31° Festival Internacional de Cine de Mar del Plata: Días 7 & 8

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Competencia Latinoamericana: “Cuatreros” Dir. Albertina Carri

Sería falaz decir que “Cuatreros” es una película sobre Isidro Velazquez,  aquel mítico gaucho revolucionario. Es, en realidad, una película sobre Carri, una suerte de secuela o continuación de Los Rubios.

Albertina va nuevamente tras los pasos de sus padres y sus recuerdos, lo hace a través de un film experimental en el que catárticamente, y creo que sin darse cuenta del todo, nos cuenta qué fue de su vida luego de Los Rubios. A dónde ha ido, con quién vivió y qué le ha pasado durante los últimos 13 años.

Toda ese devenir aparece atravesado por la búsqueda de aquel caudillo, por recuperar una película que no existe más que a través de personas que ya tampoco existen, o porque han muerto o porque ya no son aquellos que eran hace un tiempo.

Carri narra todo esto a través de un hermoso ensayo en off que se ve atravesado por un gran caudal de material de archivo, mucho de este extremadamente novedoso e interesante. Sin dudas es una propuesta arriesgada, una búsqueda que puede no resultar interesante para cualquiera y una obra que tiene un interés y un peso más histórico y literario que cinematográfico. Cuatreros entonces es una analogía, una revisión de la lucha contra la derecha de ayer y de hoy. Una película única por su estilo en nuestro cine nacional.

Competencia Argentina: “El aprendiz” Tomás de Leone

La ópera prima de Tomás de Leone aborda la vida en el interior de la provincia de Buenos Aires desde un costumbrismo bastante tradicional en nuestro cine nacional. Nahuel Viale, el protagonista, es un joven que trabaja como aprendiz de cocina al tiempo que debe lidiar con su madre alcohólica. La vida en el pueblo no dista mucho de los estereotipos vistos: La zona muerta, la gente perdida y la idea de una no-civilización que se opone a la ciudad.

Lo interesante de la película de De Leone aparece entonces al añadir una suerte de subtrama policial (que no lo es tal), en la que incorpora a una narración visual muy prolija y correcta una cuota de misterio y tensión que hacen que la película pueda transitarse con cierta expectativa.

Más allá de ello, hay elementos confusos en el relato, insinuaciones que no se comprenden del todo y un problema en la construcción de los personajes que impide que el espectador pueda conectarse y empatizar con ellos.

La película en definitiva da cuenta del nivel técnico que vive nuestro cine nacional. Aún en las películas más pequeñas que produce el INCAA hay profesionales de primer nivel capaces de lograr un trabajo muy sólido en la construcción del relato audiovisual. Este elemento, que parece caer de maduro, hasta hace algunos años era una mera intuición o expresión de deseos; hoy es una realidad. Lo mismo sucede a nivel actoral, hoy en día ya existe toda una generación de jóvenes, y no tan jóvenes, actores, que han sido formados para trabajar en cine y que tienen más experiencia profesional en ese medio que en el teatro u otras disciplinas. En definitiva, “El aprendiz”, da un poco cuenta de lo anterior señalado. Algo que, por supuesto, siempre es destacable.

 

Competencia Argentina: “Terror 5” Dir. Sebastián y Federico Rotstein

Para quien escribe el cine de género no es una mala palabra, todo lo contrario. La estúpida visión de un sector de la crítica y cinefilia local que se instaló, sobre todo durante la década de los 90’ e inicios de los 00’, con relación a la idea de que el género era el refugio de los inútiles – tal como sostuviera un reconocido cineasta de aquellos años – ha ido cambiando en el último tiempo. El factor tecnológico ha sido clave para ello; hoy un grupo de amigos puede juntarse y poner todos sus recursos para hacer películas que nadie quiere financiar. A su vez, también ha habido justas revisiones de grandes autores de la cinematografía como Carpenter, Friedkin, Romero o Craven, entre muchos otros. Por otro lado, los cineastas nacionales han evolucionado. Cada vez más alejado de la parodia y el juego interno, diferentes directores han comenzado  a acercarse al cine genero ya no para reivindicar a películas de los 80′ con chistes banales y autoconscientes, sino que han incorporado las referencias fílmicas a donde deben ir: La estética y la narrativa.

Ahora bien, este ataque generalizado ha sido dotado siempre de una fuerte ignorancia. Esta ignorancia es la que ha puesto bajo el mote de “Género” solo a un cierto número de ellos. Como si por ejemplo el drama costumbrista, la comedia o el thriller no pertenecieran a esa categoría. Erróneamente se hace mención únicamente al terror, la ciencia ficción y el fantástico, como integrantes de ese grupo películas que conforman el mal llamado “Cine de género”.

En ese marco se encuadra “Terror 5” la película de los debutantes hermanos Rotstein que, en muchos sentidos, da un paso hacia adelante en el prolífico panorama actual.

