Festival Han: Parte uno

han cine

Después de haber disfrutado por primera vez, hace un año, la tercera edición del festival de cine coreano en Buenos Aires, mejor conocido como Han Cine, estaba más que ansioso por su cuarta entrega en el 2017. Finalmente llegó septiembre, y con él, este hermoso encuentro sobre el cual voy a estar reseñando varias de sus películas.

De las once películas que en total se proyectaron (y se siguen proyectando mientras escribo) pude ver nueve. Vi solo el comienzo de una nefasta décima película sobre la cual haré un comentario en la última parte (parte tres) de este artículo y la número once estaba fuera de mi disponibilidad horaria, por lo que no tuve oportunidad de verla. Antes de empezar vale aclarar: como soy fan de poner una cosa sobre otra para que después todos estén en desacuerdo, esto está ordenado de peor a mejor.

Sin más preámbulos, veamos qué tuvo para ofrecernos la cuarta edición del Han Cine.

Número 9: Seoul Station (Estación Seúl, 2016), de Yeon Sang-ho

Seguro que han escuchado hablar de Train to Busan (2016), una película de zombies coreana con reconocimiento internacional, que supo ser un éxito de taquilla en Argentina y en el mundo. Lo que quizá no hayan escuchado es que Train to Busan fue el primer intento live-action de Yeon Sang-ho, quien hasta ese momento había dirigido solamente cortos y largometrajes animados, como The King of Pigs (2011) y Saibi (2013). En el mismo año de estreno de Train to Busan se estrena Estación Seúl, películas que comparten el mismo universo, es decir, el mismo tipo de zombies, y no mucho más. Los personajes no se repiten y sus historias, si bien están relacionadas con zombies, no son las mismas. ¿Cómo resultó este spin-off de Train to Busan entonces? Si prestaron atención a la introducción podrán deducir que no muy bien, al menos comparada con el resto de las películas en el festival. Lamentablemente, esa comparación no es necesaria para decir que Estación Seúl fracasa en el área más elemental de todas: la animación propiamente dicha.

La premisa es básicamente esta: dos grupos de personas intentan sobrevivir a una infección zombie que aparentemente tiene origen entre los mendigos que habitan en la estación de Seúl. De todas maneras, los zombies serán el menor de sus problemas, ya que estamos nosotros, los vivos. El film tiene montones de ideas interesantes que apuntan a una crítica de la sociedad y las instituciones, mayormente la Policía, frente a una situación de pandemia zombie. Incluso, previo a la infección, vemos cómo los mendigos son discriminados y es debido a su exclusión del sistema que esta infección parece ser posible. Por otro lado, el final es inesperado y con muchos huevos. Ahora todo esto desaparece en la ejecución debido a la increíblemente desastrosa animación CGI (animación digital), que impide constantemente meterse de lleno en la historia. Lo único decentemente animado son los zombies y sus movimientos frenéticos. Los desplazamientos humanos, ya sea caminar o correr, son completamente rígidos y los diálogos son acompañados con revoleos de brazos que, además de ser completamente antinaturales, tienen un efecto de blur que produce un poco de mareo. Es como si las producciones de Train to Busan y Estación Seúl hubiesen sido al mismo tiempo y el director hubiera tenido que elegir a cuál dedicarle mayor tiempo y, por alguna razón que desconozco, ambas debían estrenarse sí o sí el mismo año. Es lamentable pero los problemas en la animación hacen que la única oferta animada del Han Cine apenas pueda soportarse.

Número 8: The Priests (Exorcistas, 2015), de Jang Jae-hyun

Opera prima del director, Exorcistas es un olvidable, en su mayor parte, ejercicio del género que le da el título al film. Más con un perfil de thriller que de terror, Exorcistas sigue el proceso del padre Kim (Kim Yun-seok) y el decano Choi (Gang Dong-won) para exorcizar a una muchacha que había sido cercana al padre Kim. Choi es el último de los varios ayudantes que estuvieron junto a Kim pero que no pudieron seguir debido a lo dificultoso y perturbador de la tarea en cuestión. Para esto llega Choi, un joven decano, cuyo día de nacimiento parece hacerlo el más indicado para combatir demonios.

The Priests dura una hora y cuarenta minutos. Durante la primera hora nos introduce a los personajes y algunos de los elementos que serán de vital importancia para el desarrollo del exorcismo. Sin embargo, algunos de estos componentes pueden resultar forzados y tornarse obvio para el espectador que solo existen para tener un rol en la resolución final. Es alrededor de la hora de película que llega el momento del exorcismo y la cosa se pone un poco más interesante. Todos esos cuarenta minutos restantes están dedicados exclusivamente al conjuro y su resolución, que implica más que solo extraer el demonio de la chica. Sin tener algo que la diferencie sustancialmente de otras en el género, quedan todas las fichas puestas en ese exorcismo final que, si bien está muy bien ejecutado y resulta algo especial debido a su duración, no hace más que transformar en entretenido algo que venía siendo por demás aburrido y para nada novedoso.

Número 7: The Handmaiden (La Doncella, 2016), de Park Chan-wook

El renombrado Park Chan-wook dice presente en el festival con The Handmaiden, primera de la lista que no podría considerar ni mala, como Estación Seúl, ni mediocre, como Exorcistas. Sin embargo, dentro de la variada filmografía del director Park, La Doncella es la que menos me atrae por razones que detallaré brevemente.

En la Corea ocupada por Japón, Sook-hee (Kim Tae-ri) se separa de su familia para convertirse en la doncella (criada) de Lady Hideko (Kim Min-hee), heredera de una gran fortuna familiar que vive desde pequeña en una mansión con su tío Kouzuki (Jo Jin-woong). Lo interesante está en el verdadero propósito de Sook-hee: lograr que Lady Hideko se enamore de Fujiwara (Ha Jung-woo), responsable de la presencia de Sook-hee en la mansión y quien, bajo el falso título de conde, planea desposar a Hideko y quedarse con su fortuna.

El retorno de Park al cine de su país luego de la criticada Stoker (2013), su única producción norteamericana hasta ahora, supo ser alabada tanto por la crítica como por las audiencias. Y si bien es indiscutible el nivel de maestría que demuestra desde una cámara en constante movimiento y una dirección artística exquisita (los vestuarios y sets son realmente impresionantes, de visionado obligatorio para los que estén interesados en esas áreas), me es inevitable pensar que el estilo barroco y vistoso de Park Chan-wook, que tan bien funcionó en sus anteriores películas, es innecesario para contar esta historia inspirada en la novela Fingersmith, de Sarah Waters. Tampoco ayuda que los elementos eróticos del film (sí, es un thriller erótico) estén más presentes de lo que deberían, y con un tratamiento un tanto superficial. Dicho esto, hay mucho que disfrutar en The Handmaiden, que en su duración de dos horas y veinticuatro minutos se las arregla para distribuir dos giros en la trama (plot twists) que mantienen al espectador en alerta, siempre reconfigurando las relaciones de poder presentadas en el film.

 

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