Cuánto le aporta una mujer a la felicidad de un valle de lágrimas.

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Que el policial es generalmente considerado un mundo de hombres, es algo que pocos discuten con abnegada convicción, tanto sea en la literatura y en el cine, como en las series, las historias suelen girar en torno a protagonistas masculinos. En consecuencia el género ha dejado históricamente, para la mujer, el lugar de la femme fatale, un sujeto/objeto de deseo para sus protagonistas.

En la actualidad la narrativa policial, en particular en el formato de serie de TV, han buscado e intentando, muchas veces con éxito, romper estos estereotipos.

En este marco vamos a destacar en esta oportunidad a destacar el intento encarado por la serie (actualmente vigente) ‘Happy Valley’; un drama policial por excelencia que cuenta con la extraordinaria actuación de Sarah Lancashire a cargo del personaje principal: Catherine Cawood, una sargento de policía que intentando resolver un secuestro se verá cara a cara con el hombre que destruyó su familia tiempo atrás (trama y subtrama de la primera temporada).

Antes de profundizar en este personaje protagónico, una mujer ejerciendo el rol policial a la par del hombre pero sin perder aristas de su personalidad propias de su condición femenina, vamos a entregar algunas consideraciones importantes sobre esta propuesta británica producida por la BBC (que más allá de su anticuación se encuentra en este momento disponible en Netflix, lista para ser disfrutada).

En primera instancia, podemos señalar, sin temor a equivocarnos, que ningún policial que se precie, puede prescindir gratuitamente de buenos secundarios. El secundario ilustra, enriquece y evita que la trama muera por agotamiento. A mi modesto entender el personaje de la sargento Catherine no podría desplegar la variedad de matices que ofrece si no contara con un riquísimo abanico de personajes secundarios que interactuando con ella, le dan la posibilidad de sean mostrados. Un reparto a la altura de la protagonista y su historia que construyen un crisol de personajes con tintes psicológicos, que no se pisan ni se superponen entre sí y terminan aportando valor agregado al relato. Entre ellos podemos destacar a Siobhan Finneran en el papel de Clare Cartwright, la hermana de Cawood y a James Norton como Tommy Lee Royce, el violador, asesino y monstruo de la historia, visto al desnudo. También a Steve Pemberton a cargo del personaje llamado Kevin Weatherill, que es un Contador que enojado con su jefe tiene la mala idea de instigar el secuestro de su hija, delito que la sargento Catherine se encarga de desbaratar durante la primera temporada y a Kevin Doyle que como el Detective Sargento John Wadsworth, que en la segunda temporada, siendo víctima de una extorsión sentimental, trata de deshacerse de la acosadora mediante un método criminal que, por sus características, culpe a un asesino serial de prostitutas que está siendo buscado en ese momento.

En segundo lugar, debe comentarse que ‘Happy Valley’ resulta ser, para la serie comentada, un título ciertamente irónico, tratándose de un relato que gira en torno a la vulnerabilidad, al egoísmo, a la tristeza, e incluso, a la maldad innecesaria e incomprensible ciertos individuos humanos y que el ambiente de cinismo pedestre y el gris escepticismo que flota en la diegesis, sitúan a ‘Happy Valley’ en sintonía con la línea tradicional del cine social británico.

Como tercer aspecto a destacar debe señalarse que entre sus bondades, la serie mezcla, con cierta maestría, el drama policial con el doméstico, en una combinación que lleva al espectador a sufrir a la par y en la medida de los personajes; a que pueda reír con ellos en las pocas veces que se les da la ocasión antes de volver a sumergirse en sus tragedias y calamidades cotidianas o extraordinarias, aunque  nunca totalmente extrañas a su vida. En la trama, los dramas van sobre la ola expansiva de las acciones, robustecidos en los procesos de investigación, institucionales y personales. Esto y unos diálogos sencillos pero devastadores hacen de ‘Happy Valley’ una serie muy apropiada para los gustadores del género negro.

Volviendo la protagonista: la policía Catherine Cawood, el papel es interpretado por la actriz inglesa de televisión, cine y teatro, Sarah Lancashire, y lo hace de una forma muy carismática y resolutiva respecto de su trabajo como sargento de policía en West Yorkshire (Condado metropolitano situado en Inglaterra), actitud que trata de trasladar a su vida personal con alguna dificultad. En un principio, aparentemente, vulgar, el personaje de Catherine va desarrollándose mansamente ante los ojos del espectador hasta alcanzar un abrumador nivel de complejidad que lo torna más provocativo sin atacar el proceso de empatía en marcha. La interpretación actoral va subiendo en intensidad conforme el personaje se va encontrando ante situaciones más enredadas.

No resulta vano que se trate una mujer divorciada, que arrastra entre sus pesares la perdida traumática de una hija suicidada tras haber sido violada, que le deja un nieto controvertido, que ella intenta criar contra viento y marea, mientras convive con una hermana heroinómana que se encuentra en rehabilitación perpetua. Tampoco es intrascendente que el violador reaparezca rondando su vida y su destino.

