Loveless: El legado de nuestros padres

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Sé que deben haber cosas más desoladoras y tristes que una madre no amando, mejor dicho: odiando a su hijo. Pero qué manera de transmitirlo. Con un padre que comparte la responsabilidad, sea de manera diferente, del abandono que con los años le fueron dando a su hijo.

Y a ver, ¿qué es esto? Ver esta película es como levantarse y ver que no hay nadie en tu casa por primera vez. Trabaja la soledad de una manera degenerativa. El pibe con 12 años se fue, y no te va a dar vueltas. No muestra lo solo que se sentía, te muestra lo solo que estaba. No necesitás más que los hechos para entender que sí, ya está, es así.

Algo no menor es que está visto desde el punto de vista de los padres. Porque no es un drama de descubrimiento del pibe, es “el mundo va a ser así cuando yo no esté, y no lo hago para dar lástima sino porque si sigo acá va a ser peor”. Y desaparece. Sigue toda la película hasta el final con los padres en la investigación y es una introspectiva de ellos.

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Y como dije, no es una película de sentimientos sino de las consecuencias de la falta de sentimiento. Ya nos lo dice el título, pero no se suele ver mucho eso. Se le suele dar una carga muy pesada a la soledad y es mortificante, en Loveless es cortito y al pie. Y aun así me parece mejor mostrarlo así, desde la “falta de intensidad”. Porque si se sobrecarga no genera lo mismo. Toda persona se sintió sola alguna vez, y la empatía que esta película logra se ha intentado en otras y no pegó tanto, por ejemplo, con Hurt de Johnny Cash de fondo.

Cuando ella llama al ex marido y le dice que el pibe no aparece, lo último que vemos del hijo es la escena de la chocolatada. Le dice “No soy débil” mientras le sale un lagrimón pesado e intenta taparlo. Y la madre con el Instagram. Simple, específico, horrible y ahí está: el desamor.

El pibe aparece menos que Anthony Hopkins en The Silence of the Lambs. Qué manera de estar presente sin estar físicamente en el lugar. Pero bueno, esto nos da pie a los otros dos personajes de la historia: los padres.

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Ambos trabajan, ambos tienen la mirada perdida. Son ese tipo de gente que está en automático. Como por ejemplo, el personaje de Adam Sandler en Click. Ellos son así, desalmados, quizá la madre un poco más hija de puta, pero en fin. ¿Por qué son así? Y acá está más claro que el agua: árbol genealógico. Con ver a la abuela del pibe, que por cierto, muy buena la actuación de la señora, nos damos cuenta de lo que significa el legado.

Un hijo está atado al legado de sus padres, sean quienes sean, los conozcan o no, los hayan abandonado, amado, enriquecido, pegado, educado, lo que sea. Todo, absolutamente todo lo que un padre haga afecta al hijo. En este ejemplo la dureza y el odio constantes cayeron sobre los padres del pibe, individualmente cada uno con sus padres. Y destaco la escena en que van a la casa de la abuela y a la madre por primera vez se la ve pulcra, quieta, vulnerable. Porque está en frente de su madre. Y hasta que el hijo no se enfrente a eso nunca va a poder ser libre.

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La recomiendo. Y si bien abandoné el aspecto técnico, la imagen y el sonido me gustaron bastante, en momentos me hacía acordar a Tarkovski. Los rusos son así, pero ninguno tan grande como el Tarko.

Nota: La dirigió Andrey Zvyagintsev, quien también hizo Leviatán y El regreso. Lo voy a investigar.

Dejo una frase de la madre, que por más simple que sea es algo muy profundo.

“¡Cuánto deseo ser feliz!”

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