Reseña: BoJack Horseman Temporada IV

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El final de la temporada anterior de BoJack Horseman desafiaba los límites de la imaginación para una serie animada protagonizada por un caballo, ex estrella de una sitcom (siempre busco encontrar la inspiración detrás de BoJack. ¿Fue Bob Saget?, ¿Tony Danza?). La muerte por sobredosis de Sarah Lynn, su hija menor en la ficción de Horsin’ Around, dejaba al protagonista casi al final de su fallido pathos. ¿Cómo podía continuar?

No podía

Acá nos corremos de lo que “podían hacer” los guionistas, que es literalmente cualquier cosa y nos paramos en “lo que generalmente se hace”, que en el canon es mostrarnos a un personaje fumando y tosiendo.

Así, luego del final de la 3a temporada y la contemplación de la Libertad y del Ser por parte de BoJack, solo podíamos esperar una Redención que, para ser honestos, no se merece. BoJack no es bueno. El silencio de Diane ante esa pregunta de hace un par de temporadas es nuestro silencio y reflexión. No, no es bueno. Las tres temporadas anteriores nos dan cientos de razones para determinar nuestro juicio. Pero la Redención tiene que estar igual porque el protagonista si es malo, malo se muere (y se redime) o vive con temor; si es malo hasta ahí (como Don Draper), tiene su redención personal. Emerge de una muerte simbólica.

La 4a temporada de BoJack pone a sus personajes principales a vivir sus historias y raramente entrecruzarlas. BoJack viaja a la casa de veraneo de sus abuelos en Michigan y desaparece un año. Princess Carolyn continúa su relación mientras balancea su vida profesional. Todd, ya más en sintonía con su asexualidad, desarrolla un nuevo plan de negocios que involucra payasos y dentistas. Diane, que trabaja en una web a lo Buzzfeed, no sabe qué hacer para mejorar su relación con Mr. Peanutbutter, que busca ser gobernador de California en una serie de secuencias hilarantes que replican el ascenso de Trump. Todas las historias, a excepción de la de BoJack, tienen su cuota muy realista de drama, pero a la vez funcionan como una enorme construcción de comic relief que intenta equilibrar el espesor dramático del relato de BoJack, que por momentos es inesperada e ininteligiblemente ominoso. Casi solo por la razón de serlo. Hace recordar a ciertos directores que buscan sobreexponer el género de su obra. Los creadores de BoJack Horseman en su 4a temporada nos gatillan todo el tiempo con el recuerdo de que lo que presenciamos es una sadcom. Quizás la mejor de ellas. Pero por momentos se hace pesado. Incluso un día a la vez.

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No debía

BoJack se refugia en la destruida y abandonada casa de sus abuelos en Michigan, donde mediante unos implacables flashbacks se nos muestra el trasfondo del odio de Beatrice, su madre, hacia él. Lo cual, hipotéticamente, nos revelaría la psicología de BoJack. Beatrice es la menor de dos hijos de una pareja típica de los 50. El hijo mayor, Crackerjack (cuya voz hizo Lin-Manuel Miranda), parte a la guerra de la cual no volverá. Este hecho vuelve depresiva a la madre de Beatrice (abuela de BoJack), y en un tiempo aún más patriarcal que el nuestro, eso deriva en una lobotomía. Beatrice crece en un hogar manejado masculinamente por el señor Sugarman, su padre, dueño de la Compañía Sugarman, que le hace un “Baile de Presentación”, como se estila en la clase alta en EE. UU. (sí, aún hoy), donde debería entablar una relación con otro rico heredero. La rebeldía natural adolescente de la muchacha la hacen juntarse con un proto rebelde beatnik y aficionado a la escritura. Tras una noche de sexo, queda embarazada de BoJack, y la pareja se muda a San Francisco. BoJack crece en un hogar donde los padres se tienen un resentimiento profundo, provocado por el cambio de vida que deben asumir. Finalmente, después de mucho batallar, Butterscotch, el padre de BoJack, acepta un trabajo en la Compañía Sugarman. Las condiciones económicas mejoran. Las personales, por supuesto, no.

Este arco argumental se nos presenta de a pedacitos a lo largo de la temporada y con la introducción de un personaje fundamental: Hollyhock (Aparna Nancherla, una actriz que vieron en varias de Netflix, como Love y Master of None), una supuesta hija de BoJack que también participa en la estructura que posibilita la esperada expiación y que, por supuesto, configura su camino a lo BoJack Horseman, lleno de momentos de mierda, uno de ellos, el más grave, provocado por Beatrice que, ya anciana, sufre de una suerte de Alzheimer selectivo y demencia senil.

El final, sin spoilear, nos da algún rayo de esperanza. Indudablemente, más bajo BoJack no puede caer. Esta temporada fue de alguna manera una meseta que busca sacar a BoJack del fondo del mar, del cual, irónicamente, pareciera que nunca salió desde aquel famoso capítulo.

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Conclusión

Esta temporada de BoJack Horseman es excelente porque sus momentos buenos son demasiado buenos y los momentos flojos no logran opacar el resultado. En concreto, el resto de las historias que hacen sus vidas y apenas se entrecruzan con el homónimo protagonista no son ni remotamente tan interesantes más allá de lo genialmente construidas. El espectador de BoJack Horseman se va a encontrar añorando que vuelvan todo el tiempo a la historia de BoJack que, aparte, a lo largo de sus doce capítulos tiene más de un misterio que develar.

La dirección de los capítulos alcanza niveles poéticos (y fílmicos) cada vez mejor logrados, especialmente en los capítulos de BoJack pero no exclusivamente, y pocas veces un voice acting se sintió tan real.

Retomando algo del primer párrafo de esta reseña: Will Arnett debe estar personificando a algún actor de sitcoms de los 90 que vivió un calvario secreto similar, pero en su interpretación está dejando todo de sí. Sería justicia que fuera nominado al Emmy a Mejor Actor de Serie Dramática en algún momento. Ya es ineludible.

 

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