Lady Bird, solo una chica.

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Dos mujeres duermen en una cama: una de ellas es joven y la otra mayor. Están de costado, enfrentadas, con sus manos casi en posición de plegaria, rozándose.

Christine (Saoirse Ronan), una adolescente de 18 años, se ha auto apodado Lady Bird y duerme con su mamá, Marion (Laurie Metcalf), en un hotel, al finalizar un viaje para recorrer universidades (o colleges, según el sistema estadounidense) en California. En la primera frase, Lady Bird le pregunta a su mamá si parece una chica de Sacramento…

Esta primera escena traza algunos de los elementos principales que recorren toda la película: la relación de la joven con su madre, el último año de colegio anticipándose a la universidad, la búsqueda de identidad, ligada, entre otras cosas, al lugar de nacimiento.

La película fue estrenada en diciembre 2017 y, desde entonces, ha ido cosechando nominaciones y premios, en especial en los Globos de Oro, culminando esta temporada con la nominación de los premios de la Academia (Oscar) a mejor película, mejor actriz principal, mejor actriz de reparto (Laurie Metcalf), mejor dirección y guion original. Greta Gerwig escribió y dirigió esta comedia dramática semi autobiográfica, teniendo en cuenta que, al igual que la protagonista de la película, ella también fue criada en Sacramento, asistió a un colegio católico e intentó entrar a algunas universidades de Nueva York.

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La capital de California, Sacramento, es uno de los elementos que ayuda a construir la historia de Lady Bird. Aparece al comienzo a través del prólogo y la pregunta de la protagonista, y regresa más adelante, de forma circular, en un recorrido en auto por la ciudad. El sentimiento de amor y odio de la chica hacia su ciudad natal será un tema recurrente. Según expresa en frases hirientes, es una ciudad que mata las almas; sin embargo, una de las profesoras más cercana a ella le hará notar el amor que siente en el fondo, por su lugar de origen.

Algo similar ocurre con su madre. Al igual que en otras películas coming-of-age o película de crecimiento, Lady Bird lucha constantemente en un tire y afloje con Marion: por una parte, se queja de lo que ella y su padre le ofrecen, pareciéndole poco, ya que si bien no se trata de una familia pobre, el entorno del colegio al que asiste es de una clase social más acomodada, a la cual ella mira con admiración “con la ñata contra el vidrio”. Por otra parte, siente culpa por esto y se disculpa por herir a sus padres. A lo largo de la historia, no deja de marcarle a Marion su constante exigencia y dureza pero también la justifica hacia los externos de la familia, diciendo que en realidad, tiene un corazón enorme.

Lady Bird (LB) asiste a un colegio secundario privado, católico. En las películas norteamericanas de este género, se repiten ciertas rutinas clásicas de los adolescentes de clase media que aspiran a llegar a la universidad. La educación superior es privada y, por lo tanto, los jóvenes deben esforzarse para conseguir becas de estudios para acceder a ellas. Las universidades comunitarias, gratuitas, son consideradas de mala calidad. En este tipo de historias, los protagonistas se esfuerzan por conseguir estas becas, a través del deporte, disciplinas artísticas u otras actividades, como la participación en el diario del colegio. Sin embargo, Lady Bird es distinta. La película, toma el tema de la universidad como uno más de todos los que atraviesa la muchacha en esta etapa y, en este sentido, no es una película de auto superación, poniendo en algún punto en cuestión el sueño americano, el éxito ligado a la felicidad y todo ello como fruto del esfuerzo.

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Por su parte, Christine expresa su ferviente deseo de asistir a una universidad de la costa este, lejos de Sacramento, pero no demuestra mayor esfuerzo para lograrlo. Su participación en una obra teatral será, por un lado, un vago intento por mejorar su aspecto “en los papeles” frente a las universidades y, por otro, una forma más de búsqueda de su propia identidad.

Este último elemento es el que atraviesa toda la historia. Christine es el nombre que le dieron sus padres, quienes, por el apellido y la elección del colegio, parecen ser de origen irlandés. El nombre tiene un vínculo muy cercano al catolicismo, con origen en el nombre mismo de Cristo. Al crecer, ella se da otro nombre, en una suerte de renacimiento. Lejos de la simbología católica, elige otro más hippie o new age, ligado a la libertad: “Lady Bird”. El nombre incluye la palabra lady (dama, mujer), lo cual refuerza que esta persona que está atravesando su crecimiento y definición de su personalidad e identidad, es una mujer, con todo lo que ello implica en un mundo machista. La palabra bird (pájaro, ave) liga a esa mujer a la posibilidad de volar, seguramente, lejos, como ella quiere.

La película transcurre en 2002 que, al contrario de lo que expresa LB, diciendo que “lo único interesante del 2002 es que es un palíndromo”, marca un año bisagra, al ser el primero post 9/11. Las noticias sobre los ataques en el medio oriente abundan en las (ya) viejas TV de las casas norteamericanas. Por otra parte, la temática de la guerra flota en el aire, en especial alrededor del personaje en pose atribulada, Kyle (Timothée Hal Chalamet, el mismo protagonista de la nominada Llámame por tu nombre). Sin embargo, LB rehúsa hacerse cargo de esa sensación, gritando que no todo lo que es triste tiene que ver con la guerra, sino que hay diversas cosas que pueden entristecernos, o acusando a su amiga de republicana por el hecho de preguntarle acerca de la seguridad de Nueva York después del atentado.

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Como en otras películas del género, la protagonista transitará por este especial último año del secundario, con la intensidad propia de la edad y los cambios de humor y posturas esperables en alguien que está buscando su voz y lugar. La relación con su mejor amiga, Julie (Beanie Feldstein), se pondrá a prueba frente a la posibilidad de una amistad con su antítesis, la ultrapopular y bella Jenna Walton (Odeya Rush). Algo similar ocurrirá con la elección de sus amores y sujetos de deseo, ligados también ambos a la iniciación en el sexo. Por un lado, estará el dulce Danny (Lucas Hedges), quien proviene de una tradicional familia católica irlandesa que representa el bienestar general para Christine, materializado en la casa azul de sus sueños. Por otro lado, se encontrará con el supuestamente conflictuado Kyle, que despertará otros deseos en Christine, quien tratará de modificar ciertos hábitos y discursos para acercarse a él.

Lady Bird incluye elementos clásicos de las películas de crecimiento, los cuales se tornan interesantes gracias a la mezcla de desencanto y ternura que logra Gerwig, no solo a través del guion, sino también gracias las actuaciones. En este punto puede verse su mano como directora, ya que todas ellas son brillantes y parecen sin esfuerzo.

Después de haber visto a Saoirse Ronan en Brooklyn (John Crowley, 2015), me cuesta ubicarla nuevamente en el rol de una adolescente, teniendo en cuenta, además, que ella ya tiene 24 años. Trascendiendo ese primer impacto, uno compra el personaje de lleno, ya que, tal como lo han anticipado los numerosos premios a su actuación, Ronan logra no solo convencernos sino llegar al público como una adolescente con problemáticas propias de su edad, pero ubicada en un momento y lugar especial, que busca volar del nido pero no puede evitar sentir culpa por ello y ganas de quedarse, por qué no, un rato más bajo el ala de mamá.

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