Star Wars: The Last Jedi – Rompiendo las expectativas

Aviso: Para poder explayarnos correctamente sobre el tema, va a ser menester recurrir a SPOILERS fundamentales de la película, así que recomendamos este artículo solo a quienes ya hayan visto The Last Jedi.

 

No hay nada más aburrido que comenzar a ver una película que sabemos cómo va a terminar, observarla sabiendo desde el minuto uno que el chico va a conseguir conquistar a su amada para cuando la historia acabe, o que no importe qué tanto peligre la vida del protagonista (o incluso del antagonista) en el medio porque sabemos que debe llegar vivo a la secuela o por lo menos al final de esta cinta. Por suerte, The Last Jedi llegó para dar vuelta este tipo de situaciones y presunciones clásicas que damos por sentado al experimentar una película. Si bien la crítica especializada fue muy consensuada al respecto, el episodio VIII (como no podía ser de otra manera) dividió aguas entre los fanáticos. En esta nueva trilogía, The Force Awakens tuvo una queja generalizada respecto a que era demasiado parecida a lo que ya se había visto, pero con The Last Jedi resulta que es todo demasiado diferente, incluyendo acusaciones de que esta entrega no es fiel a la saga ni a los personajes, realmente pareciera que no hay manera de contentar al fandom.

No obstante, estas críticas no son del todo desacertadas, The Force Awakens ciertamente recurría muchísimo a la nostalgia y al fan service, reciclando además la historia de A New Hope, y de hecho por eso luego varios temían que el episodio VIII fuera demasiado similar a The Empire Strikes Back. Pero con The Last Jedi ciertamente pegaron un giro de 180º, no por nada “diferente” es una de las palabras con las que más se refieren a ella. Pero no porque sea diferente en el modo que se podría decir que lo es (por ejemplo) el episodio II, debido a que se enfoca mucho en aspectos políticos, o directamente toda la trilogía de precuelas, que le da más lugar al lado romántico de la historia. No, The Last Jedi es diferente porque rompe las bases de lo que se había hecho hasta el momento en la saga, pero principalmente porque rompe con lo que se esperaba de esta nueva entrega, motivo por el cual no es de extrañar que tantos fanáticos salgan descontentos. Claro que romper con algo por el mero hecho de romperlo es una cosa pretenciosa si no tiene algún sentido, pero el episodio VIII plantea una unión temática con estas rupturas y con la cual declara sus principios. El elemento unificador de los cambios en The Last Jedi es romper con las situaciones cliché que se suelen encontrar en estas aventuras, haciendo por el contrario que los héroes no logren concretar su cometido la mayoría se las veces, viéndose así acorralados y teniendo que recurrir a planes improvisados en reiteradas ocasiones.

Todo espectador con un mínimo de experiencia, ya da por sentado inconscientemente y de antemano que los objetivos de los protagonistas se van a poder concretar solo porque son los héroes de la historia, y de hecho así debe (o al menos suele) suceder, pero sin embargo, en The Last Jedi:

  • Rey no logra convencer a Luke de que vuelva ni de que la entrene
  • Finn y Rose no dan con la persona que originalmente buscaban en el casino
  • Poe falla cuando se amotina e intenta salvar el día solo
  • Luke se rinde como maestro, ya no trata de recuperar a Kylo y se niega a enfrentarlo de verdad
  • Finn y Rose nunca logran apagar el rastreador de la nave de la Primera Orden
  • Rey no rescata a Kylo del Lado Oscuro
  • Leia manda una señal de ayuda a los aliados rebeldes esparcidos por la galaxia pero estos jamás dan siquiera señales de vida
  • Los Rebeldes no pueden detener el cañón mini-estrella de la muerte

Todos resultados de conflictos que la película plantea y que uno esperaría que al menos algunos de ellos se resuelvan a favor de los protagonistas, pero que rara vez acaba sucediendo así. Por eso, de hecho, los héroes acaban esta película con una victoria pírrica, es decir, una victoria que difícilmente podría considerarse como un triunfo, ya que si bien destruyeron buena parte de la Primera Orden, lo hicieron escapando casi con el rabo entre las patas, con sus propias fuerzas habiendo quedado en un número muy reducido de soldados y, tras la muerte del maestro Luke Skywalker, habiendo perdido definitivamente a la única esperanza que (creían que) tenían de vencer a la Primera Orden.

