Los Perros: El fin de la lealtad

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En esta parte del hemisferio a los perros se los ve como compañeros leales para las personas. Partiendo de esa metáfora incluida en el título, se puede decir que esta película sostiene entonces un subtexto sobre la lealtad. Marcela Said, la directora, en su otra película El verano de los peces voladores (que, por cierto, todavía está en Netflix) utiliza a los animales como canalizadores de los sentimientos de los personajes.

Antonia Zegers interpreta a Mariana, una mujer de unos 40 años. Está casada con un argentino (Rafael Spregelburd), quien parece tener más relación con su suegro (Alejandro Sieveking) que con su mujer. Spregelburd es un abogado chanta que le da una mano al padre de Zegers legalmente. Porque, no es dato menor, el padre estuvo relacionado con los eventos de la dictadura.

Una dictadura militar no puede no dejar rastros cuando desaparece, nunca se va completamente de la memoria del pueblo. En esta película, Alfredo Castro interpreta a un ex coronel que fue partícipe de aquellos eventos. A su vez, es el profesor de equitación de Zegers. Así se van conociendo, ella conecta y simpatiza con él. Llegan a tener una relación muy cercana que es impulsada por su propia apreciación y curiosidad por Castro.

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A la directora de esta película le interesa pensar cómo se comporta la gente hoy en día en relación con el pasado de su pueblo. Si bien hay muchos que piensan que salieron favorecidos económicamente gracias a Pinochet, el film se pregunta: “¿cuántas muertes nos salió esta estabilidad económica?”. Incluso, el padre de Zegers parece tener un pasado más turbio que el coronel. Y sin embargo, es impune.

Su padre es militar, su profesor de equitación es militar, su marido es monótono. Ella acompaña. Hay cierta negación hacia el pasado de su familia. Respecto al marido, pareciera que ella está casi por obligación con él. El personaje de Castro es entonces una liberación y revelación para ella.

Algo que está muy presente en este contexto es el machismo, la superioridad del hombre ante la mujer, tanto en su marido como en su padre. Aunque Zegers se concibe como una mujer bastante independiente a la que pareciera que esto no le llega a afectar tanto, está latente todo el tiempo. Para la directora también esto era una constante en su otra película como subtema, otro elemento recurrente y que probablemente sea contemporáneo a la sociedad chilena actual.

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Hacia el final, Castro recibe amenazas, se encuentra esperando una citación de la corte. Está jugado. Zegers lo acompaña en esos momentos, mantienen relaciones y, en su última salida, salen de picnic. Se despiden, él le entrega un sobre con evidencia que inculpa a su padre. Ella lo toma, se va. A lo lejos, escucha un disparo.

Cuando ella tiene en sus manos el poder para destruir a su padre, lo deja archivado. Se mantuvo “leal” a él, y pasó a “traicionar” a Castro. Las lealtades a diferentes personas: El Afecto por un lado, y del otro La Sangre.

El tiempo pasó, los hijos de una amiga están jugando y quemando cosas en una fogata. Encuentra en su cartera el sobre, como si fuese un cajón de los recuerdos, lo entrega a los niños para que lo quemen. Sale a pasear y halla un perro muerto: el fin de la lealtad.

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