Billions, la peor de las buenas.

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Análisis, solo para quienes terminaron de verla.

Un amigo, ávido de emociones fuertes, me pide recomendaciones sobre series. Suele hacerlo. Trato de no joderlo. No le digo “mírate Velvet, que al capítulo 35 mejora”. Le recomiendo a conciencia, pensando en que le puede gustar.

El hombre está engripado, en la casa. Surfea el streaming y tiene uno de esos días en los que nada le viene bien. Ningún poster lo atrapa. No hay sinopsis que lo pueda.

Por mensaje, pregunta: Che ¿y Billions?

Ese es el disparador de esta nota. Billions es la serie que puede llegar a ser buena, pero que se niega, sistemáticamente, a ser excelente.

La mejor respuesta que se me ocurrió para mi amigo Pocho, es que Billions es la peor de las buenas.

La peor de las buenas

La premisa es atrapante. Chuck Rhodes (Paul Giamatti) es el Fiscal Federal para el Distrito Sur de Nueva York. No confundir con los famosos Fiscales de Distrito, elegidos mediante elecciones, sino que el Fiscal Federal (o US Attorney) es nombrado por el Procurador General, ósea mediante el Poder Ejecutivo. Esto quiere decir que nuestro fiscal no es uno de esos muchachos laburantes de Law and Order. Es un tipo muy arriba en la pirámide alimentaria.

Bobby Axelrod (Damian Lewis) es un multimillonario titular de una firma de fondos buitre “Axe Capital”. Un personaje con una fortuna enorme, uno de los personajes que está en el 2% del 2%.

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La Comisión de Valores – organismo estatal que controla las operaciones bursátiles – solicita, prácticamente desafía,  a Rhodes para que investigue a Axelrod. Sospechan que utiliza información privilegiada y sobornos para operar en la bolsa. Chocolate por la noticia.

Para peor, Wendy (Maggie Siff), la esposa de Rhodes, trabaja como psicóloga “exclusiva” de Axe Capital.  El conflicto de intereses avanza como el tren bala.

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Axelrod la va de tipo común, que “laburando” llegó a tener 10 billones de dólares, pero sigue comprando en la pizzería del barrio y se viste de jean y zapatillas. Rhodes es un hombre de la elite de Nueva York. Su padre es millonario. Él mismo tiene una fortuna personal en un fideicomiso ciego. Viste trajes de tres piezas, confeccionados a medida.

La esposa de Axe, Lara (Malin Akerman), fue, en los viejos tiempos, enfermera. Su familia está ligada con la policía, los bomberos y hasta delincuentes. Recordemos, que para los guionistas esquemáticos, provenir de la clase trabajadora, conlleva vínculos inevitables con el mundo del hampa.

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Todo el tiempo se deja entrever, en sus historias personales, que Axelrod es un “nuevo rico”, mientras que Rhodes siempre formó parte de los clubes selectos. Axelrod, en realidad, llegó más arriba de lo que soñaba mediante una maniobra que casualmente se llevó a cabo el 11 de Septiembre de 2001. No fue a trabajar, ya que estaba siendo despedido de la firma (que originalmente no se llamaba Axe Capital). Mientras el atentado ocurre, y se va dilucidando que está muriendo mucha gente, incluidos casi todos los empleados de la firma, Axelrod comienza a jugar en corto en la bolsa. Básicamente amasa una fortuna increíble al calor de las llamas del World Trade Center.

Ya empezamos a ver aquí un patrón. La serie está filmada en espejo. Los arcos argumentales de Axelrod y Rhodes se van replicando, a veces en dualidad negativo/positivo. Otras veces irán colisionando

Rhodes se toma el desafío como algo personal. Es petiso, pelado, poco atractivo físicamente. Un abogado intelectual. Disfruta de su influencia y capacidad de palanca. Axelrod es el opuesto físicamente a Rhodes. Alto, delgado, fibroso, juvenil. Intimida por su fortuna y su capacidad de análisis e influencia. Y Axelrod es el empleador de la esposa de Rhodes. Una mujer muy atractiva.

El odio, al principio, es unidireccional. En Rhodes se despierta un encono que, realmente, parece poco justificado en el inicio. Los celos, como motivo oculto, no terminan de cuajar. El primer capítulo de la serie, comienza con una escena de sadomasquismo – lluvia dorada incluida –  en el matrimonio de Chuck y Wendy. Esta escena se recuperará más tarde en la trama. Chuck, más que Wendy, es un aficionado a esto. Casi un fan diríamos. Se excita con pies femeninos y tacos aguja.

Axe, ante las primeras escaramuzas, encuentra en Rhodes “un adversario digno de matar”. Un dragón. Axelrod es un macho alfa en el estricto sentido de la palabra, que es “un hombre que asume una posición dominante o un rol preponderante en situaciones profesionales y sociales”. Lo que a Axelrod le sale natural, a Rhodes le es difícil. En las situaciones a las que Axelrod le basta con sugerir, incluso levantar una ceja, Rhodes tiene que forzarlas. No le creen, hasta que no demuestra su poder de manera evidente. Y allí lo acusan de brutal.