Claro que por otro lado los protagonistas sí triunfan en otros aspectos (como destruir algunas naves de la Primera Orden), porque sino la película seria una caída constante y los héroes perderían rápida y definitivamente, pero lo fundamental, es que todos estos puntos antes mencionados, se plantean como posibilidades que se les presentan a los protagonistas para dar vuelta el juego, que la narración muestra como salidas posibles y que típicamente se terminan volviendo a favor de los héroes, pero que The Last Jedi finalmente decide no se acabar concretando.

Los conflictos y objetivos que se les plantean a los personajes son muy clásicos de Star Wars: infiltrarse en la nave enemiga, convencer a alguien de que los ayude, destruir un arma que arroja un rayo mortal o rescatar a alguien del Lado Oscuro. Incluso a veces cayendo a propósito en planteamientos de situaciones clichés, pero lo interesante es que The Last Jedi elige resolver esto de forma opuesta a lo que estos clichés indicarían.

Hay varios ejemplos claros, como cuando Leia pide ayuda a los aliados de la Alianza Rebelde que puedan quedar en la galaxia, este es un recurso clásico y varias veces utilizado que generalmente acaba provocando un deus ex machina que salva a los personajes a último momento y de forma “inesperada”. Aunque por el contrario, acá nadie aparece o siquiera devuelve el llamado de la princesa, pero sin embargo la película se toma la molestia de incluir ese llamado en su narración a pesar de no tener intención de recuperarlo luego, y hasta disipa las dudas al aclarar que no hubo ningún error en la transmisión, sino que la señal fue enviada pero simplemente nadie respondió al llamado, desolador.

En otro ejemplo, cuando Finn planea infiltrarse en la nave para desactivar el rastreador de los villanos, nos suena a que en algún punto ya conocemos esa historia que involucra trajes y mapas de la nave enemiga para acceder a una habitación restringida. Desde un primer momento suponemos que muy probablemente esto va a llegar a concretarse, como ya sucedió en entregas anteriores de la saga, además ¿por qué ponerlo en la historia sino? (y de hecho esta es una de las grandes quejas de los detractores de este episodio). Pero finalmente, no solo que Finn y Rose no desactivan el rastreador de la nave, sino que de hecho toda su línea narrativa no sirvió prácticamente de nada para esta gran historia, línea que resulta que está ahí, justamente para reforzar la idea de que los héroes no siempre logran su cometido como típicamente nos muestran.

Pero el ejemplo más claro de este rompimiento de los desarrollos habituales de estos conflictos, probablemente sea el amotinamiento de Poe. Tanto por su actitud arrogante, como por los diálogos entre Leia y Poe, es fácil establecer paralelismos entre este último y Han Solo. ¿Cuántas veces hemos visto el papel del héroe que se enfrenta a lo que le dice todo el mundo, haciendo contra viento y marea lo que solo a él le parece correcto y al final salva el día demostrándole a todos los demás que él tenía la razón y ellos estaban equivocados? Acá la línea de Poe le da una patada a ese cliché, luego de verlo durante varios minutos protestar y hacer todo lo que estaba a su alcance para llevar adelante su plan junto a Finn y hacer lo que a él le parecía correcto, finalmente le demuestran que esa manera conflictiva no es la forma de encarar sus ideas. No sólo porque finalmente no se logra salir con la suya, sino porque es la misma Leia quien lo noquea, anunciándole que ya no es así como se hacen las cosas.

Juegan tanto con la expectativa de los fans, al punto de que incluso una de las grandes incógnitas de la saga, resultó (al menos por ahora) ser nada relevante: al final, con tantas teorías dando vueltas sobre los padres de Rey, teorizando que era hija de Luke, o de Leia, o incluso de Snoke, pero finalmente resultó que sus padres eran unos “don nadie”. Los encargados de llevar adelante la franquicia, saben lo obsesivos que son algunos fans y que fuera cual fuese la respuesta la iban a adivinar o difícilmente iba a ser satisfactoria, excepto esta, que, si bien es menos emocionante, es la respuesta que nadie se esperaba, esto no sólo obliga a Rey a construir su propia identidad de la nada, sino que además toma la idea de que ser un Jedi no es una cosa elitista y hereditaria como se venía concibiendo hasta ese momento, sino que en algún punto cualquiera puede serlo, desterrando así el concepto de los midiclorianos establecido por el episodio I y viéndose reforzado en el plano final de esta entrega en el que un niño común y corriente utiliza la Fuerza. E incluso si cuando saliera el episodio IX se desdijera esto y le dieran a Rey padres con buen manejo de la Fuerza, lo planteado por The Last Jedi, no dejaría de tener valor a nivel temático y en su momento de salida.

