Entrevista a Clarisa Navas, directora de “Hoy partido a las 3”

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En “Hoy partido a las 3” aparece retratado un micromundo. Un universo pequeño, pero lo suficientemente cargado de personajes y contrastes como para estar dotado de vida.

En la película, muchísimas chicas viajan desde todo el litoral para disputar un torneo de fútbol organizado por el puntero político de un candidato a intendente. Los espacios de “Hoy partido a las 3” prácticamente no tienen hombres, su intervención no es relevante. Esto -una clara decisión política- no aparece exagerado, impostado o forzado. Sencillamente se da, como si fuese natural o posible. Como si ese pequeño recorte existiera verdaderamente, pero por alguna razón se mantuviera invisibilizado.

Para conocer un poco más sobre esto conversamos con Clarisa Navas, directora de la película, oriunda de la Provincia de Corrientes -el dato geográfico no es para nada menor al momento de pensar la película-.

Pueden leer nuestra reseña de la película aquí

  • El fútbol, en general, no ha sido un tema muy abordado por el cine nacional. Esto parece un poco extraño dada nuestra cultura ¿Cómo fue que apareció la idea de retratar a estos equipos y a estos personajes? ¿Qué era lo que te interesaba de ese universo?

Es verdad que el cine argentino quizá no se metió lo suficiente con el fútbol en general, menos, lógicamente, con el fútbol femenino. Eso me motivó a querer hacer la película, dado también que siempre me pareció que nuestra forma de leer la realidad, de vincularnos y un montón de otras cosas que hacen a nuestra cotidianidad están muy atravesadas por la forma del fútbol: por el ganar, por el perder; por inclusive ver la vida en clave futbolística. Por otro lado, yo siempre formé parte de los ambientes del fútbol femenino barrial de mi región, me parecía que estos mismos códigos que se dan por ahí en el fútbol profesional y en otros ámbitos de la vida se daban en este espacio por más que sea amateur y completamente diferente. Había todo un universo muy interesante para hacer visible, sobre todo porque tenía que ver con algo poco visto y también poco conocido, inclusive en mi provincia. Creo que hay ahí un espacio muy potente donde se pueden de pronto dar un montón de encuentros y de situaciones que en una provincia por ahí tan represiva y conservadora como lo es corrientes no se dan. Entonces el fútbol habilita muchas cosas que tienen que ver con la libertad y, sobre todo, con el ejercicio político de muchas mujeres que buscan afirmarse y poder hacerse ese tiempo de ir, jugar, y plantarse en la cancha para defender ese espacio, para poder de alguna manera reinventarse y ser lo que quieren ser por lo menos en esas horas que dura el campeonato o el torneo. Entonces creo que esa cuestión del fútbol y su riqueza era por demás algo que me motivaba para mostrarlo y experimentarlo. Creo que por eso hay una sinceridad en cuanto al tratamiento de todo este universo.

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  • La película tiene una estructura muy particular, en la que el proceso de montaje parece haber tenido mucha relevancia ¿Fue esto así?

La película tiene una estructura muy particular que estaba ya planteada desde el guión. Era una película muy larga al comienzo, y también que iba atravesando un montón de escenas y de cosas que se daban casi con el tiempo real de duración de ese torneo. Después, claramente al haber filmado un montón de material y también tener situaciones que por la mismas características de los diálogos, si bien estaban muy pautadas, tenían un margen grande para la improvisación. Para que pueda también aflorar esa naturalidad y espontaneidad.  Lógicamente, editar eso era un trabajo bastante arduo y de mucha selección, había que con todo eso encontrar una nueva estructura donde ciertas historias se prioricen más o se puedan contar mejor y, a la vez, no cortar algunas cosas que estaban buenas y que si bien por ahí no tenían tanto que ver, o no hacían tanto a la construcción clásica de una estructura, daban forma a ese universo. Fue el montaje un proceso que estuvo muy bueno, los montajistas Sebastián Frota y Sofía Viglioglia aportaron mucho en cuanto a esto de estructurar el material, pero a la vez dejar cierta naturalidad en las escenas. Fue un trabajo de mucha complementación y eso estuvo bárbaro. Lógicamente que el guión se adaptó en ese sentido, no sólo con relación a acortar ciertas cosas sino a  priorizar cierta claridad dentro de lo que se podía. Todo fue muy orgánico, no hubo una gran pérdida de situaciones o de cosas planteadas en el guión.

  • ¿De qué manera el guión se adaptó o modificó al proceso de rodaje y luego a la edición?

