Manhunt: Unabomber

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En esta era, en la que películas de antaño se transforman en interesantes series, es extraño ver una miniserie que tendría que haber sido una película. Ese es el caso de Manhunt: Unabomber, que se extiende por 8 capítulos, cuando podría haberse contado tranquilamente en 120 minutos.

Manhunt: Unabomber viene de la mano de Andrew Sodroski, Jim Clemente y Tony Gittelson. Si no los conoce, no se haga problema, salvo por unos capítulos de la floja Criminal Minds, escritos por Clemente, este es el primer trabajo conocido de estos muchachos.

Hay dos historias que comentar aquí. La real, la del Unabomber, un terrorista desquiciado, una lacra humana sin miramientos, que enviaba bombas por correo, y la de los “profilers” hacedores de perfiles forenses, que se cuenta hace rato en series y películas.

La serie de Discovery_02

La serie adopta el punto de vista de Jim Fitzgerald, interpretado por un reaparecido Sam Worthington, el “profiler” del FBI que trabajó años para desentrañar el caso. La idea de la serie es, forzadamente, vincular las vidas del Unabomber y su captor. Un despropósito, si me lo preguntan, pero no lo hacen. Worthington es de madera terciada, pero si algo muestra esta serie es que con un poco de trabajo y gracias a su propia dedicación y decoro, puede, en unos años, convertirse en el confiable y dúctil actor maduro norteamericano, liga en la que descolló el gran Kevin Costner, y en la que hoy juegan Kyle Chandler (Friday Night Lights / Bloodline) y David Harbour (el sheriff de Stranger Things)

Su némesis, Ted Kaczynski, el Unabomber, es Paul Bettanny. Aquí la cosa cambia. Betanny es bueno en serio. Tal vez no se note demasiado en sus papeles como Jarvis y Vision en el universo Marvel, aunque se puede vislumbrar. Pero basta recordar a su Dr. Maturin en Master and Commander, su papel el Dogville, o en la excelente comedia Wimbledon, para saber que es dúctil y que, con el libro adecuado, está destinado a la primera A.

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Decía entonces que la historia sigue los pasos de Fitzgerald, desde su graduación como “profiler” del FBI, pasando por su conflictivo trabajo en el caso Unabomber, en el cual es despreciado una y otra vez por los responsables de la investigación, los Agentes Ackerman y Cole (Chris Noth y Jeremy Bobb, respectivamente). Fitzgerald inventa una técnica que, finalmente, es la que da resultado para atrapar al terrorista. Durante 6 capítulos, solo vemos el bullying al que es sometido el pobre agente, mientras que recorremos la historia de Kaczynski, notablemente en el capítulo 6, el capítulo que ahora se puso de moda en las series, se centra exclusivamente en un personaje que no es el principal. En este caso, el Unabomber.

Vinculaciones temáticas

Si algo tiene Manhunt: Unabomber es sentido de la oportunidad. Y no es calculado, estas cosas llevan años en desarrollarse. Es algo que debe estar en el zeitgeist. Veamos. El Unabomber es un matemático brillante, al que la CIA volvió loco a través de su programa MK ULTRA, mientras asistía a la Universidad de Harvard. Si les suena el MK ULTRA, es porque es el mismo programa secreto de experimentación sobre seres humanos que se menciona ad nauseam en Wormwood, miniserie documental de Errol Morris, que investiga la muerte del científico Frank Olson, luego de que manifestara su desacuerdo con drogar y practicar técnicas de control mental, como la hipnosis, la privación del sueño y distintas formas de tortura sobre la gente. Eso es lo que le hicieron a Kaczynski, convirtiéndolo presumiblemente en el Unabomber.

A su vez, los “profilers” del FBI llevan años entre nosotros. Fox Mulder era uno, justo antes de heredar la oficina de Expedientes X. Frank Black, de Millenium, era otro, habituado a atrapar a asesinos seriales, a través de esos conocimientos. Criminal Minds, justamente, es una serie sobre un grupo de perfiladores que van recorriendo EE. UU.

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Thomas Harris, que escribió El dragón rojo, El silencio de los inocentes y Hannibal, creó al personaje Will Graham, un perfilador del FBI que trabaja para Jack Crawford, jefe de los perfiladores del FBI. Will Graham fue llevado a la pantalla en dos películas –Manhunter y Red Dragon– y una serie, Hannibal. Jack Crawford, suma una pepa: El silencio de los inocentes. La discípula de este, una tal Clarice Starling, aprende a armar perfiles psicológicos de asesinos en serie en El silencio de los inocentes. Y vuelve a las andadas en la película Hannibal, que no debe confundirse con la serie Hannibal, que en realidad estaría en la línea de tiempo de El dragón rojo. Vamos, hombre, que no es tan complicado.

En el 2017, Netflix nos trajo la serie definitiva sobre perfiladores del FBI, y no, no es Manhunt: Unabomber, sino que es Mindhunter. Se llaman parecido, pero les aseguro que no lo son.

Dirigida por David Fincher, que sabía de la utilidad de los “profilers” del FBI, ya que hizo dos películas –Seven y Zodiac– sobre asesinos seriales que no contaban con ellos y en las cuales el asesino gana, Mindhunter cuenta la historia de estos psico-policías: el método científico que utilizan y cómo logran, de a poco, imponerse como autoridad en la materia de atrapar asesinos seriales.

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Convengamos que si algo nos enseñaron los escritores de policiales, guionistas y directores de cine y series, es que en EE. UU. hay una verdadera epidemia, desde hace unos 50 años, de asesinos seriales. Neil Gaiman, en el volumen 2 de Sandman, nos lleva a una Convención de Asesinos Seriales, a la que asiste el Corintio, una pesadilla con forma humana. El comic es de 1990, por tanto esta percepción tiene casi 30 años.

Sobre los hombros de estos gigantes, intenta trepar Fitzgerald, que falla una y otra vez, hasta que acierta. Pero ya es tarde. Fitz ya ha sido dañado por los otros agentes malos malosos que se llevan su crédito.

Si hay algo bueno para decir, más allá de la interpretación de Bettany, es que la serie se la pasa prometiendo, es decir, genera expectativa, y a raíz de esa expectativa, el espectador sigue poniendo capítulos. Uno detrás de otro. Se hace llevadero llegar hasta el final. Es fácil. Como el clericó, parece que no tiene alcohol, hasta que te levantás mareado para ir a buscar algo, que ya no recordás que es.

Y así y todo, es mejor que La casa de papel.

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