Matar a Snoke fue otro giro interesante, por un lado porque este antagonista, al igual que Rey, se llevó muchas teorías de los fans respecto a su identidad, las cuales también fueron destruídas al decidir matar al personaje sin explicación alguna de su pasado. Pero su muerte resultó inesperada principalmente porque aún faltaba una película para que concluya la historia, y siendo que este villano era el equivalente a Palpatine en la nueva trilogía, asesinarlo en la segunda entrega resultaba totalmente impensado. Adelantando así de alguna forma lo que en la trilogía original no sucedía sino hasta el clímax del episodio VI, pero con un giro fundamental: tras el destello de bondad y luego de que el Lord Sith asesine a su maestro, no hay redención para Kylo. A diferencia de lo que sucedió con su abuelo, el odio del sucesor de Vader le impide dar al brazo a torcer y arrepentirse, por eso lo primero que hace tras asesinar a su maestro y vencer a sus secuaces de rojo, es buscar refundar la Orden bajo su propio comando, incluso responsabilizando a Rey por la muerte de Snoke, dándole así el pie al episodio IX para que dé un paso más allá de hasta donde Return of the Jedi llegó con Vader.

Siguiendo por este camino, si tenemos en cuenta que probablemente no exista elemento más icónico en toda la saga de Star Wars que el casco de Darth Vader, y si además consideramos que Kylo Ren es el aspirante a sucesor de su abuelo, también es fácil tomar como un signo de rompimiento con lo anterior cuando Snoke le ordena a Kylo quitarse su máscara diciéndole que es ridícula, siendo que por el contrario la máscara de Vader era aceptada como algo normal y hasta genial a los ojos de antaño. Es cierto que Vader la utilizaba porque la necesitaba para mantenerse vivo y Kylo solo por una tonta pretensión de ser como su abuelo, pero esto no le quita el peso simbólico que tiene esta línea de dialogo de Snoke, que sería impensado oír de Palpatine a Vader. Y por si fuera poco, como consecuencia de esto, la idea es reforzada por la posterior destrucción que Kylo mismo hace de su máscara.

Pero si queremos ir a un aspecto más trascendental de la película, en este episodio matan a uno de los héroes más famosos de la historia del cine, pero sin darle el final épico que uno imaginaría que “debería” tener, ya que a pesar de que la falsa confrontación que Luke tiene con Kylo fue necesaria para salvar a los Rebeldes y resultó emocionante, no sucedió de verdad. Pero sobre todo, porque la muerte de Luke va en contra de lo que uno esperaría, ya que fallece en una isla, solo y con el dolor de saber que no pudo rescatar del Lado Oscuro a su sobrino y alumno ni recibir el perdón por el error que cometió, un final “indigno” para un héroe de su talla.

Por esto, episodio VIII es una cinta arriesgada desde el guion, ya que esquiva un camino fácil y probablemente satisfactorio para muchos como lo hubiera sido que Luke vuelva a creer en los Jedi y entrene a Rey o vaya a combatir físicamente a Kylo. El no haber seguido estas líneas más correspondidas con el carácter bondadoso de Luke (hecho con el que ni el propio Mark Hamill está de acuerdo), parece lógicamente indicar que ignoraron la esencia del personaje, pero si lo vemos de otra manera, con esta nueva dimensión que le dieron, podemos ver que en realidad lo hicieron evolucionar. Hay que tener en cuenta que pasaron décadas desde la última vez que supimos de Luke, cualquier cosa pudo haber pasado en esos años, y sumado a los hechos con Kylo que el episodio VIII relata, es lógico que se encuentre destruido internamente por lo que pasó, se siente un fracaso como maestro y justamente hace lo contrario que hizo con su padre al final del episodio VI. Desde Return of the Jedi, Luke presentaba una dualidad que lo situaba lejos de ser un personaje 100% puro, ya en esa ocasión decidieron vestirlo de negro para significar su acercamiento al Lado Oscuro, ya que él siempre tuvo cierta tendencia a ir hacia allí por su padre, y de hecho, esto se anticipó en algunos de los banners del episodio VIII, en los que Luke aparece en ambos bandos, por lo que su dualidad y falta de fe que se ven en esta película realmente no deberían sorprender a nadie.

