Reseña: The Punisher

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Venían flojas las producciones de Marvel en Netflix. El desastre inmundo de Iron Fist y la mediocridad que resultó The Defenders dejaron golpeado el panorama de series de la empresa de Disney. The Punisher tenía la obligación no solo de ser buena por mérito propio, sino también de demostrar de alguna manera que se reconocían los defectos de las producciones anteriores.

Y lo hace. De enorme manera.

El Argumento

Frank Castle ha muerto. En cambio, Pete Castiglione está vivo y trabaja en una obra, rodeado de albañiles hampones que le hacen la vida imposible y no saben lo que les espera. Si bien este primer capítulo de The Punisher no está conectado prácticamente con nada al plot general, funciona un poco como demostración de intenciones. Pete/Frank (el magnífico Jon Bernthal) es hosco, silencioso, amargado y lleno de traumas. Pero es capaz de mantener una conversación y de reaccionar. Y así lo hace. Y cómo.

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Tres líneas argumentales más se inician. Dinah Madani (Amber Rose Revah), una agente de Seguridad Nacional, investiga el asesinato de un policía afgano por un comando norteamericano. Ha recibido un video anónimo que muestra la ejecución. Se sospecha que Frank Castle formó parte del comando. Dinah necesita llegar al fondo de la situación y deberá superar más de una complicación. Saber quién le envió el video es fundamental. Otro muerto/no muerto aparece en escena: el ex analista de la NSA, David Lieberman AKA Micro (Ebon Moss-Bachrach). Las motivaciones de Lieberman para filtrar el video son débiles pero funcionan como licencia artística. Tiene un código moral similar al de Castle, al que, a diferencia de casi todo el planeta, sabe vivo. Otro que conoce la situación del Castigador es el ex militar y consejero Curtis Hoyle (Jason R. Moore), el token black guy de una serie quizá demasiado blanca. Curtis es uno de los dos mejores amigos de Frank y le será útil más de una vez a lo largo de los trece capítulos. El joven Lewis Walcott (Daniel Webber, al que habrán visto haciendo de Lee Harvey Oswald en 11.22.63) participa de la ronda de reuniones con ex veteranos donde se darán varios de los momentos mejor escritos de la serie. Walcott es un ex veterano que sufre de síndrome de estrés post traumático y su sub plot desatará más de una escena muy bien filmada.

Dije que Curtis era uno de dos. El otro es Billy Russo (Ben Barnes, que los lectores de cómics y los que hayan visto The Punisher: Warzone reconocerán al instante). Para el resto, sería spoiler.

Marvel's The Punisher Ep. 112 (screen grab) CR: Netflix

El Gran Argumento

La historia de The Punisher es simple en apariencia pero, como Luke Cage, es un claro vehículo de cuestiones más ideológicas. Hay posturas contrapuestas que intentan conciliarse en Frank, pero que por su propia naturaleza chochan siempre. Frank Castle es un asesino calculador y salvaje. Pero es humano. Se comunica. Explica lo que siente. Y es capaz de demostrar amor, afecto, respeto. Por supuesto que es un antihéroe. Pero no es la intención mostrar que su antiheroísmo lo convierte en un psicópata (que tal vez lo sea). Por su actitud con respecto al asesinato, nunca será considerado un héroe. Su posición moral es tan clara que ni siquiera pueden condenarlo por ella, y llegado un punto de la trama, termina asistiéndolo en sus propósitos.

Lamentablemente, las únicas posturas claras son las de Frank y Curtis. No son evidentes las razones que tienen el resto de los personajes principales para actuar como lo hacen y ese es quizá el mayor defecto de The Punisher. Los malos son malos por alguna razón que no se explica jamás dado que no tienen una necesidad. Y si la tuvieran, no está detallada. Están reaccionando a dos amenazas latentes (Castle y Madani) por un crimen que no tiene en absoluto ningún sentido que hayan cometido. Al menos no uno que la serie, mediante el guion o las imágenes, haya explicado.

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Conclusión

Aun así, The Punisher entrega trece capítulos que no se sienten estirados porque la mezcla de desarrollo del argumento con violencia cruda (al borde del gore) combina perfectamente sin padecer una morosidad de la cual sí sufrieron varias de las anteriores series de Marvel. La fotografía de Petr Hlinomaz se destaca por momentos. Sorprende en parte, porque ejerció la mayoría de su carrera como técnico electricista y camarógrafo. La oscuridad está tratada con respeto pero sin ser opresiva, tal vez para generar esa idea de “querer emerger” que maneja Frank Castle a lo largo de la serie.

Hay todo un tono loganesco en el asunto que se siente en el arte, en la fotografía (por momentos singulares) e incluso en la banda de sonido muy sutil. Esta referencia se nota también en las coreografías de las escenas de acción que exudan violencia que no veíamos desde la primera temporada de Daredevil. Es violencia desprovista de florituras y poesía estética. Se percibe la descarga de adrenalina cada vez que Frank se trenza en una situación de combate. Cada pelea, cada matanza es un regreso momentáneo a una zona de guerra.

The Punisher es una gran serie si no cuestionamos mucho los motivos de los villanos para ser villanos y nos concentramos en el castigo que está por venir.

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