Reseña: Black Panther

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Algunos spoilers. Ante la duda, leer luego de ver la película.

Muchas veces las movidas mediáticas alrededor de las grandes superproducciones de Hollywood me desconciertan un poco. Las primeras críticas y notas respecto a Black Panther, el más reciente film del MCU y la antesala al mega evento de Infinity War, hablaban de una película sorpresivamente inclusiva y reivindicadora de la cultura afroamericana en la industria hollywoodense.

Si bien es cierto y el objetivo de la película probablemente sea convertirse en el primer tanque de la historia del cine en estar protagonizado casi en su totalidad por personas negras, estas expresiones mediáticas, escritas por blancos en su mayoría, parecen estar impregnadas de cierta condescendencia etnocentrista: “Qué bueno, los negros pueden actuar y contar sus propias historias. Hasta tienen un superhéroe y todo. Aplaudamos”.

Creo que sería mucho más respetuoso y coherente darles el lugar a las personas que integran y forman parte de aquel grupo social para que se expresen con relación a esto y sean ellos quienes debatan y determinen hasta qué punto consideran que la película los representa o forma parte de una avanzada positiva en términos de reivindicaciones sociales. Como yo soy argentino, blanco y de clase media, prefiero hablar de otras cosas y dedicarle lo mínimo e indispensable a este apartado.

Lo único que sí me interesa destacar al respecto es la decisión política de que Black Panther no tenga un argumento situado en medio de una problemática racial. Los personajes no tienen un peso dramático por su etnia y esta cuestión es solo un ingrediente más al momento de definir la estética y el desarrollo narrativo de la trama. En definitiva, la cuestión racial, vista como una problemática social, no es un factor tan relevante para la trama. Si bien esto aparece, no es fundamental o por lo menos no del todo, y esto entiendo es interesante porque corre el eje discusión y permite a los personajes poder apropiarse del relato y de la historia sin necesidad de tener que impostar un conflicto. De hecho, son precisamente los momentos en los cuales la cuestión racial cobra un peso mayor donde el film flaquea.

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Entrando ahora sí en el terreno de la película, la acción inicia con un flashback a los 90 en el que observamos como el rey T’Chaka, el Black Panther de su generación, asesina en un episodio confuso a su hermano, que se encontraba infiltrado como war dog en Auckland. Al parecer, el príncipe ha traicionado a Wakanda y colaborado con Ulysses Klaue (Andy Serkis, a quien vimos brevemente en Age of Ultron) para que este pueda hacerse de una parte del vibranium que la nación africana posee.

Paréntesis aquí: Nunca queda muy en claro qué es el vibranium, pero según nos explican torpemente, se trata de un metal que llegó al planeta gracias al impacto de unos meteoritos y tiene más propiedades que el aloe vera. Será entonces gracias a esta reserva de vibranium que Wakanda lograría un inmenso desarrollo tecnológico y se convertiría en una mega ciudad oculta del resto del mundo por temor a una invasión.

Luego de esta secuencia inicial, la película retoma la acción inmediatamente después a los sucesos vistos durante Civil War; en este sentido podríamos situarla casi en simultáneo con Spiderman Homecoming.

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Luego de la muerte del rey T’Chaka, su hijo, T’Challa (Chadwick Boseman), debe sucederlo y ser coronado rey, continuando así con el linaje de los Black Panther. En esta introducción, observamos de una manera muy bella y cinematográfica cómo se compone el gobierno dentro de esta nación. Hay muchas tribus, todas deciden someterse al reinado y cuando el rey muere estos otros grupos pueden desafiar por combate ritual al heredero y, en caso de triunfar, ocupar legítimamente el trono.

Se muestra entonces cómo se lleva adelante este ritual y somos testigos de cómo T’Challa es ungido rey al tiempo que también vemos las tensiones entre las diferentes tribus. Al parecer este muchacho Klaue es bastante odiado por la nación oculta y cuando el consejo de gobierno de Wakanda toma noticia de que acaba de robar un museo en Londres, tras los pasos de una pieza hecha con vibranium, decide darle caza.

