Reseña: Friends from College

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La nueva sitcom de Netflix fue universalmente vapuleada por el resto de la crítica por razones que entiendo pero no termino de compartir. A veces juego a imaginar a críticos de cine y televisión como snobs que buscan motivos ulteriores en todo. Quizá nosotros en la revista también lo somos de vez en cuando. Sin embargo, siempre hemos propulsado el comportamiento contrario. Permitirnos el entretenimiento y no convertirnos en unos solemnes de la academia. Creo que parte de la dura crítica a Friends from College proviene de una necesidad de despegarse de la inmadurez.

Amigos

Friends from College juega un tanto con la dinámica de su abuela Friends. En principio, el grupo es de seis. Hay un personaje femenino medio pirado pero simpático, hay un mujeriego medio nabo, hay una obsesiva, hay un tipo super inteligente que si escarbás bien te das cuenta de que es bastante desagradable, que dentro del grupo de amigos tiene un mejor amigo que es gay (y no sospechado gay como Chandler), y luego está Lisa (Cobie Smulders), que no replica a ningún personaje de Friends pero es genuinamente la persona más querible de la serie, a pesar de sus errores.

La serie juega con una dinámica peligrosa: nadie es agradable. No por completo. Ethan (Keegan-Michael Key) es un aclamado escritor casado con Lisa, que tiene un amorío con Sam (Annie Parisse), desde hace veinte años. Por recomendación de su amigo editor, Max (el añorable Fred Savage, de The Wonder Years), comienza a desarrollar una historia para el sector “Young Adult”. El complejo personal de Ethan pasa porque tiene el beneficio de la crítica pero no el de las ventas. La mudanza a Nueva York abre nuevas puertas para Ethan y Lisa, que están buscando un hijo mediante fertilización in vitro. Ella comienza a trabajar en una suerte de oficina de El Lobo de Wall Street y él intenta desarrollar la novela, que es perfecta para el mensaje de la serie como para con el grupo de amigos: disfrutar de algo diseñado para adolescentes siendo adultos.

Acá me permito el paréntesis. Sacando los eventos de fealdad dañina de los personajes entre ellos, los mecanismos de amistad que funcionan entre los protagonistas son realistas para todos aquellos que muchos años después seguimos teniendo un grupo de amigos de edades inmaduras.

El grupo de seis amigos de Harvard se completa con Nick (Nat Faxon), un mujeriego heredero de un trust-fund y Marianne (Jae Suh Park), que es una actriz de obras experimentales y no tengo claro cómo tiene semejante departamento en Nueva York pero quizá me lo perdí en el barullo.

La reunión de amigos permite algunos eventos y anula otros. Hay una competencia. Una revelación de mezquindades. Y por supuesto, una demostración de maldad en la relación espuria de Sam y Ethan, que se cagan en Lisa, que es amiga y esposa.

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Y no tanto

Los ocho capítulos de la serie fueron dirigidos por Nicholas Stoller, uno de los dos creadores de la serie. La coherencia estética se nota aunque no juega un rol muy importante. Es una sitcom y no termina de emerger de ciertos patrones preestablecidos por el género. Durante el visionado pensé más que seguido que Friends from College hubiera funcionado mejor como una evidente dramedy, que es ya tan común en la grilla de Netflix (recordemos Love, BoJack Horseman, Dear White People, Flaked…). Se le nota una falta de minutos que desenreden situaciones apuradas e ininteligibles. Ethan es un tipo brillante, que actúa como un imbécil el 90% del tiempo. Y lo mismo puede decirse de cuatro de los seis personajes. Si Friends from College fuera de 40 minutos y sacaran el pie del embrague, permitirían redondear mejor las motivaciones de los personajes para ser tan odiosos como son. O para mostrarle al espectador las razones que tiene el guion para describirlos así.

En los 30 minutos que dura cada capítulo hay una disección de hechos que se repite y que termina por agotar en el cringe y en la velocidad.

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Conclusión

Friends from College no va a ganar ningún premio ni va a ser laureada por ser original o una gran serie. Pero sería hipócrita decir que no la disfruté o que me pareció “mala” para estar dentro de la amplia porción de la crítica especializada que pide cosas y luego no las aplaude cuando surgen. Hay un protagonista excluyente afroamericano que por una vez se sale de los cánones. Hay personajes femeninos creíbles y bien escritos. Hay una buena dosis de sentimiento, a pesar de todo. Es divertida en el planteo común que hace. Está bien actuada.

Lo mejor que se puede decir de Friends from College es que entretiene y se ve en un ratito, pero no es ninguna maravilla. Hay muchas series mejores en todo aspecto, pero sin duda hay mucho peores también.

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