Con estos antecedentes el personaje de Catherine, con todos sus matices de vida, representa un personaje de rica envergadura dramática, penetrada por el sufrimiento emanado de las vivencias anímicas de situaciones extremas, que por efectos de una apreciable interpretación artística (con una Dirección de Actores virtuosa, por lo que parece) produce un efectivo proceso de empatía con el espectador, que termina con una valoración positiva del personaje protagónico, sin embargo, se hace necesario aclarar (y esto que se aclara de lo más interesante) que la Sargento Cawood está lejos de ser una sacrificada policía sin fallas; no llega a ser, ni pretende ser, una heroína perfecta y simpática; se encoleriza como cualquiera y más aún cuando embiste contra sus subordinados por cuestiones laborales (a los que enseña y guía como jefa y líder), vilipendia a sus familiares (a los que sustenta y ama), escupe en la cara de cualquiera lo que sea que piense y, por sobre todas las cosas, aborrece a los imbéciles que tiene por encima en la jerarquía policial. Como rival, autoridad y potencial adversario a veces da miedo y es capaz de darle una paliza a quien se interponga en su camino con intenciones non santas.

En el marco descripto, a partir de la premisa de que todo puede ponerse peor, el argumento nos conduce a través de los sinsabores de la vida de esta protagonista, por el interior de una trama delictiva que se enreda y, al estilo de los Coen, va poniéndose cada vez peor a causa del egoísmo y la estupidez de los protagonistas, que, además, no sucede en la variopinta Nación Norteamericana sino en mitad de una agrisada Inglaterra.

De todas maneras, habrá que tener cuidado con esta asociación porque ‘Happy Valley’ genera identidad propia sustituyendo los toques de sainete absurdo y sin sentido al que muchas veces recurren los Coen (para narrar a su estilo) por porciones dosificadas de dramatismo, en medio de investigaciones policiales caracterizadas por un respetuoso realismo y en la naturalidad impiadosa del día a día; todo ello montado en una narración más rítmica y palpitante.

Dicho esto, para completar el informe, a continuación se agregan algunos exponentes de figuras femeninas, protagonistas de series policiales. Mujeres dueñas de personalidades complejas, ricas en matices, con trayectorias policiacas destacadas y eficaces (considerando el saldo de sus acciones y labores, y su experticia en el oficio policial) cruzadas en el cotidiano por cuestiones y problemáticas de índole personal y privada, que por su significancia, conmoverían la performance de cualquier desarrollo profesional. En cada caso, estas representantes del universo femenino cumplen roles paradigmáticos en muchas de las series policiales más exitosas de los últimos tiempos. Con sus límites, muchas veces generados en la propia sociedad que las contiene y determina, éstas (más que nunca) particulares protagonistas, encarnan como nadie la complejidad de su humanidad y sus circunstancias, como seres sociales conviviendo con un oficio duro, cargado de orden y violencia, de acción más que de razón, al que entregan sus horas productivas con afán de justicia y vocación de servicio.

1

Sarah Linden (The Killing)

Es quizás uno de los personajes actuales que se ajusta más a la construcción clásica del detective negro, pero en versión mujer. Su obsesión –por momentos angustiante– sobre su trabajo como detective de homicidios de Seattle la convierte en una persona solitaria, que lucha contra su tabaquismo y, sobre todo, contra la normatividad de un mundo de hombres. Pero esa misma obsesión la convierte en la mejor en lo que hace, muchas veces eso no es bueno en el interior de un sistema corrupto.

Además de su trabajo, Linden (Mireille Enos) es madre soltera de un hijo adolescente que reclama límites, una carga cultural que le impone la sociedad machista. No importa que sea la mejor detective si no es una buena madre, y esto le cuesta. El conflicto paralelo con el padre del chico da forma a su personalidad, siempre al límite. Eso le da a The Killing un plus: ella y sus demonios.

Su estética contrasta con todas las mujeres que aparecen en la serie: vestimenta neutra, cara lavada, pelo recogido en una cola de caballo, poco afectiva. Eso la vuelve asexuada, masculina, quizás una buena provocación para el televidente que busca en el policial a una femme fatale.

2

Shakima “Kima” Greggs (The Wire)

Negra, lesbiana y policía. Un conjunto de características personales fuerte, en línea con ‘The Wire’, una serie que de entrada y sin preámbulos, se mete con el tema de las drogas en los barrios negros de Baltimore, la “ciudad de barrios” con más de 300 distritos, y lo hace dando una contundente crítica al Estado y a sus Instituciones.

Integrante de una unidad especial para “desarticular” el comercio del crack, que ha sido formada con recursos humanos descartados por la fuerza policial. Esta policía, por variadas razones y como la única mujer del agrupamiento, es uno de los elementos más competentes del grupo.

Sobre sus condiciones particulares, un compañero de la Unidad dice de ella: “Eso tiene Kima, puede pegarte como un hombre”.

Kima (interpretada por Sonja Sohn) es una mujer de pocas palabras, pero se abre paso en el mundo de los hombres con potencia. Demuestra ser la mejor policía, una buena amante y una aplicada estudiante y avanzado el relato, se convierte también en una excelente madre.