Si bien había un guión y estaban los diálogos pautados, la idea era desde ese guión trabajar más libremente. Yo tenía muy presente el texto, pero me parece que en algunos casos eso coarta mucho la libertad y hace que la persona esté muy pendiente de lo escrito, si se está  equivocando, si está diciendo bien. Pasaba entonces que muchas chicas necesitaban el guión, pero con otras funcionaba mejor trabajar de un modo menos rígido. Con Ana Carolina García íbamos viendo eso, les decíamos “acuérdense que vienen de acá”, y estar en eso, repasar un poco el guión, para que puedan modificarse y afectarse, y que tenga una coherencia la curva de los personajes a lo largo de toda la historia. Más en un relato que fue filmado durante un montón de días y debía simular que sucedía durante un torneo. Fue un trabajo en el que estaba todo todo puesto al servicio de la actuación y de que acontezca eso que acontece en la película. Todos estábamos en función de eso, también los técnicos respetando la naturalidad, respetando los tiempos.  Me parece que siempre la cámara y el sonido se tienen que adecuar a lo que está pasando con los actores y no a la inversa, porque sino no se puede actuar en esas condiciones, moviéndose hasta cierto lugar, teniendo en cuenta en el plano, pensando la distancia del micrófono. Hay que desentenderse todo eso y olvidarse para que pueda aparecer otra cosa.

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  • Hay un fuerte trabajo en la interpretación y el trabajo con todas las actrices ¿Cómo llegaste a ellas? ¿Cómo fue el proceso de trabajo previo y durante el rodaje? ¿De qué modo encaraste el trabajo con ellas en el set?

Fue también un proceso complejo. Era el desafío mayor que tenía la película, me había planteado desde el inicio que no quería trabajar con actrices, necesitaba que sean chicas del fútbol y con Ana Carolina García -que es una de las protagonistas y también hizo el coach actoral y el casting conmigo- ideamos un método para poder trabajar y para poder llegar a lo que queríamos lograr. Hicimos dos castings uno en corrientes y otro en el chaco, porque si bien había varias chicas que jugaban conmigo, que ya estaban confirmadas y querían participar, de pronto había que buscar un montón de chicas que no sólo jueguen bien al fútbol sino además se animen actuar y hablar de un montón de temas que en Corrientes y en Chaco son muy tabú. Fue un trabajo bastante arduo el del casting, de entrar a seguir perfiles por facebook e invitar directamente, o inclusive en la cancha ir y decirle a las chicas que había una prueba y que queríamos que estén. Después, una vez que ya tuvimos definido el elenco, ensayamos mucho. Tuvimos que ver qué chicas eran más compatibles para interpretar cada personaje. Fueron muchos meses de ensayo continúo para generar esa cuestión de la de la grupalidad, de construir lazos que tengan que ver con la misma noción de equipo. Es difícil representar un equipo si uno no se siente también como un equipo en otras situaciones. Más allá de los ensayos compartíamos montón de otras cosas, hasta jugábamos al fútbol. Empezamos a convivir prácticamente con todas las chicas y eso llevó a que después podamos hablar en confianza de un montón de temas y exponer libremente un montón de situaciones que iban surgiendo. De este modo, a la hora de filmar era todo un desafío nuevamente, porque una cosa era ensayar con una camarita y que de pronto hubiesen un montón de personas ajenas. Existían también muchos temas que tienen que ver con cierta cuestión de mujeres, o entre mujeres, y de repente había un montón de técnicos que eran varones, de otro lugar y que nunca se habían visto. Tenían que estar en esas escenas. Había que olvidarse de todo el equipo y poder hacerlo igual. En eso ayudó muchísimo el temperamento y la clase de personas que eran los técnicos, y como supieron también amistarse enseguida con todas las chicas. Se formó un grupo muy lindo que permitió esa confianza y el poder actuar naturalmente.

  • La película está grabada casi en su totalidad en exteriores, la mayoría de ellos día ¿cuáles fueron las principales complicaciones productivas previas y durante el rodaje? ¿Cómo se financió el proyecto?

