Reseña: Three Billboards Outside Ebbing, Missouri.

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“Violada mientras moría y todavía ni un arresto. ¿Cómo puede ser, jefe Willoughby?”. Es lo que rezan los tres famosos carteles o vallas publicitarias ubicados sobre la ruta, a las afueras del pequeño pueblo de Ebbing, Missouri. Un resumen perfecto de la trama dramática de esta película, contada de forma grandilocuente, escandalosa y cómica, como los carteles mismos.

Tres anuncios por un crimen/Three Billboards Outside Ebbing, Missouri, (2017), escrita y dirigida por Martin McDonagh, fue la ganadora del Globo de Oro a la mejor película dramática. Lo que pone en discusión esta categorización por parte de la Asociación de Prensa Extranjera, siendo que podría ser calificada como una comedia negra o una tragicomedia, cuyo punto de partida es el reclamo de justicia de una madre ante la violación y muerte de su hija adolescente, pero que no deja de tener momentos desopilantes.

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La película se desarrolla en un pueblo rural, de EE. UU., en el cual los vecinos aspiran a una vida tranquila, lejos de la incomodidad que Mildred Hayes (Frances McDormand), la madre en cuestión, quiere provocar. Aquella tranquilidad implica también hacer caso omiso a los abusos de poder y discriminación por parte de la policía, en especial, del protegido del jefe Willoughby (Woody Harrelson), el agente Dixon (Sam Rockwell).

Estos tres personajes se irán entrelazando y, a la vez, cada uno irá desarrollando un protagonismo distinto en tres momentos diferentes de la película, sin perder el sentido de ser durante toda la trama. En un principio, Mildred será la encargada de desencadenar la historia y poner de manifiesto las miserias de casi todos a su alrededor y las suyas propias. Más adelante, el jefe Willoughby será el que reparta roles y ayude a otros a resignificarse y resignificar sus actos. Por su parte, Dixon, quien está presente en casi todos los aspectos claves de la historia, también tendrá su momento exclusivo, a partir de una suerte de resurrección.

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Cada uno del resto de los personajes tiene sentido y está al servicio de la historia, colaborando con la mirada compasiva o abstencionista a la hora de juzgar que tiene la película en general. Esto se ve, en especial, en el dueño de los carteles publicitarios Red Welby (Caleb Landry Jones), el hijo varón de Mildred (Lucas Hedges) y el llamado “enano del pueblo” (Peter Dinklage).

A pesar de mostrar una comunidad tradicional de centro oeste de EE. UU., Tres anuncios… no tiene el tono aleccionador o moralista que suele ir unido al mainstream del cine norteamericano. Por el contrario, su perspectiva nos invita a observar con espanto y, al mismo tiempo, compasión, la condición humana.

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En esta historia, cada uno hace lo mejor que puede, con lo que tiene, con lo que es, con la circunstancia que le toca vivir. De hecho, cada personaje actúa desde su propia experiencia y universo. Cada uno sabe una parte de la historia: la suya. Desde allí mira, juzga (o no), elige sus actos y reacciones, se explica y habla. Al parecer, nos es muy difícil no ser autoreferenciales, por más que, teóricamente, sepamos que existen otros puntos de vista o incluso, derechos universales. Mildred es quien lo deja más en claro en su discurso y acciones; pero la idea está presente en toda la película, sin por eso tener una perspectiva relativista, ya que tampoco evita la denuncia social y política que subyace en el argumento.

McDonagh no deja de abrir miradas y opciones, luego las da vuelta para mostrarlas desde otra perspectiva. Nos deja incómodos al provocarnos risas ante la torpeza o los excesos, pero a la vez no permite evadirnos de la tragedia ni del rol activo en el que nos coloca, a la hora de ponerle un punto final a la historia.

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