Articulada a través de cinco cortometrajes que se conjugan en un falso alterno, la película aborda y reversiona de modo local diferentes aspectos del cine de terror o suspenso clásicos. Si bien el resultado no es del todo logrado, técnicamente la película es impecable. Todo en ella está bien. Las interpretaciones, la música, el trabajo con las ambientaciones y el arte, y  sobre todo la fotografía, que trabaja de un modo notable cada una de las historias.

Tal como lo hacen las buenas películas de terror actuales, “Terror 5″ no se concentra en asustar, lo que hace es generar climas y trabajar a partir del extrañamiento. No busca el golpe de efecto, sino que construye a partir de la expectativa, donde todo ese crecimiento dramático es más importante que el remate final.

El problema de “Terror 5”, radica entonces en algunos aspectos narrativos. Por ejemplo, el primero de los relatos no se articula de modo armónico como el resto de ellos. A su vez, hay un lapso de 10 o 15 minutos que dilatan el momento más fuerte de la película y que generan una cierta reiteración, afectando la atención del espectador. Más allá de ello, la importancia de la película de los hermanos Rotstein se observa en el paso hacia adelante de este tipo de cine en nuestro país, que aparece cada vez más consolidado y posicionado en la industria nacional.

 

Competencia Internacional: “El Futuro Perfecto” Dir. Nele Wohlatz

Hay películas que podrían ser dirigidas solo por un director. Parece una obviedad o un dato inútil decir algo así, sin pensarlo demasiado cualquiera podría expresar  “Toda película podría únicamente haber sido dirigida por un director”. Claro que sí, no es a eso a lo que me refiero. Lo que quiero decir, y puede que me esté costando mucho expresar, es que hay estilos de relatos, aspectos, que solo algunas personas podrían relatar con cierta honestidad; y aquí aparece, casi sin querer, la palabra clave para hablar de “El futuro perfecto”, la película de Nele Wohlatz: honestidad.

Una extranjera que hace películas en Argentina narra entonces la historia de Xiaobin o, como será bautizada una vez llegada a nuestra tierra, Beatriz, una joven oriunda de China que llega bastante despiolada a la Argentina.

En un juego constante entre la ficción y el documental, y con una gran autoconsciencia del dispositivo cinematográfico, Wohlatz construye una relato muy tierno y efectivo a través de una producción muy pequeña, repleta de escasos encuadres y diálogos muy precisos.

Lo señalado en el párrafo anterior no es un aspecto menor, “El futuro perfecto” es una película económica. Realizada con ínfimos recursos, pero con un aprovechamiento de ellos admirable. Los personajes y sus intervenciones, las grandes actuaciones de sujetos que solo escuchamos y que jamás veremos en pantalla (Elisa Carricajo, está maravillosa), y un tono en la narración que no hace más que transmitir una fuerte empatía y dulzura por todo aquello que le pasa a Xiaobin, son los aspectos sobresalientes de esta pequeña gran película que retrata cómo es transitar la cotidianidad de una cultura desconocida y diferente.

 

Panorama: “Yourself and Yours” Dir. Hong Sang-soo

Me di cuenta que desde hace mucho tiempo vengo hablando de Hong San-soo – o Juan san sú, tal como fuera bautizado por mis amigos de la 24 en el último podcast-. El motivo de esta reiteración tiene múltiples explicaciones. Una primera aproximación podría radicar en la fascinación que las películas de este surcoreano han generado en quien les escribe durante los últimos años; otra idea podría ser la prolífica carrera del amigo oriental, que se encarga de filmar una película por año, siendo todas ellas estrenadas en BAFICI o MDQ. Ambas motivaciones probablemente sean ciertas. Lo único que vale la pena entonces destacar es que hablar o escribir sobre Juan san sú siempre es agradable.

En su última, o puede que anteúltima ya a esta altura, película el director de “In Another Country” nos cuenta la historia de una pareja en crisis. Crisis provocada por lo influenciable e inseguro que es él. Crisis provocada porque ella es una mitómana borracha. Crisis, sin importar demasiado quien es el bueno o quien tiene la razón.

Con el mismo tono de absurdo que el realizador viene trabajando desde hace algunos años, Hong San-soo realiza una película pequeña, menor en su vasta filmografía, pero sumamente disfrutable, repleta de personajes entrañables y conflictivos que buscan resolver sus neuróticos problemas.

El planteo estético es minimalista como siempre: pocas secuencias, con una escasa fragmentación y largos diálogos donde los personajes realizan un juego dialéctico de avance y retroceso. Todo ello aparece resuelto con la maestría de un estilo cada vez más consolidado y establecido.

El chascarillo del filme en este caso se articula desde la estructura y la narrativa. Nuevamente el realizador plantea un mundo donde no queda en claro bien qué ocurre y qué no, qué es verdad y qué mentira. Los personajes entonces solo están ahí, viendo que hacen o, como está de moda decirlo hoy en día, manejándola como pueden.

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