Debo confesar, que nunca fui fan de Damian Lewis. No le creo al colorado. Reconozco que estuvo muy bien en Homeland, pero la verdad es que no me parece un actor interesante. No hace un mal papel en Billions, intenta agregarle capas a un personaje detestable. A veces, es insostenible, otras lo logra. Sobre todo en lo que tiene que ver con su relación con Wendy. Giamatti en cambio, está desaprovechado. A Giamatti le quedan bien la sobriedad y los silencios. Aquí lo hacen propenso a una cólera que no asusta. Y a frases que no le quedan. Es un personaje que cuenta anécdotas de caza, de guerras y generales. Parece de una edad que no tiene y habla con terminos de violencia figurada, como todo en esta serie.

El juego de espejos y opuestos, se traslada a los entornos laborales. Axelrod está rodeado de alcahuetes. Parecen personajes sacados de El lobo de Wall Street. Es un poco vergonzoso como se desperdicia a un actorazo como David Costabile en un papel tan chato como el de Wags Wagner, Jefe de Personal de Axe Capital. Es una suerte de Smithers heterosexual y adicto al alcohol y las drogas. Así, tenemos a Dólar Bill Stearn, no mucho más interesante. Un fanático del dinero que adora a Axe, pero que al menos  tiene una de las mejores escenas de la temporada uno, cuando en medio de un interrogatorio se autodenomina “Keyzer Soze”. En la segunda temporada, el team Axelrod incorpora un nuevo personaje, Taylor Mason (Asia Kate Dillon). Tanto personaje como intérprete prefieren no ser designados bajo la normativa de género y se denominan no-binarios. Concretamente, Mason es un prodigio de las finanzas. Axelrod le protege y aconseja. Mason resulta ser la revelación de la segunda temporada. Y no tienen idea de lo que me costó escribir tres oraciones bajo la premisa no binaria.

En la fiscalía de Rhodes, sus colaboradores están siempre al borde del motín. Respetan al fiscal. Le hacen caso, pero Rhodes tiene que sacar permanentemente conejos de la galera para evitar la traición y el desmadre. Tenemos a Bryan Connerty, interpretado por Toby Leonard Moore, a quien vimos en Daredevil como mano derecha del Kingpin, en el papel de asistente número uno de Rhodes. Seguido de Kate Sacker (Condola Rashad), una estrella en ascenso y con la ambición a flor de piel, y finalmente Lonnie Watley (Malachi Weir), el personaje enigmático, del cual creemos adivinar el juego pero se nos lo oculta todo el tiempo.

La estructura en espejo se extiende a los abogados personales de cada protagonista. En el caso de Axe, su abogado, Glenn Fleshler, es interpretado por Orrin Bach. Si les parece conocido, es porque interpretó al Yellow King en True Detective. Fleshler es el abogado más caro que se puede contratar. Trabaja con el solo fin de ser el lobbysta de Axe ante la justicia. En el caso de Rhodes, su abogado personal es Ira (Ben Shenkman) soñando con una oportunidad financiera para dejar de ser abogado. Asimismo, cada uno tiene a su personal para “asuntos especiales”, su mano en la oscuridad. Axe tiene a Hall (Terry Kinney). Un ex agente de alguna agencia, que arregla todo tipo de problemas. Un tipo práctico. Si tuviera 10mil millones de dólares, tendría a un tipo como Hall en el celular antes que a casi todos. En el caso de Rhodes no es tan fácil. Su hombre en la oscuridad, su agente, no trabaja bajo su control. Es su padre, Chuck Rhodes Sr. Es el siempre bonachón Jeffrey DeMunn (The Walking Dead, The Green Mile) el que le pone el cuerpo al papá de Chuck. Un cambio para este actor, ya que interpreta a un viejo castrador, bastante hijo de puta. Un hombre que quiso y no pudo. Frustrado, empuja a su hijo en la carrera. No es que a Chuck Jr. le haga falta demasiado estímulo. Pero su padre ejerce presión incansablemente.

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A simple vista, en este juego de espejos, es Rhodes quien está en desventaja. Pelea con un equipo que no lo aprecia, en un terreno desnivelado por millones y millones de dólares. Pero también tiene de su lado aliados poderosos: el resentimiento, los celos, la ambición y la astucia. Lo que define a Rhodes es la astucia. Axelrod por su lado, utiliza todos los recursos a su favor e inventa algunos en el camino.

En la primera temporada se nos hace notar que Axelrod también está movido por el odio, pero extrañamente es de clase. Veremos, según la psiquis media norteamericana, cuando uno es pobre, lo digno es hacerse millonario, no volcarse a la lucha de clases. Bueno, Axelrod es asquerosamente rico, pero odia a la “puta oligarquía” más que el Conde de Montecristo. Ascendió desde la clase trabajadora, y quiere forzar a la aristocracia neoyorquina a tallar en piedra, literalmente, el apellido Axelrod en lo más selecto del mundo de los patronazgos y la filantropía. Pronto, se dará cuenta que es considerado un arribista, sin estatus para pertenecer. Rhodes en cambio, es un aristócrata, pero sin acceso a su dinero. Un hombre de esos clubes, de esas familias. De universidad Ivy League. Pero que ha sido bulleado por todo el mundo. Aprendió a pelear con astucia. Y a subir y subir.