Con este detonante la historia luego se trasladará a Corea donde dará un giro bastante grande en la trama. El villano principal cambiará de modo brusco y aparecerá en escena Erik Killmonger (Michael B. Jordan, actor fetiche de Coogler), el hijo del hermano fallecido del rey T’Chaka que nadie conocía, quien retará a su primo por el trono.

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Desde ese momento la película agudizará el conflicto al interior de la nación de Black Panther y se encargará de mostrar las tensiones existentes de un país oculto para el mundo que se debate entre abrirse y ayudar a los demás con su propio desarrollo o mantenerse cerrado. En una suerte de reversión de Martin Luther King y Malcom X, T’Challa y Killmonger representarán las dos caras de este conflicto. Mientras que uno puja por una integración más medida y diplomática, el otro verá en el potencial tecnológico de Wakanda el arma necesaria para ganar una guerra racial.

Es en esta parte donde la película pierde su mayor complejidad y un poco desbarranca. Es fácil empatizar con Killmonger y muchos de sus razonamientos parecen lógicos. Esto obliga necesariamente al guion a tener que demonizarlo de más, generando que el personaje realice acciones despreciables sin mucha justificación o sentido.

Los fragmentos visuales más interesantes de la película aparecen cuando se nota que el estudio deja trabajar a Ryan Coogler. El realizador logra imprimirle una estética particular a Wakanda y un tratamiento muy bello y colorido a los personajes. Esto hace que, más allá de ser una obra contenida en un universo, Black Panther tenga una estética propia.

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Por otro lado, las escenas de acción tienen mucho virtuosismo y no abusan del CGI. En este sentido, toda la parte de ritual que se mencionaba antes resulta muy bien aprovechada para poder darles un tono más terrenal a los personajes.

Otro punto a favor está en la muy buena construcción de los personajes secundarios y el antagonista. Tanto Nakia (Lupita Nyong’o), como Okoye (Danai Gurira) y Shuri (Letitia Wright) conforman magníficos personajes femeninos, con construcciones arquetípicas muy diferentes entre sí. Mientras que la primera es la típica pretendiente del protagonista, las otras ocupan un rol de guardia real y sidekick geek respectivamente, lo que ayuda a darle más variedad al panorama de personajes. Respecto al antagonista, como ya adelantaba, Michael B. Jordan construye un personaje tan complejo que la propia película no puede contenerlo, por lo que debe achatarlo y limitarlo mediante secuencias toscas de guion. El que hace un poco de agua es Chadwick Boseman, que está mejor dentro del traje de Black Panther que como T’Challa, que siempre luce muy rígido y acartonado.

Lamentablemente, la película deja de funcionar en lo cinematográfico cuando se asemeja al resto de las producciones de Marvel. Es allí donde se encorseta y adquiere una chatura propia de este tipo de producciones. El vuelo visual se transforma en un monótono plano y contraplano y la narración cae en una excesiva relojería de guion clásico, que no solo es predecible sino que además resulta poco efectiva.

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Por otro lado, muchas de las cuestiones centrales de la trama no están desarrolladas con profundidad. El asunto de la monarquía, las motivaciones del villano y la historia detrás de la protección de Wakanda son tratados con bastante superficialidad.

Sin perjuicio de esto, Black Panther entretiene y no es por lejos un mal paso del MCU. En línea con las últimas películas de la fase tres, Marvel ha decidido encontrar un punto medio entre una producción de películas estandarizadas pero que a la vez le permitan cierta libertad creativa a sus directores para otorgarle una personalidad marcada a cada film. Si bien esto tiene algunos problemas, el estándar Marvel no siempre marida bien con los realizadores escogidos, de momento es satisfactorio para lograr mantener una media aceptable de buen entretenimiento y, con cierto gradualismo, buscar un rumbo cinematográfico menos conservador.

En definitiva, Black Panther logra estar levemente por encima de la media. Es divertida, entretiene y permite alguna que otra reflexión. No tan profunda como nos quiere hacer parecer el público enajenado por todo en las redes sociales, pero reflexión al fin. Es, a la vez, un paso firme para Ryan Coogler que, con tan solo 32 años, ya ha dirigido dos obras maestras, Fruitvale Station y Creed, y ahora incursiona con muy buen tino en un tanque de franquicia.

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