Tren a la perdición: Reseña de“Train to Busan”, de Sang-ho Yeon.

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En casi todas las listas que se han encargado de recopilar las mejores películas del 2016 apareció, o por lo menos fue mencionada, “Train To Busan”, el primer live action de Sang-ho Yeon, quien previamente había incursionado en el mundo de la animación (género mucho más explorado y explotado en oriente que por estos lares).

Esta película coreana comenzó a hacer ruido allá por el pasado mayo, cuando sorprendiera a críticos y espectadores en su premiere mundial en la sección “Medianoche” del último festival de Cannes.

De hecho, para tratarse de una obra que no se encontraba en competencia oficial, despertó bastantes miradas y  terminó por convertirse en una de los films más recordados de aquella edición del festival, hecho que le permitió abrirse varias puertas logrando así estreno comercial en diversas partes del mundo además de participar con gran éxito en todos los festivales de “género” más importantes del circuito.

Sin perjuicio de ello, también ha sido un film un poco resistido. Muchos sostienen que se trata de una película más que aborda la temática Zombie. Que no es una maravilla ni mucho menos. Incluso algunos que se animan a decir que no es más que una bolsa de humo, inflada por la prensa y la crítica internacional.

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Si bien es posible sostener que la película, por alguna razón de esas que nunca logran comprenderse del todo, ha recibido un tratamiento un tanto exagerado en su promoción y difusión –más que nada teniendo en cuenta el lugar relegado que aún poseen las películas de terror, ciencia ficción y fantásticas, en el mundo de la crítica “especializada” y los festivales más prestigiosos de cine– lo cierto es que difícilmente sea este un factor que pueda atribuirse al film ni mucho menos.

Train To Busan presenta entonces varios méritos cinematográficos que justifican su posicionamiento dentro de lo mejor del cine en 2016. Se trata de una película muy sólida desde lo narrativo, con una destreza visual sumamente lograda –elementos a los que el cine oriental nos tiene acostumbrados– y que además presenta los elementos centrales del género abordados con una rotunda claridad.

En definitiva, podría decirse que Train To Busan es una película clásica, realizada con el manual del cine de Zombies. Ahora bien, en mundo tan abrumado de muertos vivientes, lograr un relato que tenga la efectividad de los clásicos no resulta tarea sencilla, más bien lo contrario.

La premisa -porque en algún momento hay que hablar del argumento- es bastante simple: Un padre soltero, enfocado en los negocios, sumamente egoísta y egocéntrico, debe trasladarse con su hija a la ciudad de Busan. Mientras abordan el tren, por alguna extraña razón que jamás sabremos, se desata una Epidemia Zombie en la región; con tanta mala suerte que uno de los infectados se cuela cual polizón en uno de los vagones.

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A partir de allí, comenzará la lucha para sobrevivir. El microcosmos no será un centro comercial o un pequeño pueblo, sino el mismo tren que, mientras realiza el recorrido pautado, obligará a los pasajeros a sobrevivir y tender alianzas entre sí. En el medio, las convenciones clásicas del cine de zombies: Héroes inesperados, amistades que se forjan y las miserias humanas que se exponen al instante cuando la anomia y el caos se convierten en una constante.

El plus -posiblemente el elemento que hace destacable y memorable al film- aparece en el manejo del tono del relato. El cine oriental presenta muchas veces una resolución en las situaciones dramáticas que son llamativas para los que estamos en occidente. Un humor o cierto tratamiento de solemnidad exagerados, que podría resultar  “ridículo” para nuestra cultura, y que en lo personal me cuesta identificar si se trata de una relectura particular de nuestras convenciones –por ejemplo con lo relativo al tratamiento del melodrama o la reminiscencia constante a lo escatológico– o si se corresponden con códigos culturales propias de aquellos países.

Este peculiar manejo del tono  del relato termina entonces de dotar a la película de cierta extrañeza en la narración y en la construcción de los personajes, similar por ejemplo a lo que ocurría en “The Host” del compatriota Joon-ho Bong, otorgándole así el punto medio exacto para lograr un relato clásico, pero a la vez particular y con identidad propia.

En definitiva, Train To Busan es una película que actualiza y pone al día todos los elementos del cine de Zombies. Nutriéndose de lo clásico e innovando lo suficiente para lograr ser auténtica. Una de las joyas del 2016 que no deberían dejar pasar y disfrutar en el cine.

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