Reseña: Mindhunter

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No tengas miedo, sos un reprimido como todos los demás 
No tengas miedo, tu mente es muy frágil como todas las demás 
No tengas miedo, no tengas miedo
“Terror” El mató a un policía motorizado

Una buddy movie o película de amigos suele tratarse de un relato en el que se retrata la amistad entre dos personajes –habitualmente hombres– del mismo sexo. Este tipo de género suele aparecer como un híbrido de otro tipo de relatos, por lo general road movies, policiales o comedias de enredos.

Estas películas apuntan a que el desarrollo de una relación, en principio antitética de los protagonistas, logre hacer avanzar la trama. Blake Snyder (2005) en su libro Salva el gato –publicación un tanto infame, lo sé, pero que me parece que tiene muchos elementos rescatables– ubica a las buddy movies dentro de la categoría “Amor de colegas”, mencionando que se trata de un género que va más allá de la típica dinámica de amistad al estilo de las películas de policías compañeros de patrulla, Dos tontos muy tontos o Rain Man…”.

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David Fincher (Seven, Fight Club, Zodiac, The Girl with the Dragon Tattoo) es un hábil narrador de este tipo de relatos. Llevando consigo un gran talento para la dirección de actores, se encarga de construir personajes muy peculiares que se complementan entre sí. Con todo ese background, no resultó llamativo que el monopolio rojo le encargara la tarea de definir estéticamente una de sus nuevas apuestas Mindhunter.

Señalada por error como una serie creada por el director de Panic Room, Mindhunter es una serie original ideada por el guionista australiano Joe Penhall (The Road, Enduring Love). David Fincher solo dirigió los primeros y últimos episodios, además de ser uno de los productores ejecutivos del show. Entonces, si bien es cierto que no es un producto creado por este realizador, no puede negarse que necesariamente lleva su marca y sello. Es él, en definitiva, el encargado de presentarnos el universo y marcarnos el camino hacia el futuro en el final de temporada.

Quiero detenerme un poco aquí para explicar este punto, ya que no es menor. En el sistema tradicional industrial de la producción televisiva, a diferencia del cine, son los showrunners quienes llevan la voz cantante. Se trabaja con criterios estético-narrativos y visuales que luego serán ejecutados por otros realizadores y guionistas. El director, dentro de este esquema de producción, aparece relegado a un mero técnico. Las 5/6 personas que asumen ese rol a lo largo de una temporada se encuentran en un rodaje en el cual todo el equipo técnico ya tiene indicaciones sobre cómo debe trabajar. Es imposible, por ejemplo, que el director quiera explicarle al director de fotografía, tal como sucede en cualquier película, cómo iluminar una determinada escena o locación. Esos criterios ya están prefijados y, por razones de coherencia, no suelen ser negociables.

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Esto explica por qué el rol de Fincher es determinante para analizar Mindhunter. Es en definitiva él quien al abrir y cerrar el relato diseña las marcas y criterios estéticos y de tono que la serie tendrá en todo su desarrollo.

Pero veamos, ¿de qué trata Mindhunter? Siguiendo la línea de Zodiac, la serie nos ubica en la década del 70, en pleno apogeo del fenómeno de los asesinos seriales. No en vano, de alguna manera, la serie basa a sus protagonistas en John E. Douglas y Robert K. Ressler, dos míticos agentes del FBI que son considerados los pioneros en teorizar sobre aquel fenómeno.

Así, el relato se centra en la relación de Holden Ford (Jonathan Groff) y Bill Tench (Holt McCallany), dos miembros del bureau que por una serie de coincidencias terminan formando una oficina para estudiar y comprender la lógica de este tipo de crímenes. Luego de los primeros episodios se suma al dúo Wendy Carr (Anna Torv), una psiquiatra que aporta al equipo una fuente de información más científica sobre la cuestión.

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A lo largo de sus diez capítulos, Mindhunter trabaja como concepto la psicología de sus personajes, tanto la de los afamados criminales basados en personas reales que aparecen allí retratados, como la de los propios protagonistas. Fincher hace algo extraordinario aquí al convertir la serie en una maravilla prodigiosa del plano y contra plano. Con una puesta en escena muy cuidada, se encarga de trabajar desde múltiples variaciones de encuadre todos los extensos diálogos de los personajes que generan climas muy cargados de tensión. Así, rompe exitosamente con la premisa clásica del cine y la narración: Show, don’t tell (muéstramelo, no me lo cuentes). Porque en Mindhunter esto es una cuestión central: más que ver los hechos horripilantes de los asesinos, los imaginamos a través de su relato. Esto genera un clima tan sórdido que por momentos se vuelve sofocante.

Fincher recurre entonces a mezclar viejas herramientas de su filmografía para definir la estética de la serie. Por un lado, el tono y el look visual se asemejan a la impronta de Zodiac; esto no solo se refleja en el arte –dado que ambas historias transcurren en la misma época–, sino que la lúgubre fotografía también acompaña en el mismo sentido. Si bien el tono es un poco menos oscuro, con lugar hasta para algunos pasos de comedia, el relato va en esa línea, incrementando notablemente su oscuridad en los últimos dos capítulos. Por otro lado, se trabaja muy fuerte la puesta en escena en tono similar a lo que había ocurrido con Social Network, película que también era dialogada por entero. De este modo, el director recurre a una gran fragmentación y utilización de encuadres peculiares para generar un valor agregado desde lo visual que ayude a sostener y otorgue dinamismo a los extensos parlamentos.

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Es importante destacar, en línea con lo mencionado previamente, como el director trabaja a partir de la idea de la inestabilidad psicológica en la construcción de todos los personajes. Del mismo modo en el que en Social Network se presenta la historia de un sujeto con enormes dificultades de sociabilización que en forma irónica termina creando la red social que más personas conecta en el mundo actual, en Mindhunter se muestra cómo personas frágiles, obsesivas y con serias inestabilidades emocionales son los encargados de estudiar a criminales que tienen los mismos síntomas patológicos. Se trata entonces de pensar cómo es posible ubicar en dos lugares opuestos una situación aparente.

Por consiguiente, y en clave de buddy movie, Holden y Bill trabajarán juntos aun sin quererlo del todo. Pero lo interesante en este sentido es cómo, a lo largo del desarrollo de la serie, la trama irá distanciándose de las características tradicionales del género para formar un relato que, en un sentido similar, expande esta categoría a otras relaciones posibles entre los diversos personajes.

En resumen, Mindhunter es otro éxito estético, narrativo y visual del monopolio rojo. Probablemente sea su serie de qualité del año y, quién dice, el comienzo de un nuevo y largo hit.

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