Prácticamente el 90% de la película es en exteriores. Eso fue una gran complicación, estar a merced del clima porque solamente por presupuesto podíamos grabar quince días, y en esos quince días teníamos que rogar que no llueva, o que si llovía tenía que estar dentro de lo que estaba escrito en el guión. Fue realmente un dolor de cabeza muy grande. Las complicaciones productivas tenían que ver con que estábamos filmando en el chaco y ahí es una zona de depresión y de lagunas, entonces apenas llueve un poquito se inunda todo, eso generó que tengamos que cambiar de locación a los dos días que habíamos empezado a filmar. Tuvimos que conseguir otra cancha, siempre estábamos en eso. Se inundó, se hizo un lodazal que después lo terminamos aprovechando para la historia. Todo el tiempo era una película que de alguna manera tenía que irse adaptando a las inclemencias del tiempo y en base a eso iba modificando el guión o los diálogos. Era aprovechar esas cuestiones climáticas para ver que la historia tuviera sentido, sobre todo desde el aspecto de las contingencias. Siempre que estábamos en rodaje yo decía “esto va a ser imposible de editar”. Fue muy complicado porque no teníamos demasiados recursos. Nos alojábamos en la casa de una familia que nos bancaron ese tiempo que estuvimos y guardábamos los equipos ahí, y si llovía nos poníamos debajo de su techo. 
El proyecto se financió en una parte con el apoyo que nos dio el Instituto de Cultura del Chacho, eso fue decisivo para filmar ahí y no en Corrientes. Después fuimos recolectando pequeñas ayudas, como una especie crowdfunding con algunas instituciones, diferentes personas, amigos y familiares que nos aportaban por ahí el transporte de las chicas, o la casa de alguien para alojar a algún técnico, o comida. El trabajo de las personas es también un aporte. Los equipos en gran parte alquilamos, pero también muchos fueron en condición de préstamo. Todas esas cosas fueron las que posibilitaron hacer el rodaje, porque lo hicimos con muy poco dinero, pero con el compromiso y la voluntad excepcional de demasiadas personas. Luego, para terminar, tuvimos un premio del Fondo Nacional de las Artes; ganamos también en el Festival Asterisco, eso nos posibilitó realizar muchos procesos que son muy caros. Finalmente ganamos el Fondo Metropolitano de las Artes que es lo que nos permitió terminar en su totalidad  la película. 

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  • La película tiene una fuerte impronta feminista, sin embargo esto no está impostado en los personajes, sino que se desprende a través de lo que ellos hablan entre sí y las situaciones que se suceden ¿Cómo pensaste esto al momento de planificar el rodaje y la puesta en escena?

Fue algo que se dio naturalmente, porque en ningún momento se habla de un discurso feminista.  Más bien son posicionamientos que tienen varias de las chicas o también de cómo se habla en el ambiente del fútbol sobre un montón de temas. Era algo que estaba puesto en el guión y a partir de ahí muchas conversaciones previas sobre qué pensaba cada una acerca de lo que estaba planteado en el guión y en función de eso adaptar, resignificar o abortar directamente lo que estaba escrito. Eso es algo que se fue construyendo sobre la marcha. 

  • Por otro lado, se luce también una fuerte influencia con relación a la edición de diálogos. Si bien todo aparece dado con mucha naturalidad, se advierte un fuerte trabajo en este sentido para construir el discurso de los personajes ¿Fue esto así? ¿Cómo lo trabajaron?

En la edición de los diálogos hay un trabajo puesto en construir el discurso de los personajes, pero sobre todo hay un trabajo para que esos diálogos suenen como tiene que sonar una conversación. En ese sentido, por ahí desde la parte técnica era un dolor de cabeza para el sonidista porque me decía “Mirá no, no pueden hablar todas al mismo tiempo” había que respetar ciertas cosas que para mí no eran necesarias. Tenía que ser más natural y tratar que el dispositivo se adapte a esto y por más que haya cosas que no se logren entender o escuchar eso tiene que ver también con algo que acontece de ese modo en la realidad. Muchas veces, en las conversaciones, no todo se llega a captar y no todo también es importante que se capte. Pero sí hay algo que se construye en esa forma de hablar. Muchos diálogos salieron del guión, pero muchas cosas han surgido de improvisaciones en los ensayos y nos pareció luego interesante registrarlas y que queden. Que cada una tenga ese registro y esa percepción de por donde estaba bueno seguir o continuar explorando.  A muchas de las chicas ya las conocía antes de escribir el guión, muchos diálogos aparecieron entonces sacados y reproducidos tal cual de situaciones reales que me pasaron a mí y que les pasaron a ellas en un mismo espacio. Por eso también creo que hay algo de todo eso y de ese discurso que muchas veces está puesto tal cual eran las personas que después lo interpretaron.

  • ¿Cómo ves el lugar de la mujer dentro del panorama actual de nuestro cine?

