Entrevista a Gustavo Fontán director de “El limonero real”

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Dueño de un inconfundible estilo, Gustavo Fontán (“El Árbol”, “La Madre”, “El Rostro”, entre otras), es uno de los exponentes de nuestro cine nacional más arriesgado.

Sea tanto en el documental como en la ficción, sus películas presentan rasgos autorales que hablan de una manera de ver e interpretar el mundo, elementos que no abundan en el cine nacional actual. En las películas de Fontán el paso del tiempo tiene una preponderancia vital y aquello que ocurre tiene tanta relevancia como la forma (cinematográfica) en la que es develado para el espectador.

Tuvimos la suerte de realizarle algunas preguntas a raíz de su reciente estreno, “El limonero real”, adaptación de la novela homónima de Juan José Saer.

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Fabio Vallarelli: Hay en toda tu filmografía un recorrido que, si bien no es necesariamente idéntico, aparece plagado de un montón de puntos de contacto en lo que denota ser una decisión manifiesta de la búsqueda de un estilo ¿Hasta qué punto te planteaste expresamente esto, formar conscientemente un estilo propio como cineasta?

Gustavo Fontán: Hay un modo de mirar, una posición frente a las cosas, que la reconozco desde “El árbol” en adelante. Tal vez, en un documental anterior, en “El paisaje invisible”, ya haya un indicio de algo que desarrollaré después de distintas maneras: aprender a mirar el mundo, ver más allá de las apariencias, ver y volver a mirar, mirar como si uno mirara por primera vez. Luego, es un largo devenir de afirmaciones y cuestionamientos, una dinámica entre lo que permanece y se modifica. Por ejemplo, cuando nos planteamos las tres películas del ciclo de la casa (“El árbol”, “Elegía de abril” y “La casa”) o las películas del ciclo del río (“La orilla que se  abisma”, “El rostro” y “El limonero real”) parten de una convicción:  volver  a mirar el mismo territorio implica necesariamente el esfuerzo por ver algo nuevo.

FV: Si bien tenés experiencia previa en ficción, da la sensación que esta última película, “El limonero real”, está mucho más influenciada por una estética personal y visual más clara y definida ¿Hubo un trabajo más riguroso en este sentido al momento de plantear la puesta en escena?

GF: La puesta en escena está ligada siempre a un modo específico de aproximarse a un contenido particular. Fondo y forma son las dos caras de la misma moneda. “El limonero real” nos planteaba nuevos desafíos, por la cantidad de actores, por la dimensión del equipo, por la necesidad de filmar durante semanas seguidas, hecho inédito para mí, eso es cierto. Y estos hechos nos obligaron a definir muchas más cosas a priori. Sin embargo, no dejamos de trabajar con los que habíamos hecho en todas las películas anteriores: una estructura abierta que nos obligara a encontrar en el rodaje aquello que profundizara la trama.

FV: ¿Cómo aparece la idea de llevar una novela tan literaria y descriptiva como “El limonero real” al cine? 

GF: La experiencia del río y las islas que se cruzó con la lectura lejana de una novela que fue, para mí, un antes y un después como lector. Creo también que siento una profunda empatía con la forma de narrar de Saer.

FV: ¿Qué decisiones te viste forzado a tomar para lograr que el relato pudiese funcionar cinematográficamente?

GF: Me parece que el principal desafío cuando uno toma una novela  para llevarla  al cine es ver si se puede apropiar del texto de alguna manera. La historia, o los personajes o la concepción del tiempo, algo del texto debe transformarse en sueño propio, desplegar en vos un universo de imágenes que brotan del texto pero que son tuyas. El nuevo sistema en el que se despliegan debe ser necesariamente una nueva creación, con sus reglas, cerrada en sí misma.

FV: Hay en todas tus películas un vínculo muy fuerte con los climas que se van generando. Me da la sensación que esto tiene siempre igual o más peso que aquello que realmente ocurre. Una forma de trabajo mucho más enfocada en la poética o expresividad que en la narrativa (en términos tradicionales) ¿Sentís que esto es así? ¿Hasta qué lugar tu modo de posicionarte frente al relato cinematográfico está influenciado por tu formación en letras?

GF: Fijate que cuando decís narrativa te sentís obligado a acotar en términos tradicionales. Eso nos obliga a plantear por qué la aclaración; nos obliga a poner en cuestión el concepto de narración. Tal vez haya una colonización del discurso que nos obliga a remitir todo a una forma, a una estructura en particular. Nadie que piensa la literatura creería que narrar es hacerlo necesariamente como la novela del siglo XIX. Para mí, “El limonero real”, tanto la novela como la película, son narrativas, sin posibilidad separar la atmósfera de lo narrado.

FV: Tanto en “El limonero real” como en tus anteriores películas, sean documentales o ficciones, suele haber una mezcla de actores no profesionales y actores con experiencia ¿Qué encontrás de interesante en esto? ¿Cómo te resultó trabajar con Rosendo Ruíz por un lado y luego con Germán De Silva?

GF: Creo que el cine puede capturar algo de las personas que le es propio: una forma de estar en el mundo, una mirada, un cuerpo, una energía. Pienso en esto siempre como primer factor. Hicimos una búsqueda muy grande para elegir a cada uno de los actores, los que tienen experiencia actoral, como los que no. Un rostro, una mirada, pueden provocar una marca en la imagen. A los no actores y a los actores los elegimos con el  mismo criterio. A los actores les pedimos también un realismo donde estuviese ausente la idea de representación para que apareciera algo de lo real y lo humano. Si uno mira a Rosendo en la película entiende perfectamente lo que digo: la marca de su cuerpo y de su estar es conmovedora. Germán en un inmenso actor,  capaz de decir con una gran austeridad.

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FV: La fotografía de la película es muy particular y da la sensación que Diego Poleri tuvo que trabajar mayoritariamente utilizando las fuentes de iluminación de las locaciones ¿Qué complejidades productivas tuvo esto al momento de planificar la producción y el rodaje de la película?

GF: Diego Poleri es un artista de una enorme sensibilidad. La reconstrucción que hizo del movimiento de la luz durante ese 31 de diciembre  me asombra y me emociona.  Para que esto suceda, hay que decirlo, también hubo condiciones de producción, garantizadas  por los productores (Insomniafilms) que nos permitieron trabajar con la tranquilidad necesaria para que esto y otras cosas hayan sido posibles.

FV: ¿Cuáles considerás que son los problemas o desafíos que tiene actualmente un realizador cuando debe enfrentarse a la distribución de su película?

GF: Inmensos, cada vez mayores.

FV: Hace pocas semanas se presentó en el Congreso de la Nación un anteproyecto de ley de mecenazgo cultural que busca replicar la experiencia de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires en el resto del país ¿Tenés alguna opinión sobre esta iniciativa? 

GF: No conozco el proyecto.

FV: ¿Tenés algún proyecto nuevo en mente?

GF: Muy pronto se conocerá un documental, El día nuevo, con quien fue nuestro guía en El Rostro, don Héctor Maldonado. El próximo año podrán ver una trilogía que es la respuesta de un trabajo y una inquietud que nació hace tres años: una mirada sobre el mundo de manera más directa. Y estamos además empezando a preparar para rodar a fines del año próximo la transcripción de una novela hermosa: Miramar, de Gloria Peirano

 

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