Mother!: en el principio era el eterno retorno

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Aire

Convengamos de entrada lo siguiente: Mother! (Darren Aronofsky, 2017) arrastra un lastre de controversia que, más que nada, consiste en una estrategia de marketing bien planificada. Porque en efecto, la película tiene el perfil de obra de autor con calificación para adultos, financiada por una productora comercial. A eso, se suma la reticencia del director por adelantar detalle alguno sobre el argumento del film, además de una innovadora campaña de publicidad con imágenes, tipografía e intervenciones urbanas con la frase ¡Madre!, traducida a diferentes idiomas a cargo del artista plástico James Jean.[1] Dicho en otras palabras: una inversión de alto riesgo que la propia productora salió a respaldar.[2] Su presupuesto fue de 33 millones de dólares. Se estrenó el 13 de septiembre en cines y, al primero de octubre, llevaba recaudados casi 35. El negocio, por ende, parece no haber salido tan mal. Por otra parte, la película ha polarizado la opinión de la crítica: unos ensalzan sus virtudes, otros minimizan su alcance o denigran sus excesos. Mi experiencia en el cine fue, en este sentido, memorable. Por lo menos desde que asistí a ver Enemy (Denis Villeneuve, 2013) no me topaba con un público como con el que tuve la suerte de compartir la función. No oí a nadie comiendo pochoclo. Vi cómo muchos abandonaban la proyección antes de llegar al clímax. Incluso alcancé a escuchar algunos que expresaban su intención de solicitar el reembolso de la entrada. Unos cuantos nos quedamos hasta el final de los créditos. Algunos perplejos, otros fascinados.

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Agua

Mother! no es solo el resultado de lo que se cuenta, sino también de cómo se cuenta. Los recursos técnicos a los que Aronofsky apeló para relatarnos esta alegoría claustrofóbica constituyen un elemento esencial de la obra. En este aspecto, se destaca la pericia del director de fotografía Matthew Libatique, con quien Aronofsky trabajó en Pi (1998), Requiem for a Dream (2000), Black Swan (2010) y Noah (2014). La cinta está rodada enteramente con cámara en mano. Predomina una perspectiva centrada en el personaje de Jennifer Lawrence. Las escenas se construyen mediante el empleo de planos sobre el hombro, planos subjetivos y primerísimo primer plano del rostro de la actriz. Este recurso sitúa al espectador en la posición de la protagonista: se mueve al ritmo de ella y no puede ver ni percibir otra cosa que no sea lo que ella ve y percibe. Esta sensación se acentúa mediante el empleo de lentes con poca profundidad de campo. La consecuencia de este recurso es que mucho de lo que queda en segundo plano se vuelve borroso y, por ende, se vuelve misterioso e inquietante. A estos matices, se suma el hecho de que la escenografía se reduce a un caserón de estilo gótico americano, con muros y paredes que suenan con una gravedad siniestra, construido según una estructura circular, plagado de habitaciones y de escaleras que se interconectan. La cámara, al seguir a la protagonista de manera constante, dibuja entonces una coreografía laberíntica a lo largo de la historia y suma, así, a la inquietud de lo que sucede (y nos enteramos muy poco), la sensación de extravío.[3] A su vez, la película está grabada con formato Super-16. Este pormenor se asocia no solo al hecho de que permite una mayor movilidad del equipo al emplear cámaras más livianas, sino que además se asocia históricamente a la imagen del cine independiente, de los documentales y de las series televisivas. Eso le brinda cierta calidez e intimidad a la atmósfera. De este modo, el clima familiar y entrañable elaborado por la textura de la imagen se ve invadido por el desconcierto y la claustrofobia que impone la perspectiva y el movimiento de cámara.

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Fuego

La historia de Mother! es un mecanismo que opera con un ritmo pausado durante la primera hora de metraje y que luego acelera su curso como una locomotora sin frenos. Impone al espectador una regla muy sencilla: que se preste al juego de su lógica alegórica. De entrada, deja a la vista sus múltiples citas cinematográficas que incluyen a El angel exterminador (Luis Buñuel, 1962), The Trial (Orson Welles, 1962), Rosmary’s Baby (Roman Polanski, 1968), The Shining (Stanley Kubrick, 1980) e incluso Children of Men (Alfonso Cuarón, 2006). Lo mismo puede decirse de sus fuentes literarias: a la vista quedan sus referencias a la Biblia, a la obra de Kafka o al teatro de Beckett. Mother! cuenta la supuesta situación de una pareja (Javier Bardem y Jennifer Lawrence) que, en apariencia, acaba de mudarse a una casa recientemente adquirida y que de golpe recibe la visita de unos personajes que, con el correr de los hechos, se van convirtiendo en criaturas indeseables. El modo en que esos personajes se convierten en unos sinvergüenzas es ya un signo de que lo que va sucediendo remite a algo que está en otra parte, fuera de lo que se muestra. Este es el juego. Corre por cuenta del espectador aceptarlo o rechazarlo. Pero conviene advertir lo siguiente: si el espectador admite la oferta, debe estar preparado no solo para reírse o conmoverse con las desgracias que, de forma surrealista, se van acumulando, sino también debe saber tolerar los excesos en los que, más tarde o más temprano, el relato habrá de sumergirse. En mayor o en menor grado, todos remiten a un sentido que se halla fuera de la narración. Quedará en manos del espectador hallar o (de)construir este sentido.

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Tierra

Si se toma en consideración la filmografía de Aronofsky, podría decirse que Mother! representa un retorno del director a las historias narradas con ese aire de cine independiente que se respiraba en sus primeras obras. Mother! constituye una síntesis entre su mirada de cineasta indie y su experiencia (no muy favorable) en producciones con gran presupuesto. Recupera en gran medida cierta preocupación religiosa que el cineasta ya había explorado en The Fountain (2006) y Noah. Pero, a diferencia de estas dos, plantea estas disquisiciones mediante un lenguaje más cercano a la intimidad y la asfixia de Pi. En consecuencia, Mother! es una obra pensada para un ensamble de cámara pero que suena con la potencia de una orquesta sinfónica.

[1] Gran parte de esta campaña se publicó en el instagram de James Jean (@jamesjeanart) y de Darren Aronofsky (@darrenaronofsky).

[2] Declaraciones de Megan Collingan, presidente de marketing y distribución internacional de Paramount: Todo el mundo celebra cuando Netflix cuenta una historia que nadie más quiere contar. Esta es nuestra versión. No queremos que todas nuestras películas apuesten a lo seguro. Y nos parece bien que haya personas a las que no les guste [Mother!]. http://collider.com/mother-movie-defended-by-paramount/

[3] El movimiento de los actores por la casa se planificó minuciosamente. Para ello, el equipo realizó ensayos previos empleando el plano de la casa como un escenario teatral. http://variety.com/2017/artisans/production/darren-aronofsky-mother-1202556016/

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