Me parece que que dentro de los discursos elaborados por mujeres, ya sea desde la dirección o desde el guión, siempre es difícil, o es un poco más difícil, siendo mujer ocupar ciertos lugares. Al menos a mí me pasa eso desde mi experiencia también de ser de una provincia, y de alguna manera trabajar siempre en un ámbito que es más masculino que femenino. Me parece que muchas veces el hecho posicionarse o de hasta ser tenida en cuenta es difícil y parece que no, con tantos avances, pero sin embargo siempre hay una resistencia mayor y las cosas son más fáciles cuando se es hombre. Dentro del cine argentino celebro cada vez que hay una apuesta por alguna directora o algún trabajo hecho de parte de una mujer, aunque también sé que el hecho de ser mujer no quiere decir que uno tenga una mirada feminista o con perspectiva de género necesariamente. Pero más allá de eso, estaría bueno que haya más discursos, más miradas con esta impronta. Después, en materia de representaciones de mujeres creo que no hay tanta diversidad, me parece que hace falta eso y es algo que yo me planteé con “Hoy partido a las 3”. Pensaba en cómo son representadas las mujeres de provincia por ejemplo, generalmente siempre se cae en el estereotipo, porque tampoco el cine se ha abierto lo suficiente a las provincias como para que puedan emerger de allí representaciones más auténticas, sino que muchas veces el cine argentino del que hablamos es un cine porteño que se traslada a otras geografías del país, pero que siempre sigue siendo narrado desde esa mirada de alguien ajeno. En ese sentido, hacen falta representaciones que tengan que ver con cuestiones más auténticas y contadas desde un adentro y no desde alguien que va y hace algo. Las representaciones de mujeres que existen en el cine argentino no son todavía lo suficientemente diversas, ni abarcativas. Todo discurso que vaya en relación ampliar este campo y estos márgenes de visibilidad está bueno.

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  • ¿En qué medida creés que influyen el abaratamiento de los costos de producción y la accesibilidad tecnológica para que se puedan ocupar más espacios?

El abaratamiento de los costos de producción y la accesibilidad tecnológica permiten que de alguna manera que sea más realizable algo en un plazo menor. Aunque también, si hablamos de estándares de producción pensados para ocupar una pantalla, o para entrar a los cánones que pide un festival, o una producción de un concurso del INCAA ya nos alejamos de vuelta de esta posible democratización de los medios. Es más fácil producir y al menos generar contenido, pero es un contenido de un formato alternativo, pensado para otra circulación. Todavía el cine está muy condicionado por un montón de factores que no son accesibles a cualquiera que tenga una cámara y quiera hacer algo, sigue estando mediado y atravesado por un montón de condicionamientos y sobre todo por una cuestión de clase. Estudian cine los que tienen después la posibilidad de hacer y eso condiciona las representaciones. La educación en las provincias -la experiencia de las ENERC que están en otras partes del país, o mismo mi experiencia que enseño en la UNNE del Chaco- está buenísima, ahí hay chicos que son apenas de una clase media  y que estudian esto; para ellos tener una primera experiencia con estos recursos que están al alcance de la mano está buenísimo y habla de una apertura, pero para eso es necesario que se mantenga la educación pública que está tan en peligro.
Creo que también hay algo que tiene que ver con lo contemporáneo, lo que nos atraviesa. Muchas veces decimos “bueno hay que producir, producir, producir”. Está bueno que de pronto todo el mundo produzca, lo que sucede es que no está formado justamente quién va a ver eso. Los modos y los lugares donde va circular el material. Paralelamente a esto de ocupar espacios, a veces pienso que son espacios vacíos.  Donde de pronto no hay mirada o no hay nada puesto ahí. Entonces creo que es muy compleja la situación que nos toca atravesar. Si bien está buenísimo producir y generar,  también es necesario pensar o crear audiencias y espectadores posibles, en todos los sentidos. Ya sea de un visionado de internet o mismo en el cine, que también es ya un privilegio hoy en día. Nos toca pensar en generar espacios y también en quién realmente ve.

  • ¿Cuáles son las perspectivas de la película luego del paso por el BAFICI?

Después del BAFICI la película tiene muchos ofrecimientos para hacer un circuito de festivales internacionales que seguro los hará, y hay también de varios festivales argentinos. Estamos trabajando para hacer un estreno comercial de la película después de la segunda mitad de año, acá en Buenos Aires y en los diferentes Espacios INCAA de todo el país. A la vez, estamos planeando un esquema de distribución artesanal y alternativo para que la película pueda llegar a todos los lugares donde fue pensada, que encuentre a esos espectadores o personas a las que les puede componer bien ver una película de estas características. La idea es que pueda circular lo máximo posible.

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