Reseña: Narcos Temporada III

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La tercera temporada de Narcos hace la gran Homeland, cuarta temporada, cambiando bastante su perspectiva y entonces mejorando. En el camino pierde a un personaje emblemático, personificado por un brasileño al que el español le salía raro.

Foco

La acción continúa donde quedó la segunda temporada, con la muerte de Escobar. El agente Javier Peña (Pedro Pascal) lidia con los entresijos de la captura del capo, su alianza con mafiosos igual de terribles, que ahora son su nueva presa: el Cartel de los Caballeros de Cali, de los hermanos Rodríguez Orejuela, quienes en una gran fiesta anuncian su retiro de la actividad ilegal para sorpresa de sus mandos medios, que no están muy entusiasmados. En esa fiesta, se muestra otro de los personajes principales de esta nueva temporada, Jorge Salcedo (Matias Varela), el jefe de seguridad de uno de los capos que, conforme a la presión de la DEA que avanza a niveles insospechados, se convertirá en soplón de Chris Feistl y Daniel Van Ness (Michael Stahl-Davies y Matt Whelan), los dos agentes de la DEA que son asignados a Peña en la central de Bogotá.

La serie cambia la perspectiva porque, indudablemente, la figura de Escobar no es fácil de cubrir. Los Caballeros de Cali, cuyo número completan Chepe Londono (Pêpê Rapazote) y Pacho Herrera (Alberto Ammann, fenomenal), tenían una apronta mucho más sutil en el mundo del narcotráfico. Mientras que Escobar se contentaba con apilar cuerpos, el Cartel de Cali utilizaba sus contactos y repartía dinero. Gran parte de la trama se encuentra en descubrir estas conexiones y es probablemente uno de los sectores que, ideológicamente, más flojean.

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Desenfoque

Si uno busca en Internet puede encontrar los listados de series y películas financiadas por el gobierno americano (en los presupuestos del Pentágono, la CIA, etcétera), en orden de producir contenidos culturales que realcen el espíritu americano. Propaganda, hablando mal y pronto. Por momentos, sobre todo en esta temporada de Narcos, se siente que es una muy sutil propaganda de la DEA. Por motivos del guion, uno de los productores ejecutivos, Chris Brancato, cuenta que modificaron cosas y que acortaron periodos de tiempo. Suena curioso que no hayan inventado un personaje de la DEA que estuviera también en el cuaderno contable de Miguel Rodríguez. Con el fin de darle un tono de gris, digamos. De acuerdo con la tercera temporada de la serie, solo los colombianos son corruptibles. Solo los colombianos son moralmente dubitativos. Los norteamericanos, incluso Bill, el agente de la CIA (Eric Lange), tienen un objetivo claro aunque sea contrapuesto. No los atrae el sucio olor del dinero ensangrentado. Son todos, a su manera, buenos. Sobre todo porque cuando actúan de manera cuestionable, nos muestran el camino de redención interna que están haciendo. Ellos sufren. Ellos. Los buenos. Los norteamericanos.

No estoy haciendo una defensa de los mafiosos narcos acá. Estoy señalando que la dualidad bien-mal de Narcos, en su tercera temporada, es muy extrema y perjudica el desarrollo narrativo. Incluso, en el personaje que hace un traspaso de malo a bueno, Salcedo, no se explica bien por qué es malo en un principio (esa explicación sí existe en la realidad), cuando es un tipo preparado intelectual y profesionalmente, que no tiene afinidad por la violencia. Si la única razón es el dinero, ¿cómo es que ningún agente de la DEA es tentado? Es más, hay un chiste al respecto sobre los paquetes de jubilación. Hay un conflicto de sensatez en el relato. Hubiera sido una buena vuelta de tuerca.

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Conclusión

La tercera temporada de Narcos, como las dos primeras, se ve muy rápido. Hay una sensible mejora en la cinematografía general. Probablemente, la cercanía de época (mediados y fines de los 90) ayuda mucho a la chance de mostrar. Hay buenas secuencias aéreas que detallan un país tan hermoso como inexplicablemente violento.

El nivel general de las performances actorales es altísimo, con momentos brillantes de Ammann como Pacho Herrera, que por momentos parece Al Pacino saltando de Michael a Tony con una fluidez que ya envidiarían actores de mayor cachet. Suma mucho el personaje del español Javier Cámara como el contador de los Caballeros, aunque su trama, como la del lavador Franklin Jurado (Miguel Ángel Silvestre) no añadan, prácticamente, nada más que minutos al metraje.

La música en Narcos siempre fue un apartado distinto. Colombia y la cumbia van de la mano y hay pocos momentos en que no esté sonando algo simpático de fondo que genera un alto contraste necesario.

La próxima temporada de Narcos se enfocará en el Cartel de Juárez, posiblemente con un equipo totalmente nuevo (me la juego que el agente protagonista va a ser femenino) que irá llevando la trama hasta una incierta conclusión en el presente. Han hecho un camino desde mediados de los 70 con el principio del reinado de Escobar y es posible que culminen con el Chapo Guzmán.

Veremos si en el camino se acuerdan de que desde que existe la DEA, el consumo de droga en EE. UU. no paró de crecer geométricamente. Para darle más sabor a esa cumbia.

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