Reseña: Big Little Lies

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Desde hace un tiempo la cadena televisiva de HBO viene pisando fuerte en el campo de las series (Game of Thrones, Westworld, etc.). Pero lo que nunca vimos venir fue la obra de arte que logró con Big Little Lies, esta miniserie dramática de tan solo siete episodios está basada en el libro homónimo de Liane Moriarty. El creador es David E. Kelley, aunque la mano que dirige los episodios es la del prestigioso Jean-Marc Vallée (Dallas Buyers Club).

Cabe destacar varios factores importantísimos para analizar lo que lograron, como un reparto más que acertado, una narración impecable y una trama espectacular. Dicho reparto de lujo cuenta con Nicole Kidman, Reese Witherspoon y Shailene Woodley en los roles principales, mientras los roles secundarios están ocupados por actores y actrices de renombre como Laura Dern, Zoë Kravitz y Alexander Skarsgård, entre otros. De todas formas, hay una delgada línea entre principales y secundarios. Cada uno sabe ubicarse y destacarse a su manera.

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La historia arranca con un asesinato y una gran incógnita: ¿a quién mataron? La respuesta a esa pregunta se encuentra en el último episodio después de varios hechos que nos conducirán a ese momento.

Y nos presentan la vida de las tres madres protagonistas: Madeline (Reese Witherspoon), Celeste (Nicole Kidman) y Jane (Shailene Woodley), quienes tienen hijos en edad de primer grado, lo que las lleva a cruzar sus caminos. Madeline y Celeste son las que llevan una vida “perfecta”, mientras Jane se muda al lugar siendo madre soltera. La serie se desarrolla en Monterrey, un pueblo costero norteamericano, y se destaca por la posición económica de sus habitantes y sus apariencias.

La ficción plantea tres problemas base: la violencia de género, el bullying escolar y la infidelidad. Aborda la violencia de género de una forma totalmente cruda y fría, pero que no llega nunca a sentirse fuera de lugar, todo lo que muestra te hace erizar la piel y masticar bronca y para eso debemos darle todo el crédito a la pareja estelar: Skarsgård junto con Kidman. Ambos demostraron una tremenda química en las escenas más jugadas.

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Y si hablamos de destacar, hablemos de Shailene Woodley. Si la mayoría creía que le sería difícil despegarse de su papel en la saga Divergente (2014), estaban completamente equivocados, y me incluyo, porque la verdad es que hizo maravillas con su personaje de Jane Chapman. Supo plantar un personaje totalmente común y fresco, pero también logra que todo su sufrimiento en pantalla logre traspasarla y llegue al espectador de alguna forma u otra.

Hacemos un grandísimo punto y aparte para hablar de la fotografía y la música, porque si hay algo que tiene magia en esta serie aparte del reparto, es su espectacular soundtrack que está disponible en varias plataformas para escuchar.

Estamos ante una serie imprescindible que aborda los problemas más reales y urgentes de las mujeres de hoy en día de una forma muy inteligente y sin llegar a sentir demás ninguna escena, cada una aporta algo y es clave. Nos brindó un final insuperable.

Un drama más que recomendado y casi que diría obligado para aquellos amantes de las buenas series, que tanto cuesta encontrar en esta época.

 

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