Mientras que Axelrod medita – budismo, la religión del capitalismo individualista, recordemos, Rhodes practica Judo, el arte marcial que se basa en la no resistencia, para utilizar los movimientos del rival y optimizar el gasto de la propia energía.

Tal vez lo más interesante de la serie es que ambos necesitan a Wendy, Pero por su personalidad, es Axelrod quien parece más dependiente, mientras que para Rhodes es más utilitaria para su carrera política, y sobre todo, para poder practicar sus preferencias sexuales, que incluyen ser pisado por tacos aguja y golpeado, en la relativa seguridad del hogar, sin necesidad de acudir a especialistas externas, siempre riesgosas para carreras políticas.

Es muy difícil ver como unos pavotes que juegan a la bolsa se creen forajidos, por amasar millones especulando. La idea de “outlaw” de los licenciados en administración, es comprar y vender acciones on line, con información paga. Lo peor es que está idea se ha extendido, y es un reflejo de la realidad. La serie lo muestra, pero para los trabajadores comunes, sigue siendo una estupidez supina. La actitud de macho militarista, donde magnate y fiscal se creen generales en guerra y sus colaboradores se comportan como sus soldados en el campo.

Basta ver como consideran una actitud valiente, ejecutar desde el papel de fondo buitre el saqueo de una ciudad que tuvo la mala fortuna de ponerse en su camino. Referencia a a Argentina incluida.

El guión está minado de comentarios que se quieren parecer a ingeniosos, en una era que ha visto guiones realmente elevados por sobre la media. Los responsables tienen oropeles masomenos respetables.  Brian KoppelmanDavid Levien escribieron Rounders (1998) El ilusionista (2006) y Oceans Thirteen (2007) entre otras, y unieron fuerzas con Aaron Ross Sorkin (no confundir con Aaron Sorkin, uno de los mejores guionistas de la TV en su historia). Ross Sorkin es un cronista financiero, columnista de The New York Times, que escribió la novela Too big to fail (Demasiado grande para fallar) sobre la crisis financiera de 2007/2008, luego adaptado por HBO en una película del mismo nombre dirigida por el recientemente fallecido Curtis Hanson.

Para ver forajidos bien escritos, ahí está Deadwood. Para mafia y vínculos de clanes entre hombres, Los Soprano. Para ver a tipos frios y brillantes, está Mad Men. Para ver sociópatas en una picada hacia el infierno, está Breaking Bad. Hace rato que se demostró que no es necesario que los personajes sean buenos tipos. La era de los antihéroes está en su apogeo.  Pero lo que es necesario es que nos importen.

En Billions todo es inyectado artificialmente. Desde el BDSM, el pasado del padre de un personaje, las adicciones, gustos, y elementos de color. Todo parece puesto. Nada es natural. Todos son capas de diseño, tan utilitarias como caprichosas.

Cuando una serie está bien escrita, hace que nos importen cretinos insostenibles, como Vic Mackey de The Shield. No nos importa el destino de nadie en Billions.

Para peor, hay escenas que rozan lo ridículo, como aquella en la primera temporada, en la que un irascible Rhodes le hace levantar la caca de su perro con la mano desnuda a un hombre que tuvo el desatino de sacar a su pichicho a pasear sin la bolsita. Se intenta ejemplificar su sentido de justica, en una escena tan torpe que merecería pertenecer a una serie del universo DC.

La segunda temporada expande el universo. Incorpora aún más actores importantes, como David Strathairn, que interpreta a Black Jack, un tipo al que hay que responder para ser gobernador del estado. Y en el interminable juego de espejos, por el lado de Axe, aparece Lawrence Boyd, interpretado por Eric Bogosian (¿te acordás de Bogosian?¿donde estuvo todo este tiempo?), titular de un fondo antiguo y respetable. Un ilustre.

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Es por esta expansión que la serie mejora sensiblemente, aún cuando repite el juego de espejos. Cuando el final de la primera temporada encontraba a Axelrod paranoico, en una escena homenaje a La Conversación de F.F. Coppola, y a Rhodes terminando su matrimonio con Wendy, al tiempo que peligraba su trabajo, el final de la segunda replica y entonces tenemos a Rhodes paranoico, Axelrod renunciando a su posición de CEO de su empresa, con su matrimonio en llamas.

Si la serie es coherente, debe terminar en la temporada 3, o extenderse a la 5. El juego de espejos no admite el fin en paridad. El fin debe ser colisión. Hay solo 2 finales posibles. O se destruyen mutuamente, o se asocian para para llegar, cada uno en lo suyo, más alto.

Pero la serie no es coherente. Puede pasar cualquier cosa. Incluso, puede mejorar. Es una serie que se enamoró de algo que muchos detestamos: la bravuconada sin sustancia, la impostura de unos chicos bien. He visto que tiene muchos fanáticos. Ya se sabía: billetera mata galán.

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