Como resultado, para esta ocasión, en vez de siquiera intentar hacer cambiar de opinión a Kylo para rescatarlo del Lado Oscuro (como hizo con Vader), en esta nueva etapa de su vida Luke opta por rendirse, se da cuenta que no puede traer de vuelta a su sobrino. Lo cual da una vuelta de tuerca menos optimista y convencional que lo que se había planteado hasta ahora en la saga.

Por último, cabe mencionar que estos cambios en el episodio VIII no siempre resultan positivos, en su afán de establecer sus principios de ir en contra de lo planteado hasta el momento, el comienzo de la película resulta un poco chocante o incomodo, al punto que a algunos espectadores tal vez les cueste engancharse con el cambio de propuesta.

Un ejemplo negativo de este aspecto, es cuando The Last Jedi retoma el punto en donde terminó The Force Awakens, donde la respuesta de Luke al ofrecimiento de Rey es simplemente revolear el sable laser por sobre su hombro. Tras 2 años de espera y con el cliffhanger que dejó a todo el público en vilo por la respuesta de Luke, este es un gesto tajante y el primero que demuestra las diferencias que marca The Last Jedi en su tratamiento respecto a lo que se venía planteando hasta el momento, como diciéndole a la audiencia que no va a seguir su juego, no les va a dar la satisfacción de ver lo que ellos quieren. Lo cual a nivel teórico está bien, pero es una lástima que se sienta chocante, ya que resulta totalmente anticlimático (aunque esa es un poco la idea), pero no porque la negativa de Luke sea insatisfactoria, sino porque la expresa con un gesto casi cómico o irónico que no se corresponde con la importancia dramática del momento. Lo podrían haber resuelto de otra forma menos descolocante, pero así como la imagen del sable de Anakin rompiéndose es un fuerte simbolismo de una ruptura respecto al pasado, la de Luke revoleando el sable que le ofrece Rey también lo es, ya que de alguna forma representa el deseo de los espectadores, quienes le extienden el sable a Luke con sus deseos de que regrese. Esta negativa de la película a las expectativas de los fans se reafirman cuando vemos que Luke (contrario a lo que se esperaba) nunca entrena realmente a Rey, incluso muestran un X-Wing sumergido que anticipa la idea de que lo vayan a sacar utilizando la Fuerza durante un futuro entrenamiento de Rey, tal y como sucedió en el pantano de Dagobah durante el entrenamiento de Luke, cosa que en el episodio VIII jamás sucede. Y no hay que olvidar que The Last Jedi es la segunda parte de una trilogía, así como lo fue The Empire Strikes Back en su momento, en la cual Luke busca (y recibe) el entrenamiento de Yoda, al igual que Rey busca hacerlo con Luke en este episodio VIII, cosa que era esperable que sucediera e incluso los trailers anticipaban, pero que sin embargo finalmente no se termina dando. La otra posibilidad para el papel de Luke en The Last Jedi, era que el viejo héroe fuera a combatir a la Primera Orden, opción que queda totalmente descartada por el mismo personaje en uno de sus diálogos: “You think what? I’m gonna walk with a laser sword and face down the hole First Order?”, y efectivamente nunca sucede, lo más parecido a un enfrentamiento que le vemos hacer es esquivar los ataques de Kylo, e incluso eso termina siendo una mera ilusión para todos los presentes, incluyendo (no casualmente) a los espectadores, yendo en contra del clásico clímax de las entregas de Star Wars protagonizado por una pelea son sables láser. Y como último detalle, cuando Rey se pone firme frente a Luke con su idea de confrontar el problema de esta forma convencional a la que la saga nos tiene acostumbrados, este le advierte “This is not going to go the way you think”.

Así es como, a pesar de presentar conflictos y situaciones típicos de la saga, The Last Jedi decide resolverlos de una forma que en la trilogía original era simplemente inconcebible, y ahí radica la importancia de ver cómo funciona el episodio VIII como película en sí misma, pero también cómo lo hace como entrega de una saga que se relaciona y juega con lo establecido por sus predecesoras, sobre todo viniendo de un episodio como The Force Awakens (que recae tanto en los elementos de la trilogía original), el rupturismo en The Last Jedi acaba siendo aún más marcado. Todo esto lleva a la película a escapar a muchos lugares comunes, pero también a decisiones polémicas para algunos fans, ya que se dedica justamente a aniquilar los puntos comunes que los espectadores podrían esperar de ella. Porque a The Last Jedi no le importa lo que pienses de ella, no se siente en la deuda de darle el gusto a ningún fan, apuntó a algo nuevo, es un quiebre que le declara al espectador que, si bien aún estamos en Star Wars, esto ahora se maneja diferente.

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