Grace y Frankie: A la vejez, martinis

Está claro que Netflix se ha convertido en un nuevo espacio para todo tipo de público y, en este sentido, si bien los thrillers están a la orden del día, sus directivos han capitalizado el nuevo nicho de los mayores de 60 años que saben usar las redes y tienen ganas de ver algo hecho especialmente dirigido a ellos.

En 2015, Netflix estrenó Grace and Frankie, una serie original de esta plataforma, creada por Marta Kauffman (de 60 años ella misma y conocida por la exitosa serie Friends) y Howard J. Morris (productor de las series cómicas According to Jim, Home Improvement, entre otras), interpretada por Jane Fonda y Lily Tomlin, dos actrices que en sus 70 años de vida y varios de carrera han protagonizado películas y series y ganado diversos premios cada una por sus interpretaciones; en el caso de Jane Fonda, galardonada dos veces con un Oscar y siendo nominada otras cinco, y Tomlin, ganadora y varias veces nominada a los Globos de Oro. El cuadro de actores se completa con Sam Waterson, más conocido por su actuación en la serie La ley y el orden y un Martin Sheen muy distinto (pero en un buen sentido) a su interpretación en Apocalypse Now.

Grace and Frankie, que ya lleva tres temporadas y la promesa de una cuarta, rompe varios esquemas al centrar la historia en dos matrimonios de 70 años: Grace y Robert, por un lado, y Frankie y Sol, por otro, que llevan 40 años de casados. Hasta allí, rupturista en cuanto a poner el peso en personajes mayores con vidas propias. El gran quiebre con lo clásico sucede en los primeros 10 minutos del primer capítulo, cuando los varones de los respectivos matrimonios, quienes han sido socios de una firma de abogados durante 40 años, confiesan a sus mujeres en el marco de una cena que quieren divorciarse debido a que ambos están enamorados entre sí, han mantenido su relación oculta durante los últimos 20 años y quieren casarse para poder aprovechar lo que les quede de vida juntos. Vejez y diversidad sexual, juntos en una misma serie, es un riesgo que puede chocar en cierto público más tradicional pero que, bien llevado, puede divertir y, por qué no, ayudar a abrir algunas mentes.

Grace es una clásica wasp (las siglas en inglés para “blanca, anglosajona y protestante”), parte de la generación de los baby boomers, es decir, aquellas mujeres que nacieron después de la Segunda Guerra, que han tenido sus hijos pero también sus propias carreras. Su matrimonio ha tenido poca conexión afectiva y mucha fachada, de hecho, lo primero que hace Grace, después de escuchar la confesión de Robert, es volver a su casa y sacarse el maquillaje con el cual se presenta en sociedad y pide a su marido que no le diga nada a sus dos hijas para poder tener un último almuerzo normal con ellas.

Por otra parte, Frankie y Sol son judíos con un estilo más hippie que, sin dejar de ser americanos de clase alta, fuman marihuana, se preocupan por el medioambiente, tienen dos hijos adoptados con nombres extraños y les encanta hablar de sus sentimientos. Frankie se ha dedicado en sus últimos años a dar clases de arte a ex convictos y, lejos del maquillaje, su primera reacción ante semejante noticia es hacer un viaje alucinógeno con peyote en la casa de la playa que han comprado juntos ambos matrimonios.

Esta casa en la playa será el refugio elegido por las mujeres una vez que la bomba explota. El problema es que, siendo tan diferentes entre sí, Grace y Frankie se detestan mutuamente. Sin embargo, el tiempo y el contexto inigualable les harán saber que son la mejor compañía que podrían encontrar.

A lo largo de estas tres temporadas, Grace y Frankie transitarán, al principio, la convivencia al estilo de la serie La extraña pareja, pero revisitada: con las mujeres mayores en el centro de la escena, la sexualidad y su diversidad como tema abierto y los martinis o marihuana (según la preferencia), como compañeros constantes de las aventuras.

Con sus excentricidades, Frankie ayudará a la remilgada Grace a abrirse a sus sentimientos, mientras ella, por su lado, intentará que su amiga hippie pueda concentrarse para transformar sus creativas ideas en proyectos concretos y, por qué no, usar su laptop. Ambas, también, irán irritándose mutua y constantemente a lo largo de cada capítulo.

Las nuevas parejas se irán acomodando a sus nuevas vidas, tratando de limar asperezas y sanar las heridas con sus ex, después de veinte años de mentiras, no sin algunos traspiés en el camino. Ambas mujeres empezarán a vislumbrar que también hay un nuevo capítulo para sus vidas sexuales y que es mucho más divertido tener una mejor amiga con quien poder hablar al respecto. Por su parte, también los hijos cumplirán sus roles en esta trama, buscando sus respectivos lugares en el frente de batalla entre madres y padres y fluctuando entre el rol de hijos protegidos y el de adultos que cuidan a sus padres mayores.

A medida que la serie avanza, consolidados los vínculos en el interior de las nuevas familias, Grace, Frankie, Robert y Sol deberán salir para lidiar con el resto del mundo sobre lo que pasó y lo que está pasando, así como batallar con los problemas propios de cada una de las nuevas relaciones. A su vez, nuestras protagonistas, explorarán sus costados laborales como emprendedoras, al darse cuenta de que todavía tienen mucho para brindar al resto del mundo, en especial al mismo grupo etario.

Al igual que Grace and Frankie, Netflix ofrece un producto pensado por y para personas mayores, con un estilo fresco, divertido y profundo a la vez. Desde una mirada innovadora y para nada condescendiente, sino más bien empoderadora sobre la vejez y los temas que la atraviesan como el derecho a gozar de una sexualidad cómoda, el rol que ocupan en la sociedad, la soledad, el trabajo e incluso la muerte. Todo esto en un contexto actual y aggiornado. El mensaje es que todo esto es mejor atravesarlo con valentía, sin vergüenza, y en compañía, sin importar qué rótulo tenga.

CORRECCIÓN: Miriam Coronel.

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