El entorno como protagonista

El protagonista se encarga de desempeñar el papel principal en la obra, puede ser una persona o, en raras ocasiones, una cosa; sin embargo, pocos son los casos en que el entorno se adueña del protagonismo del relato.  Películas como Paris, je t’aime le han dado protagonismo al entorno, al intentar reflejar el clima de una ciudad específica, pero sin una propuesta más ambiciosa que simplemente narrar historias (ficticias) situadas en ese lugar. En Blow Up, de Antonioni, si bien el entorno no participa de manera activa en el desarrollo de la trama, sí lo hace en uno de los temas centrales de la película, la cual retrata (y critica) la época del Swinging London. Esto, aunque toma mucha presencia en el relato, no llega a opacar la trama que se dedica a seguir el descubrimiento de un asesinato por el personaje de David Hemmings. Por esto, a pesar de que el entorno toma un rol importante, no estamos tampoco en condiciones de decir que sea el protagonista de la película.

Podría considerarse que en 127 Horas, de Danny Boyle, el entorno toma protagonismo (o más bien, antagonismo), porque se desarrolla lo que se conoce como un conflicto con el entorno. Es así que este es una parte fundamental de la historia, porque es la fuerza que se opone al protagonista; sin embargo, su lectura no va mucho más allá de esto, es un entorno que es funcional a la trama. Como herramienta en el relato no sirve para mucho más que para darle una situación de la cual escapar al personaje de James Franco.

Acostumbrados a la narrativa aristotélica de tres actos donde se sigue a un personaje, puede que resulte difícil imaginar un relato donde el entorno tome mucho más protagonismo que como lo hace en los casos anteriormente mencionados. De todas maneras, algunos (escuetos) relatos nos han demostrado que se puede ir más lejos, y esto no desde hace precisamente poco. Como ejemplo, vamos a analizar el caso de Playtime, para muchos la obra maestra de Jacques Tati, estrenada hace ya medio siglo, allá por 1967.

Al decidir darle protagonismo al entorno, no se puede encarar la narración como la de cualquier otra cinta. Por eso, desde su estructura, Playtime está compuesta por seis secuencias casi inconexas entre sí. La película se centra más en la arquitectura de los espacios que en los personajes. El mismo Tati dijo que la verdadera estrella de la película era el propio set. Ataca temas como el consumismo, utilizando varios objetos diseñados con un criterio estético y para impresionar a la gente, más que por cuestiones de funcionalidad. Como escobillones con luces, anteojos que se levantan de un solo lado, sillones ergonómicos pero que resultan molestos, sillas elegantes pero que dejan marcas en la ropa, entre otros. La tecnología es representada por Tati como obstrucciones en la vida cotidiana que interfieren con la interacción humana.

Estos ambientes que forman parte del entorno ya empiezan a hablar de la sociedad en la que se desarrolla la historia. La elección de una paleta extremadamente gris, que evita los colores vivos y saturados, refuerza la construcción de un París futurista, con edificios modernos de vidrio y muebles artificiales. Asimismo, los grandes ventanales, puertas y paredes de vidrio están presentes en toda la película, estos despojan a los espacios de su intimidad, dejando ver demasiado a través de ellos y quitándoles, así, privacidad a las personas, creando un mundo moderno más transparente.

Por otro lado, la utilización excesiva de una arquitectura de vidrio hace que los espacios estén mucho menos delimitados y que los personajes pierdan el sentido de la orientación. Es así que se busca crear confusiones espaciales, tanto para los personajes como para el espectador. La desorientación es apoyada con un diseño de ambientes muy repetitivos y similares entre sí, en los cuales Monsieur Hulot (el turista que viaja de visita a París, interpretado por el propio Tati) se extravía constantemente.

Pero poner estos elementos frente a cámara no es suficiente, hay que hacerlos destacar, y para esto es que Tati utiliza a lo largo de todo el filme planos muy abiertos que le permiten darle más peso al entorno. En la mayoría de las producciones, se asume que el primer personaje con preponderancia que veamos va a ser quien protagonizará la historia, o al menos será de cierta relevancia para la trama. Sin embargo, en Playtime, a pesar de que está Hulot como personaje más recurrente, este aparece intermitentemente, el relato no siempre lo sigue a él, dándole por momentos un rol central y por otros un rol de apoyo.

Tati aprovecha la extensa utilización de planos abiertos, junto con una larga cantidad de extras que se encuentran muy presentes en cuadro, para evitar definir a un personaje como protagonista al comienzo de la película, poniendo tomas que en varias ocasiones poseen diversos planos de acción. Es decir, vemos más de una actividad destacarse en el cuadro al unísono, generalmente una sucediendo cerca de cámara y otra más lejos. De esta forma busca confundir, haciendo que ningún personaje sobresalga más que otro como para considerarlo protagonista, mientras que el espectador intenta decidir a cuál de los dos planos de acción debería prestarle más atención, en un intento de aferrarse a un protagonista que realmente no está ahí.

Por esto mismo es que Tati se vale de una profundidad de campo muy amplia. Es decir, casi todos los planos que nos muestra suelen estar completamente en foco, evitando hacer una separación entre fondo y personaje con la que se podría destacar a este último.

A pesar de tener ya 50 años, Playtime continúa siendo una película adelantada al resto, ya que sus personajes no actúan de una manera demasiado particular ni tienen una personalidad marcada como podría buscarse en muchas otras producciones. Eso acá no importa, ya que lo que estos personajes puedan hacer no es relevante para el relato, sino que lo que importa es lo que ellos puedan descubrir del entorno y las reacciones y actitudes que este pueda generar en ellos.

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