Reseña: “The Founder”

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La mayor virtud que puede poseer una biopic, sobre todo aquellas que narran solo una parte de la historia del protagonista (como en All the Way o Steve Jobs), es ser objetivo con el personaje retratado. El relato de cómo Ray Kroc se convirtió en el fundador de la cadena McDonald’s no le escapa al bulto. Es tarea de la ideología del espectador discernir en qué hombro ponerlo: ángel o demonio.

Fundando un Imperio

Michael Keaton, desde el renacimiento de su carrera con Birdman, no ha tropezado casi con los papeles que eligió. El rol de Kroc no era uno difícil a priori, salvo por el enfoque que se le diera.

Kroc es un buscavidas. Un vendedor viajante que intenta colocar sus batidoras de cinco varillas en los famosos diners de Estados Unidos. No está teniendo suerte. Por el diálogo constante con Ethel (Laura Dern, en las secciones más flojas de la película y no por culpa de ella), la suerte de Kroc no parece algo firme. Viene y se va. Viven bien. Es una América a pasitos de formar la generación más exitosa del siglo. En ese momento recibe un pedido de ocho batidoras de un restaurante de California: McDonald’s. El pedido extravagante logra que Ray viaje a San Bernardino a visitar el negocio tan pujante que necesita ocho de sus máquinas. Allí conoce a Dick y Mac McDonald (Nick Offerman y John Carroll Lynch, sensacionales), los dueños de McDonald’s e inventores de un novedoso sistema de producción gastronómico que garantiza la comida en treinta segundos.

La ambición puebla la mente de Ray Kroc que logra que Dick y Mac acepten una asociación para expandir el sistema en franquicias.

Velozmente, los problemas se inician entre los hermanos y Ray. Este, necesitado de discos vinilos motivadores en los primeros minutos de película, se ha convertido en un tiburón, en un capitán de la industria.

El resto es conocido y pueden investigarlo en Wikipedia.

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Robando un Imperio

En ningún momento el guion busca que uno odie o ame a Kroc. Es sincero. Es un tipo con ambición capitalista y hay que juzgarlo con esas herramientas ideológicas. Por supuesto, para algunos será un genio que vio una oportunidad y la tomó. Para esos mismos, los hermanos McDonald no merecen más que una puteada por no haber sabido ver una oportunidad y explotarla debidamente y todo lo que les sucedió a posteriori es merecido.

Los otros podemos pensar al revés: Ray Kroc es un producto auténticamente capitalista. Un voraz villano que ha creado un imperio explotador robándoles todo a sus creadores legítimos, para crear, décadas más tarde un producto alimenticio mediocre y caro (para su mediocridad) y del cual no percibe su mayor ganancia.

Esa es la mayor revelación de la película. Ray, sumido por las deudas, conoce a Harry Sonneborn (B. J. Novak), quien le explica que, en realidad, McDonald’s no es un negocio gastronómico. Es un negocio de bienes raíces. La ganancia de McDonald’s proviene del control de las parcelas donde se erigen los locales. Es lógico que lo que la gente consume sea entonces lo que menos importa.

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Conclusión

La dirección de John Lee Hancock no se corre mucho de las otras que ya dirigió (The Blind Side y Saving Mr. Banks). Discreta, limitada y sin estridencias. Ideal para que el motor de la película sean los actores y ninguna clase de grandilocuencia visual. La recreación de época, los años 50, se sostiene en los automóviles, las vestimentas, algún decorado y, en general, está muy bien. Las actuaciones son todas brillantes, con alguna sección que no suma nada a la historia y que tranquilamente podría haberse obviado, como la relación de Ray con Joan, su tercera esposa, interpretada por Linda Cardellini. Todas las partes de sus relaciones suman para mostrarnos cuál es la motivación de Ray, su espíritu ambicioso, su necesidad de ganar, pero le quitan algo de dinamismo a una cinta que avanza constante hasta que llegan esas partes.

The Founder es una película sólida que nos muestra la creación del gigante. Es interesante y amena, y se puede ver de diferentes maneras ideológicamente, y eso es siempre un valor agregado.

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