Stranger Things 2

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El año pasado nos impactó tanto este sleeper hit que terminamos dedicándole tres análisis distintos. Uno lo hizo Roberto Giuffre, escritor de nuestra revista, graduado del IDAC (Instituto de Arte Cinematográfico de Avellaneda), especialista en guion. Otro lo hizo Mariano Castaño, director de la revista, profesor de Cámara y Fotografía en la carrera de cine del IDAC. El tercero lo redacté yo, que los conozco a ambos (¿?). Cada uno de estos análisis ponía el acento en los conocimientos fuertes de cada redactor. Y los tres señalaban lo bien que está tratada la nostalgia y el homenaje.

No tengo ni idea de cómo escribir esta reseña, porque la segunda temporada mejora absolutamente en todo a la primera.

SPOILERS AHEAD (no leer sin haber visto la temporada 1)

Temporada 2

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Tras una secuencia de persecución en las calles de Chicago, en la cual se muestra un enigmático personaje nuevo, viajamos velozmente a la suburbana Hawkins, donde la segunda temporada expone el pequeño paso del tiempo con una evolución lúdica. Los pibes ya no se fanatizan por Dungeons & Dragons (el cual es referenciado todo el tiempo pero no aparece siendo jugado), sino por los arcades. Ha pasado un año desde el regreso de la muerte de Will Byers (Noah Schnapp, que no se cansa de romperla) y parece que no hubiera pasado el tiempo. Para todos, Will es de cristal. Para su madre Joyce (Winona Ryder en uno de los mejores papeles de su vida), para sus amigos. Los únicos que parecen tratarlo con un intento de normalidad son su hermano Jonathan (Charlie Heaton) y el novio de su madre, Bob, interpretado por otro que comenzó su carrera en los 80, Sean Astin. En cambio, el resto finge. Lo curioso es que tienen razón para tratarlo así. Will no está bien. Tiene now memories (recuerdos del presente). Ve un bicho gigantesco con forma de araña en la lejanía que remite tanto a It como a Super 8.

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Por estos numerosos episodios en los que revive “el otro lado” (upside down), Will es tratado en el Laboratorio Hawkins, ahora bajo el mando del Dr. Owens (Paul Reiser) que tiene un comportamiento ligeramente sinuoso. Owens, Bob, la chica con poderes del principio no son los únicos personajes nuevos presentados en este super cargado primer capítulo. Falta la que le da el nombre al capítulo y que también remite a los 80: Mad Max. Maxine (Sadie Sink) es la chica nueva, de la edad de Mike (Finn Wolfhard), Will, Lucas (Caleb McLaughlin) y Dustin (Gaten Matarazzo). Ella es áspera, anda en patineta, juega al ‘Dig Dug’ como los dioses. Suficiente como para que Lucas y Dustin queden prendados de ella y la incluyan en su grupo. No Will, que está en otra. No Mike, que tiene la cabeza en otra.

Eleven

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La serie divide a los personajes en grupos y subgrupos que van haciendo su camino hasta el emocionante epílogo. Por acá, los chicos. Por allá, Nancy (Natalia Dyer) y Jonathan, que quieren que se haga justicia por la muerte de Barb Holland. Por acullá, el jefe Hopper (nuestro nuevo Hellboy, David Harbour) que guarda más de un secreto, siendo el principal que cuida y aloja a Eleven (Millie Bobby Brown) desde hace casi un año. En todos lados, Joyce (a veces sola, a veces con Bob o Hopper) es una de las madres mejor escritas de la ficción, no solo porque cree en su hijo sin reservas, sino porque no le tuvieron que inventar una licenciatura para que pueda “entenderlo” y decodificarlo.

Eleven, que para ser honestos tiene el desarrollo mas endeble de la trama, vive en una cabaña secreta que Hopper tiene en medio del bosque. Buscada por gente del Laboratorio Hawkins, se mantiene recluida de la sociedad, sin conectarse con sus amigos, en particular Mike, con el cual ya había desarrollado algo más que una amistad. La situación y su ingreso a la adolescencia –que ella no puede entender– la convierten en alguien rebelde, que Hopper, por sus responsabilidades, no puede controlar. Es por eso que Eleven se hace su propio camino del héroe. Va a descubrir cosas de su pasado, a mejorar sus poderes y a regresar para la batalla con más experiencia. Su camino, de vuelta, es un tanto flojo para lo bastante que revela. El grupo que conoce en Chicago, del cual se desprende la enigmática Kali, por una cuestión de guión, no culmina todo lo que prometía allá en el primer capítulo.

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Conclusión

La segunda temporada de Stranger Things supera en todo aspecto a la primera porque hay una confianza rotunda en el relato. El argumento se desenvuelve capítulo a capítulo sin que le sobre nada en absoluto, por eso termina a los nueve episodios, que es un número completamente inusual. No ocho, no diez, no trece. Nueve. Los hermanos Duffer contaron la historia que querían contar en la longitud que les convenía, evitando así el mayor problema que suelen tener las series originales de Netflix: el exceso de capítulos de relleno. Terminar una serie queriendo más no es algo muy normal en el gigante del streaming, y Stranger Things lo logra con facilidad.

La tercera temporada, ya aprobada, necesita sin duda ampliar el espectro por fuera de la pequeña Hawkins, las cosas se han vuelto demasiado extrañas para los suburbios.

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