En ese andar firme en un mundo de hombres Kima se muestra masculina, contrastando con la fiscal Rhonda Pearlman, vestida permanentemente con elegante falda  impecablemente femenina.

“¿Debes ser lesbiana, verdad?”, le dice su compañero McNulty, y agrega: porque “Una chica guapa, inteligentísima y buena policía no podría sobrevivir de otra manera”.

De esta forma, a pesar de comportarse como una mujer completa, sus compañeros sólo pueden ver en ella a un buen colega, de los mejores.

Aunque Kima, reservará su mundo femenino para la intimidad o para ir de incógnito a una misión, oportunidad en la que casualmente recibirá un tiro que la dejará al borde de la muerte.

3

Carrie Mathison, oficial de la CIA (Homeland)

La oficial de la CIA, Carrie Mathison (Claire Danes), es una de las máximas exponentes en su campo a pesar de ser bipolar. Esta característica personal y psicológica la vuelve volátil e impredecible. Con la ayuda de su mentor, desde hace largo tiempo, Saul Berenson (Mandy Patinkin), la agente Carrie arriesga todo sin temor, poniendo en juego su propio bienestar personal e incluso su cordura, en cada vuelta.

Usted no será capaz de alejarse de este emocionante thriller emocional en el que nada menos que el destino de nuestra nación está en juego.

‘Homeland’ es un thriller de acción para el que se necesita estómago y paciencia, cuestión de soportar los planteos yanquis sobre las guerras contra el enemigo terrorista bajo la perspectiva de un exacerbado patriotismo norteamericano. Se trata de una serie cruda que muestra que todos pierden en ese juego de drones y convoys militares manejados por titiriteros. Las expresivas caras que aporta Claire Daines a su personaje sobresalen por sobre la expresión interpretativa de la compleja personalidad de la particular oficial de la CIA y su perseverancia en seguir su instinto a pesar de las ordenes en contrario y los límites que le pone la institución para la que trabaja. En el marco de su rol protagonista en la historia contada desde su punto de vistas Carrie Mathison parece por momentos jugar el papel dual de la heroína y la villana, casi simultáneamente.

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Elisabeth Moss es la Detective Robin Griffin, una policía de Sydney que regresa a su pueblo natal de Nueva Zelanda (Laketop) para investigar los crímenes que rodean el embarazo y posterior desaparición de una niña de 12 años.

La adolescente desaparecida se cree que está embarazada producto de una violación. Allí le esperan a Griffin un ramillete de conflictos con los que tendrá que lidiar más allá de aquellos vinculados directamente con la trágica situación que trata de desentrañar en su rol de policía: Su madre está enferma de un cáncer terminal; por su investigación tendrá que enfrentar a un brutal personaje del pueblo, sospechoso del crimen al que muchos parecen deberle algo; y lo más grave…, con su retorno e involucramiento en el caso, y en el marco de un escenario local en el que persisten los usos y costumbres de un recalcitrante machismo, la reaparición de un viejo, frustrado y controvertido amor pondrán a Robin frente a viejos fantasmas prevenientes de episodios traumáticos de su primera juventud, los que deberá superar con la madurez suficiente en busca de la verdad dentro del entramado de secretos, ocultamientos y mentiras de una pueblo atrasado culturalmente. En cuanto a la encarnación del personaje, Moss le aporta a la “repatriada” policía un toque exquisito, representando a la perfección el aislamiento de la mujer (como genero) en el universo machista del poblado de Laketop y su conversión a partir de su regreso en un ser abandonado, errático, impulsivo, solitario y, en cierto modo, nostálgico.

5

Stella Gibson, superintendente detective de la Scotland Yard (The Fall)

Gillian Anderson como Stella Gibson, interpreta a una superintendente detective de la Policía Metropolitana de Londres (Scotland Yard) que transferida temporalmente a la policía regional de Irlanda del Norte (PSNI) para realizar una inspección sobre la paralizada investigación sobre el asesinato de la esposa del hijo de un importante político norirlandés, terminará persiguiendo a un brutal asesino serial. El personaje Stella Gibson fue considerado en innumerables foros como uno de los mejores personajes femeninos vistos en 2013. Stella es una mujer en una posición que le otorga cierto poder y responsabilidades, alguien capaz de compartimentar su vida de un modo muy eficaz para ser más efectiva en su trabajo.

Es, ante todo, una profesional que no pide disculpas ni respeto, sino que deja que su trabajo hable por ella y espera en los demás el mismo nivel de auto exigencia. Tampoco pide disculpas por su manera de entender el sexo, llevando adelante su práctica o ejercicio de un modo que es mejor visto para el caso de un hombre que el de una mujer. A propósito de esta cuestión, la forma en que, durante uno de los capítulos, despacha a un amante ocasional después de haberlo disfrutado por la noche es impactante y provocadora.

La superintendente detective de Scotland Yard (Stella Gibson) es cerebral y, al mismo tiempo, consciente de la reacción que suscita en otras personas, aunque eso no le preocupa demasiado.

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