (Matt Damon, Julianne Moore y Noah Jupe), sufren un asalto que les cambiará sus vidas por completo.

Nos encontramos con una mezcla de géneros que no termina de funcionar. Saber combinar la comedia y el drama no es tan fácil como parece. Martin McDonagh lo consiguió recientemente con la brillante Three Billboards Outside Ebbing, Missouri. Pero en la cinta que nos ocupa lo que vemos es un inicio con un tono muy interesante, seguido de un montón de escenas bastante planas para terminar con un par de buenas escenas de acción, especialmente en las que se juega con la violencia fuera de campo. En definitiva una mezcla de géneros irregular y mal llevada.

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En la película se habla (o más bien se ríe) del sueño americano. Pero de forma más concreta profundiza en dos temas: el racismo y el crimen doméstico. Puede que el tema del racismo se haya acentuado en la era Trump –solo hace falta ver la última gala de los Oscar, con The Shape of Water y Coco como vencedoras de la noche–, pero creo que es un tema que ya se viene dando desde hace más tiempo. Cuando Clooney no está rodando es todo un activista, apoyando varias causas. Y también hemos podido ver en sus películas como ha querido hablar de ciertas injusticias como la caza de brujas, la apropiación de arte por parte de los nazis o, en este caso, el maltrato a la gente de color.

En cuanto al crimen doméstico, es un tema que hemos podido ver en trabajos anteriores de los Coen, como Fargo. Sin embargo, en Suburbicon vemos como nada es lo que parece. La verdad es que el giro de guion no me lo esperaba y acaba siendo de las pocas cosas positivas del film.

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Dos temáticas y también dos historias paralelas, la de los Mayers y la de los Lodge, que no se acaban de unir correctamente y que hace que el hilo argumental de la historia falle. El director le ha querido añadir a la típica trama de los Coen una historia basada en hechos reales sobre el maltrato de los vecinos a una familia de negros. Y aunque me parece bien que se haya querido añadir más capas a la historia y hacer una crítica social, lo que le ha aportado Clooney al guion desgraciadamente no encaja.

Del reparto, los villanos no tienen carisma y los protagonistas tampoco destacan especialmente. Matt Damon y Julianne Moore, sin estar mal, realizan una actuación que nunca encontrarás en la lista de sus mejores películas. Sin embargo, el joven y prácticamente desconocido Noah Jupe me sorprendió gratamente.

Por suerte, no todo es malo. La aparición de Oscar Isaac es casi anecdótica pero nos demuestra que estamos ante uno de los actores del momento, muy versátil y capaz de realizar multitud de registros. Puede que la mayoría lo reconozca por su trabajo en las últimas entregas de Star Wars pero sin duda yo me quedo con su personaje de Ex Machina.

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La banda sonora corre a cargo del recientemente oscarizado Alexandre Desplat. Su trabajo consiste en ofrecernos una ambientación de los años 50 que mezcla lo idílico con el suspense, pero siempre desde una vertiente casi caricaturesca. Si bien nos encontramos con varios temas muy interesantes, el uso de algunas canciones en ciertas escenas no me termina de convencer. Pero eso puede ser una apreciación muy personal de alguien que nunca logra entrar 100% en la película.

De la fotografía se encarga Robert Elswit, un veterano director de fotografía que suele trabajar con Paul Thomas Anderson –ganó el premio de la Academia por Pozos de ambición– e incluso estuvo nominado por Buenas noches y buena suerte. En este caso su trabajo, junto al diseño de producción de James D. Bissell nos teletransporta a la época en la que acontecen los hechos.

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Parecía que la combinación de un gran reparto, un guion de los Coen, una banda sonora de Alexandre Desplat y una fotografía de Robert Elswit deberían dar como resultado una buena película pero como vemos aquí, no siempre es así. No es que estemos ante una mala película, pero es totalmente olvidable, y eso no es nada bueno. Nos quedaremos siempre con la duda de qué hubiera pasado si los Coen hubieran dirigido su propio guion.

El próximo proyecto del embajador de Nespresso será dirigir y protagonizar la miniserie Catch22. Veremos si tiene más suerte porque incluso en sus últimos trabajos como actor (Money Monster, ¡Salve, César! o Tomorrowland) las críticas han sido generalmente negativas.

Para acabar, apuntar que cuando vi el tráiler de Suburbicon me pareció que podríamos estar ante un gran ‘Clooney coenizado’. Pero al final lo que hemos comprobado es que imitar el estilo tan particular de los Coen es una tarea al alcance de muy pocos.

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