Un amor en tiempos de selfies

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No, no se asusten. Poco tiene que ver el tema de este artículo con la espantosa película estelarizada por Martín Bossi. Lo que sucede es que el título –que debemos convenir que tiene cierto ingenio- le queda como anillo al dedo a “Love”, una de las -tantas- series del momento en NETFLIX.

Esto no es un capricho, es casi una declaración de principios. “LOVE” apunta a un público muy definido. Va de lleno al joven de veintis y treintis de clase media que emplea su tiempo con aplicaciones como Instagram, Uber, Spotify y, dicho sea de paso, NETFLIX.

Como su nombre lo indica, la serie es sobre el amor. No la clásica idea de amor, pero sí esa suerte de amor-pop-complicado que podríamos evidenciar desde la cultura de los 70’ hasta nuestros días. El show abreva entonces en Annie Hall, The Graduate, Cuando Harry Conoció a Sally, Eternal Sunshine of the Spotless Mind y 500 Days of Summer, para establecer un producto en clave de sitcom que retrata las relaciones en el mundo 2.0.

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Su creador –y por momentos inverosímil protagonista- es Paul Rust, un hípster bastante estereotipado que proviene de ese submundo tan importante en Estados Unidos que son los clubes de Comedia. Rust interpreta a Gus Cruikshank, un joven y entusiasta guionista que intenta pegarla en el mundo de la TV y el cine, prácticamente su álter ego. Ella, que vendría a ser aquí lo que suele ser representado de manera super chliché  como “la loca linda”, es Mickey Dobbs interpretada por Gillian Jacobs, una chica… un tanto compleja…

Demás está decir que parece un poco extraño –inserte sus estereotipos de belleza aquí- creer por momentos que esta pareja pueda ser real. De hecho esta inverosimilitud muchas veces ni siquiera funciona como la utilización de un estereotipo determinado – como por ejemplo la típica figura Woody-Allenezca-. Gus no es un tipo demasiado despierto, al comienzo no genera ternura, no es un intelectual y tampoco presenta características que despierten demasiado interés (por ejemplo, una neurosis adorable). Ella en cambio es preciosa, se corresponde con todos nuestros cánones de belleza actuales e incluso, en los primeros episodios de la serie, parece adherir con esa construcción moderna de la chica hermosa pero problemática.

Como está visto la serie se funda y se asienta sobre un montón de estereotipos que funcionan para nuestra sociedad instagramera. Por muchas razones el programa podría ser bastante nefasto y repudiable, incluso por una utilización incorrecta de los estereotipos abrevados. Afortunadamente esto no sucede, o por lo menos no del todo. La serie acierta y se despega de sus propias limitaciones cuando comienza a reírse de sí misma, cuando se vuelve autoconsciente y pone todo el énfasis donde debe hacerlo: El vínculo entre Rust y Jacobs.

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Luego de unos episodios, la idea entonces se entiende un poco más. Gus y Mickey son retratados como personas comunes –de una clase social determinada, claro- que interactúan entre sí como pares. No hay belleza edulcorada, tampoco idealización absurda. Ella va al baño y mientras está sentada en el inodoro conversa con él, tal como sucede con nuestras parejas todos los días. En definitiva, más allá de todas las decisiones comerciales para instalar un producto –porque LOVE es eso, sin ningún lugar a dudas- existen una cierta mirada que vale la pena rescatar.

Por supuesto el programa sigue anclado en muchas cuestiones donde hace agua ante un análisis fino, análisis que considero oportuno y coherente que realice cada espectador. Pero también ofrece una galería de personajes, situaciones y diálogos sumamente interesantes, divertidos y frescos que, en muchas oportunidades, permiten hacer ciertas reflexiones interesantes sobre como conformamos nuestros vínculos en la modernidad.

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En este sentido, como se hacía mención, los personajes nos son presentados de a poco. En la medida que pasan los capítulos nuestra visión inicial va cambiando y nos vamos encariñando con ellos de modo en que la serie se vuelve más disfrutable. La duración y la estructura del show también colaboran en esto. Los treinta minutos de extensión de cada episodio y la focalización en situaciones muy concretas le aportan al programa una rapidez y agilidad en los diálogos y chistes que hacen que todo funcione de un modo muy efectivo.

Otro punto interesante radica en como LOVE innova con relación al género al que pertenece. Se trata de un programa que tranquilamente sería una Sitcom tradicional en cualquier canal de aire, pero que rompe con dicho modelo al salirse de la típica estructura del estudio. Las locaciones se trasladan entonces a muchos escenarios reales, lo que de algún modo se vuelve novedoso para el abordaje de este tipo de programas al generar un tratamiento visual menos acartonado y limitado que el habitual “INT. DEPARTAMENTO DE FULANITO. DIA”.

En definitiva, LOVE es una serie que no escapa a sus propias contradicciones –como tampoco lo hace ninguno de nosotros, seamos sinceros-, y que lleva inmerso en sus guiones discusiones sobre los vínculos y las relaciones amorosas en la actualidad de un modo por momentos interesante y por otros bastante limitado pero, sin ningún lugar a dudas, todo lo hace con diálogos ingeniosos, frescos y divertidos en boca de personajes con los que uno logra desarrollar apego y cierto aprecio.

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